La Ciudad produce 17.000 toneladas de desechos diarios que llegan a la CEAMSE y se estima que en 2030 serán más de 25.000 si no hay un cambio cultural. El organismo intenta amortiguar el impacto mediante una economía circular de reciclaje y reutilización de residuos. Qué planes hay a corto plazo y adónde van a parar los neumáticos viejos

La Ciudad de Buenos Aires construye día a día su propio colapso. Un monstruo que podría terminar con muchas especies de aves, peces y mamíferos que habitan en la gran urbe latinoamericana. Produce 17.000 toneladas de desechos diarios. Unos 2.500 camiones de basura con sus compartimentos repletos que, se estima, aumentarán casi un 50% para 2030, y la cantidad de desechos alcanzaría entonces los 25.000 cada 24 horas. La falta de una concientización ambiental y de una cultura de reciclaje acelera un abismo que parece inevitable.

Por eso desde la CEAMSE, el inmenso espacio de José León Suárez adonde van a parar todos esos desechos, se intenta frenar el impacto mediante procesos de selección y reutilización de la basura. Ladrillos, caucho y biogás pueden ayudar a amortiguar el impacto.

El predio de 500 hectáreas que comprende el Complejo Ambiental Norte III de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado, una empresa compuesta por los estados provincial y porteño que se encarga de realizar la gestión y tratamiento de los residuos sólidos urbanos (RSU) del Área Metropolitana desde hace tres décadas, mezcla lo verde de los árboles y planicies sembradas, con lo gris de una megafábrica que se alimenta de todo eso que se descarta.

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Allí, lo que descargan los camiones que transitan los senderos como hormigas reciben un tratamiento intenso y “con la mejor tecnología” para reconvertirlo en productos reutilizables y energía limpia.

Del total recibido, se tratan unas 1.100 toneladas en la planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB), un inmenso galpón provisto de máquinas, palas mecánicas y cintas de transporte que mezcla “aromas” de todo tipo.

“Hay un porcentaje que es tratado en las plantas, otro que es convertido en granulado de caucho y otro que es compostado”, detalla el presidente de la entidad, Gustavo Javier Coria. Así, lo que se logra recuperar representa un 13%, “un porcentaje muy alto en relación a la media mundial. Hoy estamos en 15 años adelantados a lo que es Latinoamérica. Pero es bajo a la media europea, que logra tratar el 70% u 80% de los residuos”, explaya.

Pero ese número podría ser insignificante si se cumple con las proyecciones. A pesar de la existencia de la Ley 1.854 “Basura Cero”, promulgada en enero de 2006 y reglamentada en mayo de 2007, todavía los porteños tienen mucho por hacer para que se cumpla con una economía circular, cuya base prioritaria está en la separación de residuos.

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La fórmula de las 3R

En los últimos años se “logró reducir en un 50% los desechos que van a entierro y cada vez son más los vecinos que toman conciencia de la importancia de las 3R: reducir, reciclar y reutilizar”, informan desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado por Eduardo Macchiavelli.

Sin embargo, los camiones que recolectan la basura aún encuentran dentro de los tachos muchos de los residuos sin clasificar. “Es una responsabilidad compartida: el Estado con la inversión, las empresas con reducción en origen, los municipios y vecinos en la separación”, intenta explicar Coria. Así es como botellas, latas, maderas, colchones y cajones de frutas forman una montaña dentro de la TMB.

Para Manuel Jaramillo, director de la fundación Vida Silvestre, las 17.000 toneladas producidas por la gran urbe todos los días representa una advertencia para el desarrollo de la flora y fauna locales.

“La fauna que está asociada a los ambientes contaminados tiene una serie de estrés fisiológicos que condiciona su cantidad de vida, su capacidad de reproducirse y la posibilidad de mantenimiento de esa fauna”, expone. Observa el tópico 2030 y lo relaciona con el consumo per cápita y las estimaciones: “Incrementar consumo significa incrementar la basura”.

Ecoladrillos: levantar desde los desechos

Para evitar la problemática desde la CEAMSE se encuentran en la elaboración de ladrillos para la construcción hechos con basura. Aunque suene increíble, una pata de pollo, manzanas podridas y trozos de pan pueden ser suficientes para levantar un galpón de un depósito.

Cómo el ladrillo, caucho y gas pueden prevenir un colapso de basura en Buenos Aires

“Los ´ecoladrillos ´se obtienen de material bioestabilizado, es decir, biodegradado y sin carga orgánica”, comenta el Ingeniero Marcelo Rosso, gerente de Nuevas Tecnologías y Control Ambiental. El producto se encuentra habilitado para el uso industrial, pero no para el domiciliario, aunque considera que el año próximo lo estará.

Uno de los proyectos ambiciosos del organismo para con los ecoladrillos, además de una planta específica, está en el emplazamiento de un barrio ecológico para los trabajadores del medioambiente.

Sobre este objetivo, Jorge Omar Mancini, secretario general de los trabajadores del medioambiente, brinda detalles: “Serán 300 viviendas unifamiliares y van a poder acceder mediante un crédito. Son cinco hectáreas en Hurlingham y estará en Camino del Buen Ayre y Gorriti”.

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La relación entre la basura y el deporte

Otro de los productos obtenidos que se extrae de la montaña es el granulado de caucho, pequeñas partículas que se utilizan en las canchas de césped sintético de River Plate, Excursionistas, Newell´s Old Boys, Racing, Vélez Sarsfield y en las que utilizan los seleccionados de hockey sobre césped.

Con el acompañamiento de la empresa Regomax, las 600 toneladas de neumáticos que recibe la CEAMSE por mes pasan por sucesivas trituraciones y separaciones de acero, carbono y nylon con imanes. “Los neumáticos llegan de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y últimamente de Ushuaia y se usan únicamente con fines deportivos”, destaca Rosso. El rechazo de las empresas de transporte se convierte en útil.

Energía para una ciudad

Hasta de lo que se entierra se puede obtener algo más para contribuir a amortiguar un futuro tapado de residuos. Mediante tuberías que se adentran en los rellenos sanitarios y se interconectan en una planta para un complejo tratamiento, se extraen los gases (como metano) que exudan los desechos compactados. El llamado “biogás” se trasmite por un electroducto de 12 kilómetros hasta el punto de acometida ubicado en la subestación Rotonda. Puede darle energía a una ciudad como Pergamino (100 mil habitantes, aproximadamente).

De esta forma, de lo que se presenta como una situación complicada se puede salir airoso si se trata “el residuo como un recurso”, aclara Coria. Dependerá qué se piense cada vez que se arroje algo al tacho… y a qué tacho.

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