Las selecciones del Viejo Continente ratificaron una supremacía que se viene marcando desde hace muchos años, con correlato en el mundial de clubes. Proyectos y organización, las claves.

Europa tiene la pelota a nivel mundial. Los resultados están a la vista. Y las razones y los motivos dan lugar a un análisis que marcará detalles clave que explican este reinado futbolístico de las selecciones del Viejo Continente.

En este Mundial hay un combo pleno europeo para los cuatro partidos que restan, los que distribuirán los escalones del podio, pero ya en las últimas cuatro competencias mundialistas, tomando como punto de partida la cita en Alemania 2006, quedaron en manos de selecciones del ámbito de UEFA.

Desde entonces hubo premio dorado para la tradición ganadora de Italia, la brillante España de Andrés Iniesta y compañía y también para el revolucionario proyecto alemán encabezado por Joachim Löw.

En esta ocasión los que entraron en escena son las generaciones de futbolistas que vienen trabajando desde hace un tiempo en conjunto y que se proyectan, con plazos determinados que bien se puede adelantar o postergar, de la mano de un proceso de formación y desarrollo que tiene su base en las selecciones juveniles, con competencias que tienen continuidad, diversidad y seriedad.

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Por el lado de la llave más complicada aparecen Francia y Bélgica. Los “Bleus” llegan con la conducción de un Didier Deschamps que, con 81 partidos oficiales. Es el entrenador con más continuidad en la historia de la selección y combinó a algunos futbolistas con experiencia, con otros que están dando sus primeros pasos grandes. Y en esa combinación encontró equilibrio, juego y un potencial con el que tiene asegurada una continuidad en el rubro protagonismo.

Lo de Roberto Martínez al frente de Bélgica fue clave para el cambio de mentalidad de lo que es la mejor camada de futbolistas de la historia. A partir de una elección, tan criticada como acertada con la que por ejemplo marginó a Radja Nainggolan, el entrenador español explotó al máximo un grupo que cuenta con todas las condiciones, pero que pecaba de cierta debilidad a la hora de confirmar su potencial.

La llave más generosa, la que liberó el camino con algunos resultados ilógicos en la fase de grupos y la posterior e inesperada salida de España, agrupa a Croacia e Inglaterra.

Por el lado de los primeros, considerados para muchos como sorpresa, aparece una formación que marca el desequilibrio con el talento de Luka Modric o Iván Rakitic, pero que fundamentalmente se sostiene su buen andar en una formación sólida.

El milagro inglés

Los ingleses son el gran ejemplo de una verdadera transformación. Tras el fracaso en Brasil 2014, recurrió Gareth Southgate, hasta entonces director técnico de la Sub 19, y puso en marcha un proyecto ambicioso con lugar para los juveniles y que siempre tuvo como objetivo mejorar lo conseguido anteriormente.

Claro que cada una de estas cuatro selecciones que marcan el ritmo final en Rusia, tienen una ventaja muy importante por sobre sus adversarios con chapa sudamericana.

La misma pasa por el costado organizativo. Reunir a sus futbolistas, con distancias cortas y buena predisposición de parte de los clubes de UEFA, es fundamental para desarrollar un trabajo de preparación con mayor continuidad.

Esta misma tendencia se refleja en la competencia a nivel clubes. Porque si bien en este ítem entra a jugar un papel vital el poderío económico que arrastra a las figuras de todos los puntos del planeta fútbol y hace muy desigual la competencia. El Mundial de Clubes, por ejemplo, tuvo campeones europeos en 11 de las últimas 12 ediciones.

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