Dos derrotas seguidas acortaron a cuatro puntos la diferencia sobre sus seguidores y encara la recta final lleno de complicaciones, por su bajo rendimiento futbolístico y la seguidilla interminable de lesionados.

En sólo quince días todo cambió en el panorama de Boca. Cuando parecía tener el cielo despejado, divisando el horizonte del título, aparecieron oscuros nubarrones presagiando una tormenta inesperada, de esas que no se sabe que consecuencias puede traer. Un bajón futbolístico pronunciado, la interminable racha de lesiones, fallos polémicos y dos derrotas duras, dejaron al Xeneize en un escenario impensado, con una ventaja de cuatro puntos luego de disfrutar aquella corta alegría de sacar nueve de diferencia en el duelo directo sobre el escolta de entonces, Talleres de Córdoba.

La doble competencia y la decisión del entrenador de afrontar todo con casi los mismos jugadores le terminó pasando factura, con rendimientos individuales que bajaron considerablemente y una enfermería a cuestas, a la que se sumó el colombiano Wilmar Barrios tras el clásico con Independiente.

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El tema de los lesionados (Gago, Benedetto, Goltz, Cardona, Tevez y Barrios) es un atenuante de importancia, porque se trata de la mitad del equipo, pero también vale resaltar que para llegar a esta situación mucho tuvo que ver la propia decisión del entrenador, quien no confía en los suplentes.

Después de la derrota ante Argentinos, con un equipo alternativo, el Mellizo dejó de creer en los relevos y apostó con los mejores en Superliga y Copa Libertadores, y más allá de esta seguidilla de lesiones todo parece indicar que será así de acá hasta mediados de mayo, cuando arranque el receso.

Y a este panorama hay que sumarle un bajón pronunciado del equipo, que sin sus mejores figuras y con un funcionamiento que ya estaba en discusión, ahora está sumergido en un mar de dudas en todas sus líneas.

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Con muchos errores en defensa y un arquero que no transmite seguridad, sin generación de juego en el medio y con pocas luces para llegar al arco rival, Boca depende casi exclusivamente de lo que provoque la velocidad de Cristian Pavón, y cuando éste está en una jornada nublada, como contra el Rojo, todo se complica aún más.

La única luz en medio de tanta oscuridad para el Mellizo es que ahora tendrá una semana larga de trabajo, que seguramente recuperará a Tevez y que todavía mantiene una distancia de cuatro puntos sobre sus seguidores, que a cuatro fechas del final si bien no es definitiva le da un aire suficiente como para manejarse con cierta tranquilidad ante un fixture que no parece tan complicado.

Después, estará en sus manos tomar las mejores decisiones, armar un equipo confiable y encontrar un funcionamiento acorde a su categoría de líder, ya que por ahora sólo genera cuestionamientos, con cambios que no se entienden y concediendo todo tipo de ventajas para que los rivales lo lastimen. Necesita volver a ser el de antes, por más que la punta le sonría desde hace mucho tiempo.

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