Su esposa y sus hijos consideran que dejarlo morir es lo más humano que se puede hacer, mientras sus padres quieren mantenerlo con vida

Médicos decidieron por quinta vez detener la alimentación artificial a un hombre que permanece hace más de diez años en estado vegetativo, luego de una batalla judicial que dividió a su familia y a toda Francia por el debate sobre la eutanasia.

Los profesionales hicieron caso al deseo de su esposa y sus hijos, quienes consideran que dejarlo morir es lo más humano que se puede hacer, después de que se descartara toda esperanza de restablecimiento y recuperación de la conciencia.

Frente a ellos, los padres y dos de sus hermanos, militantes de la asociación ultracatólica San Pío X, han agotado todos los recursos judiciales posibles para que no se le retire la sonda que le nutre y le hidrata, el último vínculo que le mantiene con vida. Sin embargo, vieron cómo el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo rechazaba, por tercera vez, un recurso para seguir alimentándolo de forma artificial.

Tampoco encontraron eco en el presidente, Emmanuel Macron, a quien pidieron una intervención de última hora, pero que a través de las redes sociales ha preferido mantenerse al margen.

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Al parecer, nada frenará el lento camino hasta la muerte de Vincent Lambert, un enfermero que ahora tiene 42 años, los últimos diez postrado en una cama de hospital, un cuerpo que respira autónomo, pero un cerebro que no da ningún signo de consciencia.

Su nombre fue bandera del debate sobre la eutanasia en Francia, con el telón de fondo de una familia dividida que llevó sus diferencias al terreno mediático. Las dos facciones no dudaron en arrogarse la última voluntad de un paciente que no la había dejado explicitada, lo que llevó al límite a una legislación no prevista para casos tan extremos.

Los médicos, amparados en la ley de fin de vida de 2016, rechazaban el ensañamiento terapéutico, apoyando a la solicitud de su mujer. Siguiendo la ley, Lambert fue sedado y, paulatinamente, dejará de ser alimentado e hidratado.

En 2013 se le retiró por vez primera la sonda, aunque entonces se conservó una ligera hidratación que le mantuvo con vida algo más de un mes, tiempo suficiente para que un tribunal tuviera tiempo para intervenir y detener el proceso. Lo mismo sucedió en 2014, 2015 y 2016.

Al conocerse la noticia, en la puerta del hospital de Reims se congregó un centenar de personas, militantes "provida", que protestan contra esa decisión. A pocos días de las elecciones europeas del domingo próximo, el caso Lambert ha llegado a la campaña.

Los candidatos de la derecha, François-Xavier Bellamy, y de la extrema derecha, Jordan Bardella, se oponen a dejarlo morir. Mientras que el socialista Raphaël Glucksmann, la izquierdista Manon Aubry y la "macronista" Nathalie Loiseau piden respeto a la decisión de los médicos.

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