Cristina Kirchner va delineando una estrategia que apunta a consolidar su capital político de cara a su futuro. El viaje a Europa de Alberto Fernández.

Fue como esas cadenas nacionales en lo que la entonces presidenta de la Nación había instaurado como su prime time. ¿Cómo olvidar los patios militantes de la Casa Rosada? Ahora ella tuvo algo parecido ante sí en un auditorio afín en el Chaco, otro territorio que considera propio con un gobernador que se ilusiona con una candidatura presidencial en 2023. El panorama es tan poco claro que nadie puede negarle a Jorge Capitanich la posibilidad de mantener esa ilusión.

Tampoco lo tiene claro el cristinismo en general, ni siquiera su principal referente en particular, que sí ya tendría decidido reforzar sus apariciones públicas. Algunos en lo más alto del poder interpretaban lo del viernes como el lanzamiento de campaña de Cristina Fernández de Kirchner. ¿Campaña para qué? No a una candidatura, que hoy por hoy tampoco nadie se anima a descartar; más bien al objetivo de consolidar su espacio, a futuro, en el papel que le toque.

Porque tiene claro la vicepresidenta que las elecciones de 2023 se presentan como "complicadas" -para ser benignos- para el oficialismo, aunque -política al fin- no las dará por perdidas antes de tiempo. Por lo pronto ha sentado las bases en las que se basará su proyecto futuro.

Reflotada Unidad Ciudadana, esa marca le servirá al cristinismo más allá del fin circunstancial que tuvo revivirla para capturar un puesto más en el Consejo de la Magistratura. Amén de que tiene en la mira garantizar para su espacio tres o cuatro lugares de los ocho que le corresponden al Poder Legislativo en la futura conformación de ese organismo a partir de noviembre, si como todo indica se mantiene el esquema reinstaurado por la Corte. Así sería por los próximos dos años, aun fuera del poder.

Que el martirio del viernes se repita sistemáticamente atormenta los espíritus de quienes habitan la Casa Rosada, donde sin embargo respiraban aliviados el viernes. Como cada vez que va a pronunciarse CFK, temían lo peor, luego del terreno que había abonado en los días previos Andrés "Cuervo" Larroque.

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Una ruptura es siempre el fantasma que aflige a Alberto Fernández, que en la previa de la aparición de Cristina en el Chaco anduvo por el otro extremo del país, en Tierra del Fuego, donde pronunció una y otra vez la palabra "unidad" en todas sus formas y acepciones. Contrariamente a lo que piensa su núcleo duro, donde "perdido por perdido" -tal la frase que deslizan- no dejan de ilusionarse nunca con la independización de un albertismo nonato.

Está claro que para el Presidente, esa alternativa no tendría la menor posibilidad de prosperar, más allá de un efímero fervor inicial. Su gobierno no tendría destino sin la presencia del sector dominante del Frente de Todos. Y una actitud independentista tendría sus serios riesgos: ¿qué garantiza que una muestra de autoridad presidencial como podría ser el despido de alguno de los encumbrados funcionarios camporistas vaya a ser obedecida? Si ya un funcionario de segundo orden como el subsecretario Federico Basualdo se le insubordinó hace un año y resistió su despido…

Si se diera tal situación, Alberto Fernández perdería el resto de autoridad que le queda. No está dispuesto a probar. Andrés "Cuervo" Larroque ya fue muy claro: "El gobierno es nuestro". A buen entendedor…

El consultor Carlos Fara lo analiza así: "Alberto no sabe, no puede o no quiere escalar el conflicto con Ella, ya que si los funcionarios cristinistas del área desobedecen puede ser el inicio de una guerra mundial. O puede ser otra cosa: una rendición semi incondicional del presidente.

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¿Qué es lo que quiere el cristi/kirchnerismo al limar permanentemente al Presidente? Es la pregunta del millón. Cristina ha dicho en privado que ella no será Cobos, ni Chacho. Debe interpretarse por semejante cita que no votará en contra del gobierno si alguna vez le toca desempatar, aunque ello no implique que vaya a evitar inspirar insurrecciones.

Tampoco se irá, como hizo el vice de Fernando de la Rúa, al que el kirchnerismo supo encolumnar. Digámoslo con todas las letras: ¿Forzará la salida de su elegido para sentarse ella en el sillón de Rivadavia? En función de los hechos, muchos que hasta hace un tiempo lo descartaban de plano, ahora tienen dudas. Pero eso no sucederá. ¿Para qué querría Cristina Kirchner hacerse cargo por un año y medio en semejantes circunstancias? Es más: tiene claro que una eventual vuelta a la primera magistratura por vacancia representaría unos pocos días de frenesí de su tropa más fiel, con la inmediata repulsa del otro lado de la grieta y, más aún, el eventual entusiasmo no se extendería más allá de unos pocos días.

Eventualmente, el escenario más probable en caso de que Alberto Fernández se desmorone sería un adelantamiento de elecciones. O si la situación se tornara inmanejable.

Incluso en el Instituto Patria podrían llegar a verlo con buenos ojos, pues si el destino final es el que imaginan, ¿para qué ir a elecciones en el medio de un colapso?

En vísperas de emprender un viaje a Europa que le servirá para recuperar oxígeno, el Presidente ha dicho a sus funcionarios más cercanos que él resistirá.

De hecho, es optimista respecto de los tiempos por venir. Matías Kulfas le pasa datos auspiciosos y ese es uno de los temas que más irritan al cristinismo, que no le cree y que sabe que los datos de la macroeconomía se deshacen con una inflación del 60%.

La "agenda productivista" que auspicia el ministro de Producción incluye un paquete de leyes que el año pasado el oficialismo no pudo tratar; lo mandó a extraordinarias y aún siguen esperando. Ahora, por fin, se adelanta que el martes que viene comenzará a debatirse en comisión el proyecto de Compre Argentino, que no tendría mayor problema de avanzar, si el oficialismo no se cierra respecto a eventuales cambios que pueda sugerir la oposición.

La "agenda Kulfas" incluye también el proyecto de electromovilidad. En el Patria ironizan con el deseo oficial de avanzar con la producción de automóviles eléctricos, híbridos o propulsados a celdas de hidrógeno. Pero sobre todo lo resisten porque la norma establece que a partir de 2041 no se podrán vender vehículos cero kilómetro propulsados a combustibles fósiles. De origen patagónico al fin, el kirchnerismo se pone del lado de las petroleras, que resisten ese plazo.

La semana que pasó el gobierno encontró en el Congreso señales claras de que si negocia le puede ir bien. Así pudo aprobar tres leyes consensuadas por amplio margen. Sigue equivocándose, como cuando convocó a una sesión para abortar la sesión de la oposición para boleta única de papel sin estar seguro de que tendría el número para el quórum. Al advertir que no llegaba a 129, tuvo que negociar con una oposición que después impuso su número para apurar el tratamiento del cambio del sistema de votación. Que era lo máximo que podía llegar a aspirar, pues nunca tuvo los 2/3 para aprobar una ley que merece mayor debate.

Quedó claro el jueves que la oposición puede imponer su agenda. En ese caso le queda al Frente de Todos la instancia del Senado para obturar lo que se apruebe en Diputados.

Ese sería el destino de la boleta única, como ya esbozó el viernes Cristina que resumió el tema así: "Votás una lista de diputados como si fuera una ristra de chorizos y ajos". Aunque no se descarta que la oposición pueda salirse con la suya, pues los diputados de Juntos Somos Río Negro se han mostrado a favor de la boleta única, lo que sugiere que el senador Alberto Weretilneck podría apoyar, rompiendo el habitual alineamiento que mantiene con el oficialismo en el Senado. Más la oscilante riojana Clara Vega, la oposición podría sacar la ley que en junio tendría media sanción.

Mientras tanto el cristi/kirchnerismo sigue dando señales en el Congreso, con un Máximo Kirchner que presentó un proyecto para adelantar el aumento del salario mínimo. Una iniciativa propia de un legislador opositor, que grafica claramente el estado de cosas. Paralelamente en el Senado los oficialistas presentaron un proyecto previsional no consultado con las autoridades económicas, capaz de impactar fuertemente en el endeble sistema previsional.

Cristina no gobierna, ni quiere hacerlo antes de diciembre de 2023, pero quiere dejar claro que si no hay manera de frenar la inflación, al menos los sueldos deben correr a ese ritmo. De ahí su saludo a Sergio Palazzo por el 60% alcanzado por los bancarios, y su hijo diciendo este sábado en Los Toldos que "lo que hay que subir son los salarios".

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