Hoy se estrena en nuestro país "Había una vez... en Hollywood", el noveno film del director, pero hace una década el realizador estrenaba una de sus películas más arriesgadas y, al mismo tiempo, una de las tres más exitosas de su carrera

Si bien los Estados Unidos tardaron un par de años en entrar en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), su irrupción en la misma logró equilibrar la balanza que terminó por acabar con el reinado del terror de Adolf Hitler.

Millones de personas murieron hacinadas en campos de concentración, en los trenes que las transportaban hacia allí e inclusive en los guetos cuando se implementó la infame Solución Final de Hitler, Göring, Goebbels, Eichman y otros monstruos.

Con todo este trasfondo de injusticia y barbarie, no eran pocos los que llegaron a odiar al Führer por esta y otras atrocidades, inclusive dentro de su propio bando, donde un grupo de oficiales intentó asesinarlo en la fallida Operación Valkiria.

Con esta premisa, Hollywood le dio rienda suelta a su maquinaria que relató historias basadas en hechos reales como también aventuras imaginarias que recaudaron miles de millones de dólares y dejaron un tendal de clásicos como Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone, 1961), Los Doce del Patíbulo (Dirty Dozen, 1967), Donde las Aguilas se Atreven (Where Eagles Dare, 1968), La Lista de Schindler (Schindler´s List, 1993), y Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) por citar algunos ejemplos de todos los tiempos.

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La fama precede

Si bien se hizo conocido con sus primeros dos filmes, Quentin Tarantino logró instaurar una suerte de estilo, en las películas que se estrenaron después de Perros de la Calle (Reservoir Dogs, 1992) y Tiempos Violentos (Pulp Fiction, 1994). Asesinos trajeados, diálogos antológicos y mucha cultura pop comenzaron a circular por todos los productos del cine independiente de ese entonces.

Cada largometraje que este director, guionista, productor, actor y director anunciaba era tomado por la crítica especializada y sus fanáticos como un evento de magnitud cósmica.

Por eso, sus fanáticos deliraron cuando en el año 2005, este director nacido el 27 de marzo de 1963 en Knoxville, Tenessee declaró a la prensa que acababa de escribir el libro de una película de guerra, un género que hasta ese entonces no se había animado a explorar.

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La idea no era nueva en la cabeza de Tarantino. Sus deseos de filmar una película bélica se remontaban a fines de los años ´90 aunque la falta de un buen final para la historia le obligó a dejarla de lado a favor de las dos entregas de Kill Bill La Venganza (Kill Bill vol 1 y 2, 2004 y 2005) que a su vez eran parte de una idea que le venía rondando la capocha desde la época de Tiempos Violentos (Pulp Fiction, 1994) cuando trabajó por primera vez con Uma Thurmann.

Bastardos sin Gloria (Inglorious Basterds, 2009) se convertiría entonces en el séptimo largometraje como director en diecisiete años, sin contar los segmentos que realizó para Cuatro Habitaciones (Four Rooms, 1995), para La Ciudad del Pecado (Sin City, 2005) y los episodios de series de TV como E.R. y CSI.

Pero cuando hizo su anuncio en el año 2005, Tarantino le explicó a la prensa que si bien había finalizado la historia aún le faltaba escribir un guión para poder filmarla. “Una cosa es un guión y otra un guión para filmar. Son dos cosas distintas”, explicó ante los azorados periodistas. De esta manera, pasó casi un lustro para que este ex empleado de video club devenido en cineasta terminara de escribir el libreto aunque eso no fue suficiente.

El golden boy del cine hollywoodense de ese entonces comentó también que con esta película tenía la intención (o el atrevimiento) de hacer de este, un filme de guerra mezclado con un spaghetti western, un género que lo apasionaba y al que recién se le animó con su siguiente trabajo: Dyango Sin Cadenas (Django Unchained, 2012). De hecho, contó que en su momento consideró en llamar a la película como Érase una vez en la Francia ocupada por los nazis pero terminó dando ese título a uno de los capítulos del filme y más tarde a una película situada en Hollywood.

Rescatando al soldado Raine

A pesar de que Quentin tenía todo listo desde un principio (léase el guión listo y la gente apalabrada) para comenzar a filmar, sus habituales mecenas, los hermanos Bob y el ahora infame Harvey Weinstein, no le habilitaron el presupuesto de la manera habitual.

¿Las causas? Quizá haya sido el pequeño traspié que tuvo Quentin con Grindhouse (2007), película en la que colaboró junto su “hermano” Robert Rodriguez para homenajear a las funciones de doble programa. Por fortuna, los hermanos Weinstein consiguieron sellar un acuerdo de distribución con Universal Pictures y de esta manera, para octubre de 2008, Quentin ponía en marcha un plan de filmación a toda velocidad.

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Claro que el tiempo es tirano y, como los Weinstein se tardaron tanto en conseguir el dinero, muchos de los actores que habían quedado en colaborar con Tarantino encararon otros proyectos, como Michael Madsen que iba a interpretar a un personaje llamado Babe Buchinsky.

Otro que le falló a Quentin fue Adam Sandler que no pudo interpretar al personaje de Donnie Donowitz por que ya estaba trabajando en la película Siempre hay tiempo para reír (Funny People, 2009) de Jude Apatow. En su lugar, Quentin le ofreció el rol a su amigo y colega Eli Roth, que lo aceptó gustoso.

La legendaria Natassja Kinski fue otra actriz que se perdió la oportunidad de trabajar bajo las órdenes de Quentin al igual que Tim Roth, Sylvester Stallone, el comediante Simon Pegg y hasta Eddie Murphy quien boqueó por todos lados que había sido tentado a participar en el filme.

Quizá la pérdida más grande que sufrió Quentin por deserción sea la del músico Ennio Morricone, ese que puso su firma en tantas bandas sonoras de spaghetti westerns de Sergio Leone así como en películas épicas como La Misión (The Mission, 1986).

También hubo cambios del último momento como el de Leonardo Di Caprio. El por entonces chico Scorsese iba a interpretar al temible Coronel Hans Landa pero a Quentin le pareció una mejor opción colocar en su lugar al actor austriaco Christoph Waltz, algo que a la larga le terminó rindiendo de maravillas ya que éste se llevó el Oscar por su papel al año siguiente.

Por fortuna para Quentin, su as bajo la manga siempre estuvo allí. Brad Pitt no se iba a perder por nada del mundo esta oportunidad y se mantuvo firme en su espera para interpretar al Teniente Aldo Raine, el hombre encargado de reclutar a los bastardos del título. El nombre de este personaje es un homenaje a Aldo Ray, un actor nacido en 1926 y fallecido en 1991 que actuó en decenas de películas de guerra y series de esas que le gustan a Quentin.

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Era la primera vez que Pitt trabajaba directamente para Tarantino pero no que interpretaba uno de sus personajes ya que hizo de Floyd en Escape Salvaje (True Romance, 1993) que fue filmada por Tony Scott con guión del susodicho.

Have you ever seen the Raine?

El argumento de Bastardos sin Gloria relata como el teniente Aldo Raine recluta a ocho soldados judeo norteamericanos para sembrar el terror entre las tropas de ocupación nazi establecidas en Francia.

Con este pequeño comando, Raine toma por asalto a los convoyes alemanes en los bosques y, tras desarmarlos, procede a escalpar las cabelleras de los arios.

En paralelo, Bastardos sin Gloria cuenta la historia de la joven Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) que busca vengarse Coronel Landa (el “cazador de judíos”) que liquidó a parte de su familia años antes.

Todos los personajes convergerán en un cine parisino donde Goebbels planea estrenar su obra maestra de la propaganda nazi, protagonizada por Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger).

Dentro de la película misma, hay otro meta-filme llamado Stolz der Nation (El Orgullo de una Nación) dirigido por Eli Roth que aceptó gustoso el encargo de su mentor Tarantino con la condición de que su hermano Gabriel lo ayudase. El resultado: los hermanos se despacharon con todo el material (que imita al cine propagandístico de Leni Riefenstahl) en tres días, todo un récord.

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Claro que con tantos agregados, la película de Tarantino se extendió hasta casi lo que indica su límite contractual que es de dos horas y cuarenta y ocho minutos.

Por eso, los Weinstein y Tarantino se jugaron por una rápida edición para poder presentar la película en la edición 2009 del Festival de Cannes donde fue recibida con opiniones discutidas. Mientras que revistas como Inrocks la consideraban una obra maestra, otros medios como Le Monde criticaron su exceso de clichés aunque nadie pudo negar el lucimiento del alemán Christoph Waltz y su bien merecido premio al mejor actor del festival.

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Sin embargo, esta diversidad de opiniones, llevó a los hermanos Harvey y Bob Weinstein a pedirle al director un nuevo corte del filme, algo que ellos desmienten con vehemencia, a pesar de la lógica que esto conlleva.

La nueva edición, en apariencia, no estuvo destinada a cortar metraje (se habló de un tijeretazo de 40 minutos) sino a reordenar las escenas para mejorar su impacto visual.

“No va a cortar –explico en ese entonces Harvey Weinstein-, sino que sólo va a reorganizar algunas escenas. Quiero decir, el tipo tuvo solamente seis semanas para hacer su corte para Cannes cuando la mayoría de los directores tienen seis meses para hacerlo, cuando no un año entero”.

Lo cierto es que el film terminó en una edición de dos horas treinta y dos minutos de duración y terminó convertida, en ese entonces, en la película más exitosa de Tarantino, con una recaudación mundial de 321 millones de dólares. Con un costo de “sólo” 70 millones de dólares y una ganancia en EEUU de 120 millones, los productores quedaron más que encantados.

Los otros Bastardos

Ya hubo otra película en la historia en gozar del (casi) mismo nombre en inglés. Se trata de Inglorious Bastards (Quel Maledetto treno Blindato, 1978), una de “macaroni – combat” –una variante bélica del “spaghetti western”- filmada por Enzo G. Castellari con guión de Sandro Continenza y Sergio Grieco.

La película trata sobre un grupo de prisioneros de guerra, al estilo de Los Doce del Patíbulo, que son enviados a juicio en un convoy de guerra. En medio del trayecto, el grupo es atacado por un avión alemán que siembra el caos en el terreno y permite a los prisioneros escapar.

Trailer de Inglorius Bastards

El teniente Yeager (Bo Svenson) se hace cargo del grupo y decide partir hacia Suiza para no ser atrapado nuevamente. Claro que el camino que eligen se va a parecer más a La Odisea de Homero que a un viaje de placer. En su trayecto, los bastardos serán atacados por nazis y mujeres desnudas (sí, como se lee) con ametralladoras, y hasta confundidos con un equipo especial al que encomiendan la misión de detener el tren blindado del título original en el que los alemanes llevan partes para armar el prototipo de un cohete V2.

A través de sus distribuidores alrededor del mundo. El filme fue variando de título: en Italia se lo llegó a conocer con el título alternativo de Bastardi senza glori mientras que en Estados Unidos fue presentada también como Counterfeit Commandos, Deadly Mission (en video) y Hell´s Heroes.

Hubo también una versión blaxploitation de esta película conocida como G.I. Bro en el que se ampliaba, mediante la edición de la cinta, el protagonismo del actor afroamericano Fred Williamson, un referente de ese tipo de cine que actuó junto a Tarantino en la recordada Del Crepúsculo al Amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996).

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