Las turbulencias muy presentes en el equipo que conduce Gustavo Alfaro desde comienzos de 2019, a esta altura son inocultables y revelan un estado de situación que, entre otras cosas, pone en foco el rol de conducción que el técnico y la dirigencia le dieron a Carlos Tevez

Apenas se vinculó a Boca en el arranque de este año, el entrenador Gustavo Alfaro comenzó a arrojarle flores a Carlos Tevez. Y entre otras consideraciones que respiraban una incondicionalidad sorprendente, señaló: “Yo tengo que apoyarme en jugadores emblemáticos y Tevez lo es. Triunfó en Brasil, ¿cuántos lo hicieron? En Inglaterra, en Italia, en la Argentina. Algunos dicen que está terminado y está lejos de eso. Se los aseguro. Tiene que estar contenido, pero esto no lo exime de responsabilidades. Si le doy este lugar es porque se que le sobra. El es una auténtica bandera de Boca y está acá para recuperar la gloria”.

Las palabras de Alfaro no fueron pronunciadas solo para llenar los espacios. Hablaba el técnico de sostener a Tevez más allá de cualquier inconveniente o adversidad pasajera que pudiera presentársele en la decadencia irremediable de su brillante carrera.

Estas apreciaciones tan elogiosas a Tevez ya dejaban ver que el ídolo de Boca arrancaba con una ventaja importante: Alfaro lo ubicaba por encima del resto. Y le daba sin que aparentemente nadie se lo hubiera pedido, una especie de condecoración simbólica en la interna del plantel.

Boca Juniors

No gozaba Tevez de estos privilegios tan evidentes bajo la conducción anterior de los Barros Schelotto. Es más: quedaba en primerísimo plano que Gustavo y Guillermo preferían tenerlo al Apache en zona de permanente consideración futbolística, pero no de confirmación. De hecho, en los dos partidos finales por la Copa Libertadores frente a River, Tevez no estuvo desde el arranque, aunque en los últimos minutos de los dos superclásicos terminó ingresando.

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La llegada de Alfaro luego de dejar plantado a Huracán en nombre de realizaciones personales, cambió de manera radical el panorama. Tevez pasó de la noche a la mañana a ser el hombre orquesta jugando desde el comienzo o estando en el banco. Se convirtió, entonces, en la individualidad más influyente del plantel. Tan influyente que todo (todo es todo) comenzó a girar alrededor de su figura.

Darío Benedetto

Esta especie de gran renacimiento de Tevez a sus 35 años, no generó una alegría ni una zona de confort visible en el vestuario de Boca. Para nada. Cayó mal tanta franela organizada y tanto poder otorgado por el entrenador y el presidente xeneize a un jugador que transita por la siempre delgada línea del ocaso.

En el marco de algunas singularidades, habría que recordar que en 2011, pocos meses después de haber renunciado como tesorero de Boca por discrepancias con los montos y la extensión del contrato que se le iba a firmar a Riquelme, Daniel Angelici declaró que “Román es un líder negativo dentro de un club. Divide en todos lados. Divide en el vestuario, la opinión de los directivos. Es una persona conflictiva”. Por aquellos días, Angelici confrontaba duramente con Riquelme. Tevez, en cambio, es una pieza del ajedrez de Angelici.

Por otra parte, la voz de Tevez y sus comentarios siempre apuntando a las necesidades de su propio ombligo, volvieron a capturar todos los micrófonos y todos los espacios del fútbol boquense. Como si tuviera 25 o 26 años y estuviera en plenitud. Este escenario provocó resistencias más expresadas en silencios cortados a cuchillo que en palabras públicas.

Resistencias al protagonismo desmesurado que en la cancha de ninguna manera tiene esa misma proyección. Porque en la cancha, Tevez no está en condiciones de ganar los partidos que hace varios años ganaba. Ahora esto no ocurre. El último jugador que en Boca ganó partidos fue Darío Benedetto. Y Benedetto casi que le imploró a la dirigencia encontrar una puerta de salida que lo alejara de Boca para recalar en el Olympique de Marsella. El uruguayo Nahitán Nández lo mismo: quería irse de Boca y se irá al Cagliari.

Gustavo Alfaro

¿Qué pasó? Fueron los efectos provocados por Tevez. Demasiadas luces enfocando a Tevez. Y demasiadas decisiones pasando por Tevez. Este liderazgo artificial, impuesto y celebrado por Alfaro y por la plana mayor de Boca, no fue precisamente bien recibido por los compañeros de Tevez. Todo lo contrario.

Que estas diferencias, no resueltas, no hayan visto la luz con la fuerza que precipitan las evidencias incontrastables, es un tema de estrategias, conveniencias, temores y oportunismos. Pero en Boca se manifiestan estos relieves de insatisfacción que están empujando a algunos jugadores a abandonar el club y a otros que hace unos pocos meses arribaron con expectativas de permanencias prolongadas, a mirar una vía de salida como una opción saludable para no terminar desgastándose en una hipotética confrontación que nadie por el momento quiere protagonizar. Claro que esa salida la forzaron Benedetto y Nández. Y otros, si pudieran, querrían imitarlos. Pero, por ahora, no se atreven.

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A pesar de los descontentos y rispideces, no estamos planteando que Boca es un polvorín que más temprano que tarde está a punto de estallar. Pero sí que no está en vigencia un estado de bienestar. La presencia hoy estelar de Tevez como el emblema que aun en el banco baja línea, maneja el vestuario y declara a la prensa lo que hay que hacer de aquí en más y lo que no hay que hacer, no es una anécdota que pasa de largo.

Los jugadores miden todo y a todos: a los periodistas, a los dirigentes, al técnico y por supuesto también a los compañeros que tienen al lado. En esa medida subjetiva de las cosas, Tevez juega un rol.

Y el papel que desempeña como la mano derecha de Alfaro y del presidente Angelici, no es bien mirado por varios integrantes del plantel, aunque hoy repitan en tribunas públicas que todo funciona a las mil maravillas. Pero no es así. Y no son pocos los que lo saben.

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