Y una noche volvió el gran River Plate. Ocurrió el jueves, en el maravilloso Monumental de Núñez, espacio de batallas gloriosas, alegrías infinitas y equipos deslumbrantes. Los hinchas fuimos testigos de tantos momentos imborrables en nuestra casa. Por mi edad, puedo mencionar al Beto Alonso, Enzo Francescoli, Antonio Alzamendi, Búfalo Funes, y tantos más que despertaron mi pasión por la banda. Una vez que ese amor copó mi corazón, ya no se fue. Por eso el dolor de un club convertido en territorio de chacales, que hicieron negocios, se llenaron los bolsillos, y destruyeron la institución. Todo lo que pudieron. Por eso el llanto sin consuelo al descender, porque fue la consecuencia del daño que habían realizado. Sentimos morir. Pero nos prometimos emerger. Nos juramos levantarnos. Ser River Plate, otra vez. El club más poderoso de la Argentina. Y en eso estamos. Con templanza, coraje, respetando la historia enorme, con las banderas del buen fútbol, del juego asociado, y siempre cuidando el balón. Gracias Ramón Díaz. Gracias Marcelo Gallardo. Gracias jugadores por esta alegría. Ojalá podamos coronar este año de resurgimiento con más gloria para nuestra amada camiseta.