Donald Trump y Pam Bondi, presidente y fiscal general de Estados Unidos, respectivamente.
“Es uno de los mayores narcotraficantes del mundo y una amenaza para nuestra seguridad nacional. Por lo tanto, hemos duplicado su recompensa a 50 millones de dólares”, afirmó. Estados Unidos no reconoce a Maduro como presidente legítimo de Venezuela luego de lo ocurrido en las últimas elecciones, votación que fue denunciada como fraudulenta por la oposición y por observadores internacionales.
La recompensa por el venezolano es siete veces superior a la ofrecida en su momento por Pablo Escobar, líder del Cártel de Medellín, cuyo monto ajustado por inflación alcanzaría los 6,9 millones de dólares en la actualidad. La cifra también supera las ofrecidas actualmente por otros capos latinoamericanos, como Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (15 millones), e Iván Archivaldo Guzmán, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán (10 millones).
En enero, Washington ya había fijado 25 millones de dólares por información que lleve a la captura de Diosdado Cabello, considerado el segundo hombre fuerte del chavismo, y 15 millones por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. Con estas cifras, los tres principales dirigentes del régimen venezolano se ubican entre los objetivos prioritarios de agencias como la DEA y el FBI.
Operativos antidrogas en el exterior
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, habría firmado en secreto una directiva dirigida al Pentágono para comenzar a usar la fuerza militar de su país contra ciertos cárteles de la droga latinoamericanos que su administración considera organizaciones terroristas.
La decisión de incorporar a las fuerzas armadas estadounidenses a la lucha sería la medida más agresiva hasta la fecha en la creciente campaña de la administración contra los cárteles. E indicaría la disposición del republicano a usar las fuerzas militares para llevar a cabo lo que se considera una responsabilidad de las fuerzas del orden: frenar el flujo de fentanilo y otras drogas ilegales.
La orden establecería una base oficial para la posibilidad de operaciones militares directas en el mar y en territorio extranjero contra los cárteles. Oficiales militares estadounidenses ya habrían comenzado a elaborar opciones sobre cómo las fuerzas armadas podrían perseguir a los grupos, según informaron personas familiarizadas con la medida que hablaron bajo condición de anonimato.
La situación también tiene complicaciones desde lo legal, ya que ordenar a las fuerzas armadas que combatan el tráfico ilícito también plantea cuestiones en ese ámbito, incluyendo si se consideraría “asesinato” si las fuerzas estadounidenses, actuando al margen de un conflicto armado autorizado por el Congreso, mataran a civiles, incluso a presuntos delincuentes, que no representan una amenaza inminente.