La fiscal tiene varios interrogantes: ¿a qué velocidad viajaba García? ¿Se detuvo o ni siquiera tocó el freno? ¿Huyó porque se asustó o porque quería ayudar a Rodas? ¿Es imputable o sufre algún problema psiquiátrico?
¿A qué velocidad viajaba el locutor Pablo Daniel García (28) cuando atropelló y mató al vigilador Reinaldo Rodas (53)? ¿Se detuvo para ayudar a la víctima o ni siquiera tocó el freno? ¿Tenía tanto alcohol en sangre como para no comprender lo que hizo? ¿Huyó porque se asustó, porque quería salvarlo a Rodas o porque lo venía persiguiendo otro auto y quería escapar? ¿Qué pudo haber pensado para viajar 17 kilómetros por la Panamericana con un cadáver en su auto? ¿Es imputable o sufrió algún problema psicológico o psiquiátrico?

Todas esas preguntas, entre otras, se las plantea la doctora María Inés Domínguez, titular de la UFI Nº 3 de Pilar. La fiscal deberá, en las próximas horas, resolver la situación de García para luego llamarlo a declarar como acusado. La indagatoria se realizaría, según las fuentes consultadas, en el transcurso de la semana. Por ahora, la causa está calificada como "homicidio culposo", aunque la querella (los abogados que representan a la víctima) pedirán que se cambie a "homicidio simple con dolo eventual". El primer delito es excarcelable, mientras que el último lo llevaría a la cárcel.

Si bien en principio el caso fue extremadamente confuso, con varias versiones encontradas, con las declaraciones del viernes pasado, los investigadores han podido armar un relato más creíble de lo que pudo haber ocurrido. Sobre esos testimonios, posiblemente, se centrará la acusación de la fiscal, además de los peritajes técnicos que aún se están realizando en el más estricto hermetismo.

A partir del relato de Leonardo Eidelman, un policía retirado que regresaba a su casa luego de ir a buscar a su hija a un boliche de Pilar, la Justicia ha logrado tener una idea más cercana de cómo pudo haber sido el momento de la muerte de Rodas. Este testigo no favoreció para nada a García.

El hombre contó que cuando viajaba por la Panamericana, en dirección Norte-Sur, vio a unos 300 metros que un Peugeot 504 regresaba bruscamente de la banquina al carril lento de la autopista. No vio el momento de la embestida, pero sí dijo que le llamó la atención la polvareda que levantó el coche y cómo regresó zigzagueante a la ruta.

El testigo, además, comentó que al pasar por el lugar del incidente vio la bicicleta tirada, mientras el Peugeot 504 marchaba a gran velocidad. Eso lo preocupó, pensó que podían ser delincuentes, por lo que aceleró y lo persiguió, mientras se comunicaba con el 911 para informar sobre la emergencia.

Al darle alcance, "vi un borceguí o zapato como apoyado en el hombro del conductor", dijo en la declaración. Fue justo en ese momento, según las palabras del testigo, que el conductor del auto aceleró aún más, alcanzando unos 130 km por hora, aproximadamente. El policía retirado, que hasta ese momento seguía pensando que eran ladrones, no continuó con la persecución porque en su auto iba su hija adolescente.

El conductor, también, dijo que bajó de la Panamericana en la avenida Olivos, unos 15 kilómetros más adelante del fatídico kilómetro 52. En la rotonda había un patrullero, por lo que se acercó e informó sobre la situación a los policías que estaban en ese puesto de vigilancia. Para entonces, ya había perdido de vista al Peugeot 504.

Otro punto clave fue el hecho de no haber visto en ningún momento las luces encendidas del freno del auto de García. O bien estaban dañadas o jamás pisó el mencionado freno. Ese punto, que es importante para la investigación, será aclarado por los peritos mecánicos de la Policía Científica.

Pero, en contraposición con lo que dijo el anterior testigo, también declaró la cajera del peaje Tortuguitas de la Autopista Panamericana, donde finalmente fue demorado García y se comprobó que el ciclista ya había fallecido. El forense, al realizar la autopsia, informó que la muerte sobrevino "como consecuencia de un traumatismo de cráneo encefálico y cervical". O sea murió en el acto por el golpe en la cabeza y desnucado.

Verónica Iglesias, la cajera, contó en sede judicial que le llamó la atención que el Peugeot tuviera el parabrisas destrozado y vio al conductor con sangre en el rostro. Comentó que ni siquiera se había dado cuenta de que había otra persona en el auto, mucho menos fallecida, cuando García le dijo "traigo a un atropellado". Ella sólo contestó: "Quedate tranquilo, ya te llamo a la ambulancia". Lo que es cierto, al menos a partir de este testimonio clave, es que el conductor, en ese momento, no tuvo la intención de escapar.

A partir de los relatos anteriores surgen preguntas: ¿por qué escapó, si es que lo hizo, en el momento del accidente y después pidió ayuda en el peaje? ¿estaba shockeado o el nivel de alcohol que tenía, tal como se demostraría después, no le permitió tomar otra decisión? ¿O recién pidió ayuda cuando ya no tenía posibilidad de seguir huyendo? Como se sabe, cuando le hicieron el dosaje alcohólico con una pipeta arrojó 1,45, cuando el nivel máximo permitido para conducir es 0,5.

Lo cierto es que la causa comienza a tomar impulso. Pero, como en tantos otros casos, el diablo metió la cola. Por una supuesta disputa entre dos grupos de peritos, los que tenían que ir a realizar los estudios en el lugar del hecho jamás fueron. Y el médico policial, pese a que el hecho fue a las 6, nunca llegó, por lo que el cuerpo fue retirado del lugar a las 11 sin ser revisado. Esto motivó el pedido de procesamiento de cinco efectivos, entre ellos el profesional de la salud.

La mencionada inoperancia de dichos peritos -que seguramente provocará problemas a la investigación y planteos de nulidades, especialmente porque no se le hizo la extracción sanguínea al acusado-, generó algunas suspicacias en cuanto a una posible intencionalidad para favorecer al acusado, más aún teniendo en cuenta que el padre de García es el conocido periodista Eduardo Aliverti.

Pero, en rigor, ningún familiar directo o indirecto del sospechoso se comunicó con jefes policiales o funcionarios judiciales para pedir la más mínima ayuda o favor, según pudo comprobar este cronista luego de consultar a seis fuentes altamente calificadas. En concreto, los peritajes no se hicieron, por exclusiva responsabilidad y negligencia de los encargados de esa tarea. La causa por el insólito y brutal hecho, a una semana, comienza a encaminarse.

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