Aunque estuvo varios años vinculado a la actividad teatral y hasta integro la agrupacion Fuerza Bruta, Santiago Cisnero se siente musico e intérprete de tango, vocacion que desarrolla tanto en incursiones callejeras como en el subte y en locales de milonga.

L a imagen resulta muy especial para cualquier argentino que haga un viaje a Nueva York. De repente, cruzando el enorme Central Park, entre árboles y caminitos donde se cruzan turistas de todo el mundo, cree percibir un sonido familiar. Alguien está cantando un tango, acompañado de su guitarra, y rodeado por unas 40 personas que disfrutan de ese especial momento.

No se trata de un relato imaginado, sino de la realidad. Porque Santiago Eduardo Cisnero (33), actor, cantante, docente y permanente buscador de nuevas expresiones del arte popular, es el protagonista de esta historia, que suele repetir año tras año, cuando va a la gran ciudad de los rascacielos a visitar a una hermana durante un mes, y despunta el vicio cantando en algún rincón del amplio parque neoyorquino.

Nacido en Morón, Santiago es soltero, dice ser de River aunque no le da mucha importancia al fútbol, pero le alcanza para intercambiar bromas con su padre, fanático de Boca. De chico jugó al voley, y asegura que su relación con la música fue desde muy joven, ya que tanto su viejo como su abuela eran muy tangueros.

Santiago

Aunque aclara que "en la adolescencia me volqué al rock, y tuve grupos con amigos de punk y de hardcore, pero a los 17 encontré un disco de Troilo con Goyeneche, "Te acordás Polaco", de 1971 y me dio vueltas, sentí que el Polaco era más rockero que muchos".

Santiago cuenta que quería ser médico, pero al poco tiempo de empezar el CBC comenzó a estudiar teatro y esa vocación quedó trunca por otra que lo llenaba mucho más en lo interior. "Trabajé en una compañía de teatro independiente, me enganché con la bohemia de la ciudad, y lo primero que hice fue "Mustafá", de Armando Discépolo" y recuerda que "en esa época trabajaba en el call center de un banco, y me mudé a vivir en Capital, donde anduve por distintos barrios".

Entre sus formadores, Santiago cita a Pompeyo Audivert y Raúl Serrano, y señala que "lo que más me atraía era el teatro físico, la investigación de las acciones del cuerpo, y el actor como creador de símbolos, no tanto el lenguaje formal, aunque no desechaba el sainete ni el costumbrismo".

Participante eventual con algunos bolos en series o unitarios de TV, Santiago estudió canto con Mario Beneduche, Roxana Fontán y Marcelo Tommasi. Fueron momentos en los que conoció a un guitarrista, Leo Echaura, y surgió el proyecto de tocar tango en el subte.

Santiago

Hasta que en 2013 a través de un casting, Santiago se incorpora al grupo Fuerza Bruta. Allí trabajó durante tres años y medio, la mayoría de los shows fueron en la sala Villa Villa, de Recoleta, pero también haciendo giras en las que conoció muchos lugares del país, incluida la presencia en el Cosquín Rock.

"Yo no tenía ni idea del uso de arneses, soy alto, aunque daba con el tipo físico. Allí había un rigor en el ensayo muy fuerte, y cada número se preparaba al detalle. Es un equipo de más de 60 personas entre bailarines, cantantes, acróbatas y técnicos, el riesgo físico es constante, pero estábamos muy cuidados".

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Al tiempo de abandonar Fuerza Bruta, y tras un viaje a Colombia donde trabajó durante un año y medio, Santiago volvió a las esencias, y empezó a incursionar en la docencia, dando clases de canto, que es una de sus fuentes de ingreso. "Hoy estoy más dedicado a un repertorio de milongas, algo que convoca a mucha gente", dice, y detalla que "todos los domingos estamos en La Cucha Bar, en Castelar, donde suele haber invitados, y se arman unas buenas milongas, el repertorio para escuchar es bueno, pero a veces si no hay baile, muchos se van".

Además de organizar shows bailables en la Doña Cultural, en Haedo, Santiago comparte sus trabajos a dúo con un quinteto de piano, violín, guitarra y bandoneón, que aún no tiene nombre, pero con el que tocan en eventos y planean grabar un disco.

MEDELLIN, LA CIUDAD QUE AMA AL TANGO Y A GARDEL

Concluido el ciclo de Fuerza Bruta, Santiago volvió al canto y al tango en el subte con su compañero. Hasta que en 2015 surgió la posibilidad de ir al Festival de Tango de Medellín. “Y allí nos fuimos, a una ciudad supertanguera, donde en cualquier cafe o boliche escuchan tango o salsa”.

Cuenta que “allá son muy gardelianos, y discuten sobre si era mejor Gardel o Magaldi. Es una ciudad con mucha vida, y el Festival de Tango está hecho a todo trapo”. Relata que “empezamos a laburar en las peatonales, y si bien nos íbamos a quedar tres meses, Leo se deslumbró y dijo que se quedaba”.

Por suerte - acota- “de tanto tocar puertas conseguimos mucho trabajo, incluso más que acá” y detalla que “hay muchos locales típicos argentinos, y en una parrilla nos contrataron y tocábamos 4 veces por semana, y ganábamos como 100 dólares por show”.

Comenta que “allá al que más piden es a Gardel, y son exigentes en el repertorio, además les atraen los tangos orilleros, malevos, de compadritos. Lloran y gritan cuando cantamos algo. Allí conocimos a un cantorazo como Marcelo Tomassi, que estaba radicado allá y puso una tanguería en un barrio cheto. Era una parrilla con cena-show, yo atendía y cantaba, y por ahi desfilaron Sandra Luna, Raúl Lavié, y muchos más”.

Tras un año y medio, Santiago volvió a Buenos Aires. Ya sus sueños no pasaban por el teatro sino por la música en especial. Y cuenta que “traté de seguir estudiando, y hasta me animé a componer, aunque digo que no soy muy amigo de mis obras, porque nunca me conforman, y prefiero interpretar a los grandes autores del tango”.

EL CENTRAL PARK, UN LUGAR DONDE SE RESPIRA ARTE

Ciudad cosmopolita por excelencia, Nueva York tiene siempre un lugar para las distintas expresiones del arte, más allá de la frialdad que aparentan sus rascacielos y su ritmo. Allí suele ir todos los años Santiago, para visitar a su hermana mayor.

Cuenta que “en el Central Park, el arte callejero es muy libre, se valoriza mucho el arte, hay mucho jazz en las calles y en los bares, salas y reductos universitarios, pero en ese enorme parque se respira arte, porque suele haber músicos tocando en distintas zonas”.

Según dice, allá no hay tantas restricciones como en Buenos Aires para ser músico callejero. “Por eso se facilita la actividad, yo voy en otoño, me ubicó con mi guitarra y un micrófono, canto tangos y de paso, si se da, me compran ejemplares de mi disco solista” y cuenta que “suelen armarse rondas alrededor y hasta alguno que otro se anima a bailar, y se prenden tanto argentinos como turistas de otros países”.

Santiago cree que en materia de música porteña, “Gardel es el gran referente, pero hay mucha gente nueva que hace cosas muy valiosas, desde el Tata Rubin, la Fernández Fierro, Carlos Rossi, el Chino Laborde, o Ariel Ardit, y en lo instrumental me encanta lo que hacen los hermanos Hernan y Lautaro Greco. En estos tiempos uno trata de no cantar ciertos tangos si aluden a actitudes machistas o descalificadoras de la mujer. Las épocas cambiaron y no podés pasar por alto la nueva realidad”.

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