Muchos perros suelen sufrir de ansiedad y angustia ante las situaciones de pérdida, en especial que el dueño salga de casa, fundamentalmente porque desarrolla una profunda dependencia, y que se demuestra con varios síntomas
Cuando un perro se destetó en forma prematura, es decir que se separó de su madre y hermanos a una edad temprana, sufrió cambios de dueño o cualquier otra situación en la que se haya sentido abandonado, guarda dentro de sí el miedo a la carencia, porque sabe que puede perder en cualquier momento lo que más necesita, entre otras cosas, comida, el afecto de una familia que de verdad lo quiera.
Esto provoca que viva con profunda angustia las situaciones de pérdida, en especial que el dueño salga de casa, aunque sea por breve espacio de tiempo. El animal desarrolla una profunda dependencia, que puede mostrarse a través de varios síntomas: desde los más sutiles como que no coma ni beba si el dueño no está presente, pero muestre ansiedad por la comida cuando está acompañado. Hasta síntomas más graves como destrozos, ladridos y en casos extremos, autolesiones. A este problema de adicción a la compañía del dueño se lo identifica como ansiedad por separación, indica Laura Oliván, especialista en comportamiento canino.
Hay que recordar que el perro, al igual que el ser humano, es un animal de manada. En la mayoría de razas la forma ha cambiado mucho respecto de la del lobo, pero su psicología es prácticamente la misma que la de su antecesor. Y una manada de lobos raramente deja aislado a uno de sus miembros. En el caso del perro doméstico, los dueños son su manada.
El animal es incapaz de entender que su manada lo aísle. Entendemos por aislamiento el hecho no sólo de que los dueños salgan de casa sino, por ejemplo, el tenerlo apartado en el jardín o en alguna habitación, lo cual supone un cruel castigo para el animal.
El perro siente cada salida diaria de su amo como un abandono. Si el animal sufrió en el pasado alguna experiencia de abandono, en el momento en que su dueño sale por la puerta revive, literalmente, la sensación de pérdida que formó parte de su trauma. Este fenómeno sucede porque los perros tienen memoria asociativa.
Esto significa que no pueden recordar un hecho pasado, a no ser que se produzca alguna situación en el presente que el animal asocie al hecho pasado, momento en el que lo recordará. Por ejemplo, un perro al que le hayan pegado con un palo puede reaccionar defendiéndose cada vez que su dueña actual, que lo quiere con locura y que nunca le ha puesto la mano encima, saca la escoba para barrer. Esto explica que el perro que se queda solo en casa no sepa que su dueño volverá hasta que no lo huele u oye el motor de su coche, la llave en la cerradura o cualquier otra señal que el animal asocie a su llegada. Mientras tanto, sólo vive la ausencia.
En los casos leves de ansiedad por separación, el animal no come, bebe ni juega estando solo, ya que uno de los primeros síntomas de cualquier dependencia es la pérdida de interés por todo lo que no sea el objeto de adicción, debido a que la dependencia tiene mucho de obsesión. Además de la tristeza que le provoca, el animal siente ansiedad (miedo a la soledad y al hecho de no saber qué pasará). Esa angustia, sobre todo si va acompañada de nervios, es la que causa que el perro se desahogue destrozando (como válvula de escape) o ladrando (los ladridos lo calman porque lo agotan, a la vez que intenta contactar con alguien que responda a sus llamadas, por ejemplo otro perro).
Cuando el dueño está presente, el perro con ansiedad por separación suele tratar de llamar la atención de forma más o menos insistente. En los casos graves, el perro destroza o roba objetos, orina delante de su dueño, como forma de chantaje emocional. Es tanta la necesidad que siente de obtener su atención que prefiere que lo reten antes que ser ignorado.