A 47 años de la conquista del Metropolitano del 73, aquel Huracán que dirigía el entrenador campeón del mundo, continúa convocando desde el recuerdo por la calidad de su fútbol y por el perfil de un estilo que ese equipo plasmó en la cancha con autoridad, convicción y talento.

-¿Qué significación le das hoy a aquel Huracán del 73?

-Estoy convencido que salvó al fútbol argentino. No hay que olvidarse de dónde veníamos.

-¿Y de dónde veníamos?

-Por ejemplo, de una Selección nacional que no logró la clasificación para México 70, cuando nos eliminó Perú en la cancha de Boca. Y por otra parte, existía una confusión enorme respecto con que línea y estilo de fútbol teníamos que identificarnos. Era un momento muy pero muy complejo, en el que se pensaba que había que abrazar una filosofía europea para jugar bien al fútbol. Por eso sostengo que lo más valioso de Huracán no es que ganó un título, sino que definió una búsqueda, un camino y una idea.

-Ese Huracán campeón que vos condujiste, ¿también podía llegar a expresar un clima de época más allá del fútbol, considerando que estamos hablando de 1973?

-No. No creo. Lo que fue evidente es que ese Huracán fue distinto a todo. Y a todos. Apareció para quedar en la historia como uno de los más grandes y brillantes equipos de nuestro fútbol. Por lo menos el mejor que yo vi en la Argentina. Pero no expresó una época. Ni un clima de época.

-¿Te representó más que ningún otro?

-Sí, puede ser. Huracán, en especial durante la primera rueda cuando pude disponer de todos los jugadores porque después varios partieron para integrar la Selección que conducía el Cabezón Sívori en las Eliminatorias para el Mundial de Alemania, jugó como yo siempre soñé que jugara un equipo. Y ese Huracán del 73 lo hizo posible.

A 47 años de aquella consagración (el 16 de septiembre del 73, a dos fechas del final del Metropolitano, Huracán perdió en su estadio con Gimnasia 2-1, pero a pesar de la derrota salió campeón), el Flaco Menotti rememora desde la nostalgia y el análisis el escenario futbolístico y el contexto que acompañó al Globo de Parque Patricios en su consagración inolvidable.

Consagración que en la primera rueda tuvo su anticipo el 6 de mayo con aquel 5-0 a Rosario Central (el técnico era Carlos Timoteo Griguol) en Arroyito, cuando hasta el público canalla aplaudió el baile que había organizado su rival. .

¿Qué tenía aquel Huracán que Menotti distingue como su obra cumbre, incluso por encima del Mundial 78 que ganó Argentina y del Mundial juvenil del 79 en Japón, con Maradona como estrella máxima? Algo esencial: le sobraba fútbol. Y le sobraba creatividad y vuelo para encarar y resolver los partidos. Hasta generaba la sensación de que era sencillo jugar como lo hacía Huracán.

Es que el equipo (cuya base estaba integrada por Roganti; Chabay, Buglione, Basile y Carrascosa; Brindisi, Russo y Bagington; Houseman, Avallay y Larrosa) había naturalizado el perfil de la elaboración colectiva. Y cuando un equipo accede a esos recursos infrecuentes, parece desarticular todas las complejidades del juego. Y reconvierte en simple lo más difícil.

Un par de décadas después de la conquista, Jorge Carrascosa, quien era el jugador políticamente más ideologizado del plantel, nos acercó esta reflexión: “El mensaje vino muy claro desde arriba. Menotti, con apenas 35 años ya manejaba conceptos muy ricos y esclarecedores. Y ese mensaje futbolístico y también ideológico para interpretar el juego, Huracán lo desarrolló con un nivel de individualidades extraordinarias. No tengo dudas de que ese equipo, al que ahora valoro mucho más que antes, le cambió la cara al fútbol argentino”.

Tenía razón Carrascosa. Huracán del 73 resignificó valores que el fútbol argentino parecía haber perdido. No por la habilidad notable de René Houseman, ni por la versatilidad ofensiva de Miguel Brindisi, ni por la estirpe lujosa de Carlos Babington, ni por el talento de Omar Larrosa.

Reivindicó el concepto que puso en primerísimo plano Pep Guardiola. El culto a la pelota. Al toque, a la circulación, a la elaboración, a la pared, al desborde y al gol inminente que Menotti supo definir como “un pase a la red”.

Omar Larrosa le suma su pensamiento a la gesta del 73: “Nosotros, en definitiva, lo que hicimos fue jugar el fútbol que identifica a los argentinos. Y jugamos con la idea que tenía ese Barcelona que dirigió Guardiola, aún en campos donde era casi imposible tocar de primera. La gran clave fue la cantidad de variantes ofensivas que teníamos, respaldadas por un ritmo y una dinámica espectacular. Nos movíamos con dos puntas que eran Houseman y Avallay, pero al área rival podía llegar cualquiera tocando o vacío”.

Llegaron tanto que de los 62 goles que convirtió Huracán en 32 partidos (ganó 19, empató 8 y perdió 5), Larrosa fue su máximo goleador con 16 conquistas, Brindisi 12, Avallay y Houseman 10 cada uno y Babington 8.

Admirador confeso del fútbol brasileño y de aquel Scratch que comandado por Pelé la rompió en México 70, Menotti encontró en Huracán la fiel representación del equipo de los sueños que se convirtió en realidad.

A 47 años de la conquista, Menotti sostiene que fue su mejor obra. Superior a la que lo inmortalizó como el entrenador de Argentina 78. “Jugaban de memoria”, afirma el Flaco apelando a un lugar común. Pero en este caso, el lugar común trasciende largamente el marco de un comentario superficial. Ese Huracán se construyó desde 1971 para jugar así. Para golear, gustar y ganar. Y para quedar en la historia como un faro que aún sigue iluminando.

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