El equipo de Falcioni quedó a un paso del título por méritos propios, superando a todos y con una campaña espectacular. La discusión en cuanto a la vistosidad de su juego, quedó sepultada por el peso de su jerarquía.
RICARDO GONZALEZ MENDOZA (Enviados especiales).- Boca está ahí, a un solo pasito del grito sagrado, de volver al festejo grande, ese al que se había acostumbrado desde hace unos años y que en los últimos tiempos le había resultado esquivo. Líder, con nueve puntos sobre su más inmediato perseguidor, invicto en dieciséis jornadas, con récord histórico en cuanto los escasos goles recibidos, el equipo de Falcioni ya no tiene mucho más que demostrar. Hasta ese juego que se le criticaba, algo amarrete -pese a reapareció en el final ante Godoy Cruz- ha cambiado, mostrando una mayor agresividad, precisión y contundencia. Es más, hasta valen repasar al menos diez razones que lo llevaron a este momento y que lo encumbraron como el mejor, sin discusiones de ninguna índole. Repasemos... 1) Solidez defensiva: Falcioni aplicó fielmente el primer fundamento en el armado del equipo. Desde hace años, Boca no contaba con un bloque defensivo confiable como éste. Y desde esa carencia, armó una defensa sólida, donde la incorporación de Schiavi resultó fundamental, mostrando un nivel asombroso para esta altura de su carrera. Y al lado de él, creció ordenadamente un jugador con potencial como Insaurralde, Roncaglia se adaptó de manera excelente a la función de lateral, y Clemente Rodríguez volvió a ser el de siempre, con nivel de selección. Claro, a todo esto habrá que agregarle la presencia de una arquero confiable como Orión, que transmitió la seguridad que se reclamaba a gritos bajo los tres palos. 2) Juego y sacrificio: En esa falacia de que Boca no luce, seguramente habrá que apuntar la falta de su máxima referente, Juan Román Riquelme, quien sólo jugó diez partidos y salió lesionado. Pero el xeneize, de todas maneras, tiene en su mediocampo una combinación exacta para defender y atacar. Luce, sin dudas, en la tenencia de la pelota, su primer eslabón defensivo. Somoza se hizo líder por la zona central, Rivero es todo despliegue, Erviti el toque inteligente y Chávez el enlace con los de arriba, pero también el sacrificio para la recuperación. 3) Orden y presión: Tal vez otra de las virtudes fundamentales de este Boca, más allá de lo defensivo, es que jamás pierde el sentido de equipo. Ha hecho del orden casi una religión. Esa sensación de invulnerable crece desde el despliegue de cada uno de sus jugadores, que cuidan la pelota cuando la tienen y presionan en superioridad numérica cuando está en poder del rival. 4) Personalidad y jerarquía: Desde la presencia de Orión en el arco, el bastión que significa Schiavi en el fondo, el aplomo de Somoza en la franja central y el talento de Riquelme, Boca tuvo la personalidad que necesita un equipo campeón. Pilares de un equipo que impuso condiciones en todas las canchas que jugó. 5) Eficacia en ataque: Ha tenido distintos partidos, en cuanto a su desarrollo, a lo largo de la campaña, y el aspecto ofensivo tal vez quedó en el debe, sobre todo por la contundencia, donde generó más de lo que convirtió. De todas maneras, en algunos partidos por la falta de puntería, en otros por las actuaciones de los arqueros rivales, no pudo establecer mayores diferencias en sus victorias o quebrar empates que merecían ser triunfos. 6) Disimular la racha de lesiones: Boca fue una enfermería a lo largo de todo el Apertura, pero desde la inteligencia del técnico y el aporte de los que estaban afuera, disimuló de manera impecable cualquier ausencia, hasta la de un “monstruo” como Riquelme, que sólo jugó diez partidos. Su principal dificultad se presentó en ataque, con la rotura de ligamentos de Viatri, cuando pintaba para tener un gran torneo. Entró Blandi, con capacidad goleadora asombrosa, y también sufrió dos desgarros consecutivos. Y Cvitanich, la tercera alternativa, fue otro de los que padeció dificultades musculares. Además, no tuvo a Insaurralde y Rivero en un par de encuentros, y llegó al final con varios al límite, como Roncaglia, Schiavi, Clemente y Erviti, entre otros. 7) El mensaje del técnico: Le costó un semestre de enseñanza, pero en esta segunda parte del año al equipo le llegó todo lo que Falcioni pretendía. Ayudó la tranquilidad de los resultados, es cierto, pero a través de los mismos consiguió el aplomo que hacía falta. Somoza y Erviti se adaptaron al peso de la camiseta, lo mismo que Insaurralde. Y después, todos, entendieron que la jerarquía de las individualidades debían estar al servicio del equipo, sin privilegios. 8) Dos refuerzos clave: Orión en el arco y Schiavi en defensa fueron dos incorporaciones fundamentales. Desde la primera partida de Abbondanzieri que Boca no encontraba seguridad bajo los tres palos, y el ex San Lorenzo y Estudiantes demostró ser un arquero de equipo grande. Le llegan poco, está siempre atento, dando seguridad, y en los cuatro goles que le marcaron no tuvo mayor responsabilidad. En el caso del Flaco, muchos dudaban de su regreso, por la edad y el físico, pero les tapó la boca a todos con su firmeza defensiva y su liderazgo positivo. 9) Recuperó la mística: El paladar de negro de los que defienden un fútbol que hace muchos años no se ve en las canchas argentinas, seguramente no se identificará con este equipo. Pero el hincha de Boca genuino, que comulga con el histórico legado de la garra, el sacrificio y la estirpe ganadora, ha encontrado en esta formación de Falcioni la mística que se reclamaba desde hace mucho. 10) Fue superior a todos: Tal vez la razón fundamental. De los dieciséis partidos jugados, fue superior a quince de sus rivales, en juego y situaciones, por lo que debería tener más puntos de los que acumula. El único encuentro en el que se vio superado fue ante Argentinos, en La Paternal, donde sumó un empate que tranquilamente pudo ser derrota. Después, fue siempre mejor que todos. Por eso, la corona le sienta bien y está fuera de discusión.
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