Un 15 de mayo de 2010, se apagaba la vida del líder de Soda Stereo. El periodista Juan Morris cuenta en su libro "Cerati, la biografía definitiva" cómo fueron los momentos finales del cantante, luego de su último show en Caracas.

El 15 de mayo de 2010 el destino se cruzó en la exitosa carrera de Gustavo Cerati y a los 51 años un ACV lo sorprendió en Venezuela, después de dar un concierto, y desde esa noche nunca más volvió a abrir sus ojos. Cuatro años después de estar en una sala de terapia intensiva, su vida se apagó para siempre.

Ayer se cumplieron ocho años de aquella noche en la que Gustavo se sintió mal y, lo que nunca se sabrá, es si en Venezuela los médicos no le dieron la atención necesaria y por eso terminó con su muerte. El portal PrimiciasYa tuvo la oportunidad de dialogar con Juan Morris, periodista y escritor de “Cerati, la biografía definitiva”, y el periodista pudo reconstruir como nadie cómo fueron las últimas horas del artista en Caracas, ciudad que disfrutó el último show de Gustavo.

“En principio, era la última noche de la gira y la banda volvía a Buenos Aires. Gustavo viajaba a España a reencontrarse con Chloé Bello, iba a promocionar el disco y luego iba a presentarlo allá”, comenzó Morris. El autor sumó: “Gustavo está con sus músicos los últimos 3 shows, en Colombia y Venezuela. Sus compañeros lo veían acelerado. Coleman me contaba que tomaba cerveza al mediodía y antes eso no lo hacía. Se estaba cuidando menos en ese tramo”.

En el libro que según dicen tiene data que hasta ahora no se conocía, el biógrafo logró rearmar lo que fue esa última noche, la charla que tuvo con sus músicos y asistentes y el trágico desenlace. Hay detalles desconocidos sobre la rutina de Cerati fuera de los shows: “Solía entrar a Youtube para ver cómo había estado, cuando hablaba se sentía incómodo. Ese día hizo varios chistes. Lo calmaron, comió un bife con ensalada. Se sacó una foto grupal como siempre que terminaban una gira. Lo ven muy pálido, Gustavo le quiere contestar y no le salen las palabras. Se siente raro y se va a su camarín. Su sonidista, Taberna, lo va a buscar al manager y le dice que vayan a ver qué le pasaba a Gustavo”. Y la reconstrucción final es escalofriante: “Entran a su camarín y estaba descompensado en el sillón, con la camisa abierta. Llaman a una ambulancia y lo llevan a un hospital, donde no había luz. Le hacen exámenes en otro hospital y lo alojan en la habitación presidencial. Le dan algo para que duerma, le costaba hablar. Al otro día está consciente y despierto. Le compran unas arepas. No podía mover un lado de su cuerpo. Todo ese día estuvo así. Al otro día, lo encuentran las enfermeras agarrándose la cabeza muy fuerte. Lo inducen a un coma, porque tenía un derrame en el cerebro, producto del ACV”, finalizó el relato el escritor.i

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