¿Estamos en presencia de un muy buen equipo? No. Estamos en presencia de un equipo con un nivel de practicidad y eficacia importante. No luce Racing. No juega de acuerdo a lo que pregona su entrenador. No es un equipo de ataque. No promueve la circulación de la pelota. Pero apunta, dispara y convierte sin preámbulos, anticipos ni anuncios. Esto, es lo que hoy lo distingue, en un sprint final que lo encuentra con todos los planetas girando a su alrededor.
Cualquiera que frecuente al fútbol sabe que hay momentos en que todo sale diez puntos, aunque el equipo no funcione diez puntos. O que todo sale para el lado de los tomates, aunque el equipo no juegue pésimo. Racing atraviesa, sin dudas, un momento angelizado. Gana cuando lo merece y gana cuando no lo justifica en el desarrollo. La virtud, su gran virtud, es aprovechar en forma integral esas circunstancias que le permitieron protagonizar lo que algunos partidos atrás parecía una misión imposible.
El fútbol, en definitiva, está alumbrado siempre por las circunstancias y los imponderables. Racing, por ejemplo, cambió sobre la marcha. ¿Qué cambió? Su juego. Cuando privilegió en las 13 primeras fechas un fútbol más dispuesto al ataque que a la espera, acumuló 4 derrotas y denunció una alta vulnerabilidad defensiva, solventada en gran parte por las capacidades que reveló Saja. Cuando Racing, comenzó a asumir un perfil futbolístico más austero y conservador soltando menos volantes en campo adversario y diseñándose para el contragolpe, apareció su estructura actual.
Este Racing acredita esa postura: la de un equipo que intenta quedarse con los espacios para los piques de Bou y Centurión, alimentados por ese goleador crepuscular y quirúrgico que es Milito. La duda instalada es si este nuevo rumbo que adoptó la Academia casi en la recta final del campeonato, obedece a una decisión estratégica que instrumentó Cocca o si fue producto de la propia dinámica del fútbol, que en muchas oportunidades genera situaciones sin que nadie previamente las haya planeado. La duda, naturalmente, persiste.
Lo real es que Racing se fue fortaleciendo en la medida en que River se fue debilitando. Se fortaleció mucho más en resultados que en juego colectivo. Y ante la evidencia incontrastable de las victorias cosechadas, también potenció su autoestima, casi siempre agarrada con alfileres.
Jorge Valdano solía decir, entre tantas otras cosas que supo definir con sabiduría, que "el fútbol es también un estado de ánimo". ¡Cuánta razón tiene Valdano! Por las influencias de los estados de ánimo, el fútbol de todos los tiempos suele explicar tantos triunfos y tantas derrotas. Tantas consagraciones y tantos fracasos. Tantas celebraciones y tantos fiascos. Racing, por lo pronto, viene atrapando estrellas en el camino. El mejor equipo del torneo, a pesar de sus caídas de tensión, es River. Pero a una fecha del cierre, el equipo que tiene todo servido en bandeja es Racing.
Ahora tiene que preparar la última cena y comer el último bocado. Jugando bien o jugando mal. Atacando o esperando. La larga vigilia de aquí al cruce decisivo contra Godoy Cruz, será su calvario. Por eso Cocca repite que "lo peor es la ansiedad". Porque el sueño nunca lo abandonó. Aunque al sueño le falte la escena del final.
comentar