Santiago y las principales ciudades viven un estallido social sin precedentes. Al menos 11 personas murieron y 2100 fueron detenidas desde que se iniciaron los disturbios. Piñera decretó el estado de emergencia, que tuvo el aumento del boleto del subte como punta de iceberg de un conflicto mucho más profundo

Santiago de Chile se encuentra paralizada por las protestas, que iniciaron por el alza del precio del pasaje del subte, y que se extendieron por toda la ciudad con destrozos y actos violentos en las calles, lo que motivó el cierre de todas las líneas de metro, a miles de personas sin forma de movilizarse y a que el presidente, Sebastián Piñera, decretara el estado de emergencia.

Uno de los epicentros de la protesta fue la céntrica Plaza Italia, donde las calles están cerradas al tráfico con barricadas de vallas metálicas y algunas hogueras, una imagen que se reitera en varios puntos de la capital trasandina, con destrozos en el mobiliario externo de las estaciones de transporte público, saqueos y enfrentamientos con la Policía.

Chile- presidente Piñera suspende el alza de los pasajes del subte

Los estudiantes fueron los primeros en protestar, pero las manifestaciones rápidamente se extendieron a otros sectores y se tornaron violentas al grado de incendiar tiendas y los mismos trenes del metro.

¿Cómo se llegó a esta situación en el país trasandino?

El admirado modelo chileno escondía profundas grietas. Detrás de la estabilidad política y sus envidiadas cifras macroeconómicas, amplios sectores quedaron excluidos, incubando por años un descontento social que estalló con fuerza pero que muchos lo venían venir.

La rabia copó las calles. Ni la salida de militares, decretada el sábado por el Presidente sirvió para ahogar el grito de miles de personas cansadas de las iniquidades.

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"Desde afuera solo se veían los logros de Chile, pero dentro hay altos niveles de fragmentación, segregación y una juventud, que si bien no vivió la dictadura, que se restó de votar hace muchos años, pero que se hartó y salió a las calles a mostrar su rabia y decepción", explicó Lucía Dammert, analista de la Universidad de Santiago de Chile.

Con una inflación de 2% anual, una pobreza por ingreso de 8,6% y un crecimiento esperado para este año de 2,5%, uno de los más altos en una región en crisis, el llamado modelo chileno era la envidia de muchos en América Latina, aunque sus indicadores sociales -como salud, educación y pensiones- escondían demasiadas iniquidades.

Tensiones acumuladas

"Muchas demandas estaban latentes y no habían sido respondidas. Se acumuló la tensión, la frustración que se refuerza cada día con la cotidianidad", señaló de su lado Octavio Avendaño, sociólogo y analista político de la Universidad de Chile.

Para este especialista no es casual que la génesis del estallido social haya sido el aumento de 3% en las tarifas del metro, un incremento que el presidente Sebastián Piñera congeló el sábado cuando las manifestaciones estaban fuera de control y habían sumado reclamos históricos de la clase trabajadora.

Desigualdad crónica, en un país que ostenta el ingreso per cápita más alto de América Latina (más de 20.000 dólares), un criticado sistema de pensiones que jubila a la mayoría con rentas inferiores al salario mínimo -de unos 400 dólares-, elevados costos en salud y educación y la constante presión del mercado inmobiliario que hace a muchos imposible acceder a una vivienda, formaron un cóctel difícil de contener, según los analistas.

Ausencia de Estado, mercado presente

El sociólogo Alberto Mayol, de la Universidad de Santiago de Chile, explica que "en una sociedad donde todas las prestaciones públicas son de mercado y donde la integración social se produce a través del consumo, las personas necesitan comprar para estar dentro de la sociedad y para ello necesitan endeudarse".

El endeudamiento es uno de los grandes males que afecta a los hogares chilenos. Uno de cada tres mayores de 18 años tiene un saldo financiero que no puede enfrentar con sus recursos, según un estudio de la Universidad San Sebastián y Equifax.

Ese endeudamiento afecta en especial a miles que en los últimos años salieron de la pobreza, pero que sufren el agobio de pertenecer a una clase media para la cual no hay muchos beneficios sociales. Son los hijos y nietos de esas familias los que encendieron las llamas de esta revuelta sin precedentes.

De espaldas al pueblo

Con Sebastián Piñera -un magnate que amasó una extensa fortuna- liderando un gobierno repleto de figuras del mundo empresarial, las manifestaciones están cargadas de alusiones al poder económico de sus dirigentes y la injusticia de un sistema que privilegia el capital.

Mayol advierte que en un gobierno como el de Piñera se concentra el poder económico, el poder político y el institucional, lo que el analista bautiza como "una trinidad en la élite" y provoca la fractura entre la población y sus dirigentes.

De esta manera "Evade" es una de las palabras más utilizadas por los manifestantes en carteles, para aludir a los escándalos de corrupción que protagonizaron en los últimos años poderosos grupos económicos cercanos al presidente.

En una sociedad segregada por clases sociales, donde la mayoría de los funcionarios viven en las zonas más acomodadas de Santiago, la gente los percibe como desconectados de la realidad.

"La política tiene un mea culpa que hacer y la población estaría agradecida de aceptarlo", advirtió Dammert.

Mayol considera que la situación está desbocada y "el fenómeno que viene es un misterio.

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