Esta es la historia de una historia, es la novela de una novela. Y la trama tiene intriga, tiene viajes, tiene distintas escenografías continentales. Tiene sexo (bueno... no: pero algo parecido) y sobre todo, tiene mucha, mucha pasión. Está escrita sobre el mundo en el que nos toca vivir. Pero las palabras se deslizan, indemnes, sobre la cornisa de los muros que nos dividen. Y esquivan con cintura maradoniana las bombas que agujerean corazones cansados de tanto desencuentro.

Allá están ellos, desafiando todo. Marionetas sin conciencia, presas de la libertad de sus destinos. Uno se llama Eduardo Bechara Navratilova: es colombiano, graduado en Derecho y Literatura. El otro se llama Eduardo Bechara Baracat: es cordooobés, graduado en Administración de empresas. No son hermanos, ni primos. O tal vez sean todo eso junto, y más...
“En el año 2008 -cuenta el Bechara argentino- mi hermana Astrid me avisó sobre la existencia de un blog en donde había un tipo que era igual a mí. Pasaron unos seis meses. Mi hermana me llamó de nuevo y me obligó a que viera esas fotos del blog. Cuando las vi me quedé petrificado porque vi mis mismos rasgos: esta nariz inmensa que me cuelga de la cara, la mirada de loco, las mismas orejas, y hasta el mismo lunar en la mejilla izquierda. El tipo era más parecido a mi que yo mismo... Había algo muy raro en todo aquello, porque a los dos nos apasionaba la literatura. Entonces le escribí un email, en tono paródico, sobre la importancia de llamarse Eduardo Bechara, y preguntándole si había tenido las mismas dificultades que yo creciendo con esa cara de loco y esa nariz. No me contestó por unos días y pensé que se había ofendido porque me gusta hacer chistes. Es que soy cordobés de Dean Funes, donde ya hace mucho tiempo que nadie habla en serio”.
Entonces, el Bechara colombiano le respondió a su homónimo argentino. No estaba ofendido, sino muy ocupado terminando su maestría de profesor en escritura creativa en la Universidad de Temple. A partir de ahí, se encadenan las coincidencias, el asombro.

Un amor... o dos
El Bechara argentino jamás había entendido hasta entonces, por que Valérie, la joven francesa de quien se había enamorado en El Cairo, le escribía correos electrónicos que titulaba La Novia del Torero. “¿Qué me quiere decir? No me siento un torero, y si lo fuera, sería pésimo y encima estoy en contra de las corridas de toros”, pensaba. Baracat suponía entonces que ella se consideraba su novia y que lo veía a él como un matador. “Puedo ser tu torero si vos querés”, le escribió en uno de sus mensajes de respuesta. Años después, los Bechara finalmente se conocieron. Y cuando el colombiano le mostró su obra, notó que era autor de un libro llamado... La Novia del Torero.... Ahí el cordobés comprendió que la dulce Valerie no estaba enamorada de él, sino de su homónimo. Y el hecho de haber tenido un contacto fugaz en un taxi en El Cairo no hizo sino reforzar el sentimiento de ella hacia el “otro”, aunque en este caso fuera él... “Yo no era él, pero tampoco podía reclamar su derecho sobre mi sentimiento. Y encima, en medio de todo esto mi entonces esposa detectó mis correos y eso me costó el divorcio”, cuenta Baracat, sin abandonar jamás su acento de la Docta. Pero falta un detalle: ambos perdieron contacto con la francesita, así que supusieron que había abandonado a uno, o al otro o a los dos... (¡qué lío...!) Poco tiempo después se enteraron que ella padecía cáncer en el cerebro y es el día de hoy que no saben si vive o no.
Dijimos que el encuentro entre ambos se produjo: eso fue en el 2009, en Itacaré, un hermoso pueblito de la Bahía brasileña, la posada de Baracat. “Acá tiene posada gratis todo aquel que pruebe que se llama como yo”, dijo el argentino. Y vaya si lo probó... Tanto, que todos los confundían por su gran parecido físico, situación que se repitió también en Dean Funes, Córdoba. Allí decidieron que iban a ser hermanos. Allí hicieron lo que ellos llaman “un pacto de hermandad”. Baracat dice: “ambos amamos la literatura y hablar de cosas que nos afectan. Somos sudamericanos, por lo que tenemos mucho por decir”. Navratilova afirma: “Baracat es un gran escritor, tiene mucha narrativa, mucho humor. Conocernos me cambió la vida, estoy ligado indisolublemente a él”
En definitiva, Navratilova ayudó a Baracat en la edición de su primer libro de cuentos y vino a la Argentina para presentar en 2010 su libro de poemas. Después, el argentino viajó a Colombia, más precisamente a la Feria del Libro de Bogotá, donde volvieron a estar juntos y ahí cenaron con otro Eduardo Bechara, cuya historia prefieren reservar por ahora. Ahora, ambos están nuevamente en Buenos Aires, para presentar dos libros que salen este mes mediante una coedición entre Ediciones Del Boulevard (cordobesa) y Escarabajo Editorial (colombiana). El nuevo trabajo del argentino se llama “Patria del viento” y utiliza a Dean Funes como telón para tratar temas como el arte, la muerte, el olvido. El nuevo trabajo del colombiano se llama “Mendigo por un día y otras crónicas”, una serie de relatos que mezclan los temas más diversos. Las obras serán presentadas también en nuestra Feria del Libro, el 19 de abril a las 20.
Esta fue la historia de una historia. La novela de una novela. Mejor dicho: de dos...

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