En ese contexto cobra sentido la negociación que impulsa el oficialismo para modificar las reglas de juego electorales. La discusión sobre las colectoras y otros mecanismos que permitan flexibilizar las alianzas no responde únicamente a un debate técnico. La intención es ofrecerles a los gobernadores una herramienta que les permita preservar sus sellos provinciales y, al mismo tiempo, acompañar una eventual candidatura presidencial de Milei.
La apuesta responde a una necesidad concreta. La Libertad Avanza construyó una marca nacional de enorme potencia electoral, pero todavía carece de la estructura territorial que poseen los oficialismos provinciales. Los gobernadores aportan intendentes, legisladores, fiscales, equipos políticos y conocimiento del territorio. El Gobierno, en cambio, aporta una figura presidencial que continúa liderando las encuestas nacionales. La negociación busca unir esas fortalezas.
Las provincias también llegan con incentivos propios. El ajuste fiscal aplicado por la Nación redujo al mínimo las transferencias discrecionales y obligó a la mayoría de los gobernadores a administrar presupuestos mucho más ajustados. La necesidad de mantener canales de diálogo con la Casa Rosada dejó de ser una cuestión de afinidad política para transformarse, en muchos casos, en una condición de gobernabilidad.
Javier Milei, su hermana Karina y Santilli apuestan a la construcción de poder político rumbo a las elecciones de 2027.
En el oficialismo reconocen que la experiencia de estos años dejó varias enseñanzas. La primera es que ninguna reforma económica se sostiene sin respaldo legislativo. La segunda es que una elección presidencial no se gana únicamente desde las redes sociales o los estudios de televisión. También hace falta organización territorial, fiscales y dirigentes capaces de defender cada voto en cada distrito.
Por eso, el desembarco de Santilli tiene un significado que excede el cambio de gabinete. Su principal tarea no será administrar ministerios, sino administrar política. Construir consensos, ordenar la estrategia parlamentaria y fortalecer la relación con gobernadores e intendentes que hasta hace poco ocupaban el lugar de adversarios permanentes.
Nada de esto supone un abandono del discurso que llevó a Milei al poder. La confrontación con la “casta” seguirá siendo parte de la identidad libertaria. Pero una cosa es el relato que cohesiona al electorado propio y otra muy distinta la ingeniería política necesaria para construir una mayoría capaz de sostener un segundo mandato.
En la Casa Rosada saben que la economía seguirá siendo el principal activo electoral del Presidente. Si la inflación continúa descendiendo y la recuperación comienza a sentirse en el bolsillo de la sociedad, el oficialismo llegará fortalecido al próximo turno electoral. Pero también entienden que ningún éxito económico garantiza, por sí solo, una victoria política.
Ese parece ser el verdadero cambio de etapa que atraviesa el Gobierno. La motosierra sigue siendo el símbolo con el que Milei transformó la Argentina. Pero mientras Luis Caputo trabaja para consolidar la estabilidad económica, Diego Santilli comenzó una tarea mucho más silenciosa: construir el entramado político que permita convertir esos resultados en una nueva mayoría electoral. Porque bajar la inflación puede acercar una reelección. Construir poder es lo que puede garantizarla.