En el debate los pañuelos se convirtieron en grandes protagonistas. Los vendedores intentan ganarse unos pesos sin importarles el color.

El debate sobre la legalización del aborto legal, seguro y gratuito caló hondo en la sociedad. Millones de personas se movilizaron para defender su postura ante la discusión y, en ese tiempo, un símbolo tomó relevancia: el pañuelo. Verdes o celestes, el detalle se convirtió en una cuestión primordial. Allí aparecen los vendedores que, ante la situación, intentan ganarse unos pesos.

En la intersección entre Avenida Corrientes y 9 de Julio hay varios. El pañuelo verde de un lado y el celeste del otro. Ambos colgados mientras lo ofrecen a la gente que pasa por el costado. Algunos lo miran y sonríen. “Siempre me sacan muchas fotos”, cuenta Roberto. Tiene 66 años, es jubilado, vive en Flores y está parado al lado de un puesto de diarios. Mientras habla con POPULAR una chica se le acerca a comprar. Le entrega un billete de cincuenta pesos y se lleva el de color esperanza. “Se vende más el verde”, agrega.

Los símbolos comenzaron a multiplicarse en los últimos meses. Sin embargo, es una distinción que comenzó hace rato. En el 2005 se creó la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito. En ese momento también apareció la insignia: el pañuelo triangular verde. Durante el avance del movimiento feminista en los últimos años el elemento comenzó a multiplicarse y tomó mucha mayor visibilidad hasta que, finalmente, se convirtió en una pieza infaltable. Como respuesta, a un mes del debate en diputados, los grupos que estaban en contra de la legalización comenzaron a identificarse con un signo similar y adoptaron el color celeste. A partir de allí, la diferencia ideológica también tuvo colores.

Si bien en primer lugar los pañuelos a favor de la legalización eran vendidos por los creadores de la campaña, la masividad se escapó de las manos y los vendedores callejeros encontraron el negocio. La mayoría lo hace a cambio de un número fijo: 400 pesos por día.

“Algunos me dicen 'eh ¿cómo podés hacer esto? ¡Vendé de un color solo jugátela'... pero es mi trabajo. Yo con esto me gano la vida y vendo de los dos colores para ganarme el mango”, añade una vez mas Roberto. Ahora le tocó vender pañuelos, hace dos semanas vendió artículos de ferreteria y, antes, biromes, anotadores y juguetes para chicos. Todo en la calle.

Sin embargo, este producto trajo consigo un debate que lo interpeló: “Me hizo pensar. A veces las chicas de color verde (sic) me hablan. Pero... yo pienso de otra forma, pero no sé, cada vez tengo más dudas porque es difícil para una mujer criar sola a un hijo o en condiciones económicas malas. No sé”, cuenta.

Los pañuelos se multiplican. A los verdes y celestes también se sumaron los naranjas de “Iglesia y Estado, asunto separado”. De repente el trabajo de Roberto y los vendedores se puede extender un poco más. .

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