Las figuritas futboleras de ayer y hoy presentan diferencias abismales para el coleccionista, sobre todo para el de antaño, cuando el servicio de "difícles" no existía.

Las malditas difíciles

Como el que avisa no traiciona, una salvedad antes de leer esta columna: salvo que pertenezcas a la generación Panini y hayas probado el servicio de retiro de las que te faltan para completar el álbum, es fundamental que tengas a mano un sobrecito de Kleenex en caso de ser necesario. El campo de juego y la tribuna se comparten. La pelota no se mancha, pero permanentemente se divide. Los botines y las medias tienen nombre, apellido, pisada y talle. La camiseta es la que brinda individualidad (por sus colores) y unidad a la vez, porque son el manto sagrado de jugadores e hinchas. Pero las figuritas se convierten en la manera más cercana de interactuar con los ídolos.

Completar el álbum

Se pueden tomar distintos ejes para hablar de figuritas. Y los iré abordando en las distintas ediciones de 'Minuto de Marketing' hasta que los ídolos de verdad, no los de cartón, regresen de sus vacaciones. Se puede encarar desde cómo generaban ventas de cigarrillos Dólar o Chocolatines Aguila; quizá desde los nombres de las colecciones (Bicicleta, Starosta, Tuno, Cola, Lali, Po-Po, Klodnyke, Pony, Aruc, Upa, Rompe-Sesos, Piraña, Nona o Pif-Paf, por citar los más exóticos) o incluso desde los fabricantes, donde sobresalieron Crack, fundada por Ernesto Gutiérrez (no el socio de La Dolfina, sino un ex jugador de Racing y la selección) hasta las más recientes Ultra Figus, Cromy, Upper-Deck, DS Sticker Collections hasta Panini; o incluso desde las fichas con errores, como por ejemplo al arquero de Deportivo Español que en la colección 'Campeón' de 1966 le pusieron Brion y es Broin, o en las 'Nuevo Album Fulbito' de 1974, donde salieron invertidos los nombres en las formaciones de los equipos de Argentinos Juniors y All Boys.

Elegí empezar esta serie de recuerdos que se transformaron en negocio de la memorabilia por las 'Malditas Difíciles', y me subí al título de una increíble obra editada por los especialistas Rafael Bitrán y Francisco Chiappini en 2002, que hace honor a su nombre al ser de muy dificultoso acceso.

Los mismos autores también editaron otra obra maestra (ésta un poco más sencilla de conseguir) a la que bautizaron 'Idolos en cartón'. Lo bueno que tienen las difíciles para el espacio (que como el tiempo, es tirano) es que no se necesita de mucha explicación. Con solo enumerarlas, se generará un enérgico 'la pà que los parió' que es sano, lógico y que se acepta.

Puntorero en las Fulbito '64, Restivo en Golazo '65, Willington en las Campeón 1966, Rojitas en la colección Chapitas del '70, León Martínez de Ferro en las Minifútbol 1972, Ferrero en las Golazo 1973, Mukombo, de Zaire, en Munich '74 y Togneri en las Fulbito del mismo año; y ni que hablar de Carrascosa en Campeones de 1976, generaron un mercado secundario del 'te cambio esa por este pilón', o incluso mantienen la espina de no conocerle la cara al más insultado de todos a la hora de hojear el álbum.

Curioso, porque en muchos casos, esa maldita difícil tenía un touch diferente a las otras, producto de que se hacía una vez y el original era guardado en un cofre con siete llaves por el mismísimo dueño de la empresa fabricante. De haberlo sabido antes, yendo a los números, hoy una Pintier vale 270 pesos, y antes, como zanahoria, entregaban una de menor calidad.

Olvidémonos de las 300 que, en promedio, había que juntar. Solo con lo que vale la 'difícil' de ese álbum se podrían comprar una docena de aquel soñado premio. Pero los fríos números caen desplomados ante esa sensación de buscar ilusionado un kiosco de otro barrio donde alguien tenía el dato de que ahí estaba el sobrecito con la que nadie tenía.

La "difícil"

Esta columna no tiene imágenes porque habla de lo difícil y estaría contando el final del chiste. Y no es casual que cierre el año de historias de marketing hablando de figuritas y empezando por las malditas difíciles. Me puse a investigar el tema por una historia personal.

En 1973 cursaba 4to. grado en la Escuela Nro.6 de Adrogué cuando en un recreo me robaron la más jodida (Enzo Ferrero, electrizante wing izquierdo de Boca y el Sporting de Gijón), que días antes de ese maldito

recreo me propusieron cambiarla como por 400 y dije que no. Hace poco, como regalo de mis 50 años, salí a buscar al Piki Ferrero para cerrar un capítulo de mi propia historia.

Apareció una, y me ganó de mano alguien que conozco, quien puso sobre la mesa 5000 pesos y redujo así a la mitad el camino para llegar a su sueño de tener todas las caras, caricaturas y escudos xeneizes de la historia. Ahora, todos sus cañones están puestos en tener la única que le falta para cantar 'Bingo'. La pregunta del millón que este amigo se hace es si Angel Clemente Rojas tendrá en su propio baúl de los recuerdos la figu con su rostro de la colección Chapitas 1970.

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