POPULAR entrevistó Juan Pablo Vega, un ex presidiario que hoy triunfa con su canal de YouTube dedicado al mundo "tumbero" en clave humorística

A principios de marzo todavía la vida estaba en la calle, la pandemia del coronavirus no había interrumpido los encuentros sociales y solo se conocían dos casos en el país. Antes de que la cuarentena se adueñara de todo, en medio de una lluvia torrencial llegué manejando hasta la casa de Pablo A La Mazmorra. “Primer y único youtuber carcelario”, como le gusta definirse. En el corazón de Ramos Mejía, fuera de personaje, esperaba en la vereda Juan Pablo Vega, vestido con una camiseta de Racing, una gorra roja deshilachada y un paraguas. “Subilo a la vereda, no pasa nada”, me dijo haciendo señas hasta un portón negro. Tras cruzar un jardín con una pelopincho chiquita en la que rebotaba el agua que caía a baldazos limpios, llegamos adentro de su casa. “Negra trae una toalla”, le pide a la mujer con la que convive. “Ponete cómodo”, dice intercalando gestos acelerados. Saca un cigarrillo de un paquete recién comenzando. - “¿No te molesta, no?” - y pone la pava.

“Con el canal de YouTube la idea mía fue focalizar y mostrar todo lo que pasa en las cárceles desde el lado del humor. Lo podría haber hecho desde el lado tumbero, desde el lado trágico y pedirle a los pibes de la cárcel que me manden videos de peleas o del tema de la comida, pero no encuadraba dentro de lo que era mi idea. Por eso: qué mejor que contárselo de mi boca y narrárselo a la gente en un idioma que se pueda comprender. Sin las típicas palabras que tiene un preso: gato, gil, ortiva”, cuenta acerca de su canal de YouTube, mientras se ceba un mate espumoso. “Me sirvió para enriquecerme. La gente tiene como tabú el tema de la cárcel. ¿Y por qué? Porque es un negocio y al Estado no le conviene que salga a la luz lo que pasa ahí adentro. Por eso la gente ve El Marginal, Tumberos o películas de la cárcel y se imagina que es eso, pero lejos está de todas esas cosas”, concluye.

Vega empezó a robar a los 10 años y más de la mitad de su vida se la pasó recorriendo penales por distintas causas: tenencia de arma, robos agravados por modalidad “escruche” (meterse en las casas cuando la gente no está para robar) y algunas cosas más que fueron a parar a sus antecedentes penales. Pero esa vida empezó a quedar cada vez más lejos. Hoy tiene 47 años, lleva siete años y medio en libertad y reconoce que permanece “sin tocar nada de nadie, sin usar un arma, sin nada de nada de nada”. “Trato de llevar una vida encuadrada, dentro del marco de la ley”, asegura.

“La base de mi programa es darle consejos a la gente para que no se incline por el camino del delito y que trate de no ser violenta, a pesar de cómo están los tiempos hoy. Que no consuma drogas, que no consuma alcohol y a los pibes que ya están en este camino y llevan dos o tres condenas, que vean que se puede llevar una vida normal. No es fácil pero se puede. Hay herramientas y alternativas. Siempre hay gente que te quiere”, explica, y deja entrever una sinceridad que se trasluce en el brillo de sus ojos, que parecen ponerle una barrera a las lágrimas.

Su canal tiene más de cincuenta mil suscriptores y todos sus videos suman más de 2.300.000 reproducciones. En tan solo tres años y medio logró que lo vean de todas partes del mundo y fue a la televisión. Cuando pasó el homicidio de Fernando Báez Sosa fue invitado al panel de Intratables para hablar de lo que es vivir dentro de una cárcel sin privilegios. “Humildemente, llamaron al que más sabe. Es la verdad. A veces te da bronca que estás en un programa y te quieren refutar cosas que ni siquiera saben o no tienen ni idea. Un abogado me puede decir que estuvo representando durante 30 años a presos en todas las cárceles y todo lo que quiera, pero de las rejas para adentro nunca pasó y nunca la vivió. Ni siquiera el servicio penitenciario, que están y duermen ahí con vos, tiene la vivencia de lo que es vivir adentro”, dice.

Sus seguidores son fieles al contenido, le escriben comentarios y los likes refuerzan el visto bueno de lo que va subiendo semana a semana. En sus videos siempre aparece dentro de una pieza en la que cuelga una bandera de Racing, algunos posters y hay un mono – “Monono” - que lo acompaña en todas sus filmaciones. Habla frente a cámara, sin guion, sobre distintos temas: privilegios carcelarios, motines, la mala comida o sobre el significado de ciertas palabras del argot tumbero. La popularidad de Pablo A La Mazmorra crece a ritmo firme. “Pablito amigo no decaigas, metele a esto que te puede dar un futuro piola”, escribe en los comentarios uno de sus seguidores. “A mí no me van los presos ni los chorros pero como estás hace 7 años en libertad es porque de verdad te esforzaste. Así que me suscribo”, escribe otro.

“Pablo A La Mazmorra, como digo siempre, es el tipo que me gustaría llegar a ser. Es el tipo que puede sentarse a hablar educadamente con cualquier persona. Es el tipo que pudo superar todo lo malo que le pasó en la vida, que pudo formar una familia y que puede hoy por hoy darle un consejo a un pibe o a una piba. Aposté a eso y mal no me fue. Le estoy comunicando a la gente cómo es la cárcel desde mi vivencia y desde el testimonio de mucha gente que me sigue desde adentro. A mí me ven muchos chicos de muchas cárceles, no solo de acá. De varios países del mundo. Que me tengan como un referente me llena y me dan ganas de seguir. Yo no me olvido que estuve ahí. Adentro tengo familia, amigos, gente que quiero mucho”, explica.

-¿Le temés a alguna represalia por todo lo que contás de la vida dentro de las cárceles?

No, porque a la hora de poner en obra esto ya sabía a lo que me estaba exponiendo. Si les gusta bien y si no que hagan la que tengan que hacer. La verdad que el miedo lo perdí de chiquitito, igual que la vergüenza. No me calienta. Hay policías buenos y hay policías malos. He tenido oportunidad en distintas cárceles de poder hacer lo que me gusta y eso no lo voy a negar nunca. En Dolores me dejaron salir a trabajar fuera de lo que es el perímetro del penal. Hay lugares en los que si te esforzás llegás, pero hay otros donde te ponen muchas barreras y le terminan dando oportunidades a otra gente que no se lo merece. Gente que se sabe que va a salir a hacer las mismas cagadas por las que entró.

-¿Qué tan real es eso de que apenas llegas al pabellón hay que pelear?

Si la convivencia en la familia es jodida, imagínate en un lugar donde estás viviendo con treinta personas que no las conocés de ningún lado y todos tienen su historia violenta o su historia jodida y sus problemas. Lamentablemente, si te invitan a pelear, lo tenés que hacer. Te guste o no te guste. Matar no te van a matar. No son peleas a muerte, se llaman picadito. A picotearse los brazos, las piernas, pero no a morir. Es como una gran prueba.

Pablo A la Mazmorra se desenvuelve sin temor a decir lo que piensa. Está entusiasmado con su presente, su cuerpo se mantiene en buena forma – brazos fibrosos, musculatura trabajada – pero con las marcas de esos años que estuvo adentro. Cicatrices en los brazos y tatuajes de tinta china que casi ni se ven, son todos los mensajes que quedaron de una vida pasada. Ya no más buzones de castigo ni peleas a cuchillazos. Ahora todo pasa por los vídeos en YouTube y la vida en familia. “Tienen Pablo A La Mazmorra para rato. Y como mucho seguiré siendo De La Mazmorra si llega a pasar algo”, finaliza con una sonrisa sarcástica.

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