Piensa que cada ser humano acciona frente al miedo conforme a las circunstancias que se le presentaron en la vida. Admite que desde que es padre sus temores personales ocupan un segundo lugar. Lo atemoriza la violencia de la vida cotidiana, pero no vive paranoico en torno a la realidad. Habla Rodolfo Ranni, un actor que no permite que los problemas que lo circundan se suban junto a él al escenario.
-Es algo que paraliza. Cuando yo era chico, vivía en Italia y había estallado la Segunda Guerra Mundial. Por ese entonces, mis miedos tenían que ver con la guerra, con los cuentos de los ancianos y con escuchar las conversaciones con mis abuelos que hablaban del hombre sin cabeza y cosas por el estilo.
-Sin duda. En última instancia, el temor a que le suceda algo malo a un ser querido, también es un miedo personal, porque es uno el que lo siente, más allá que no tengan que ver con la propia humanidad.
-Si noto que está muy preocupado, intento minimizar sus temores mediante el diálogo. Trato de ayudarlo de la mejor manera, más allá del consejo.
l ¿Usted manifiesta sus temores?-Sí, porque así fue mi vida. Creo que esto tiene mucho que ver con lo que nos toca vivir. Uno se tiene que acostumbrar a lo que va sucediendo y manejarse según las circunstancias que la vida nos pone por delante.
l De la realidad cotidiana, ¿algo lo atemoriza?-¡Qué sé yo! Salís a la calle y no sabés qué te puede ocurrir. Vas con el auto, alguien te choca y no sabés en qué puede terminar las cosas, porque en la sociedad existe un grado de violencia en el aire. Creo que esto tiene que ver con la situación del país, con la cotidianeidad de la gente, con la falta de trabajo, con proyectos no realizados y con deseos insatisfechos.
l ¿Vive paranoico por estas cuestiones?-Para nada, pero estoy alerta. Mi trabajo tiene que ver con la observación y noto que la gente está esperando que le prendan una mechita para saltar por algo.
l ¿Cómo influyen estas situaciones en el momento de actuar?-Sí. Puedo estar volando de fiebre, pero me meto en el personaje y se me pasa, porque el personaje no tiene fiebre, pero salgo de escena y vuelvo a volar de fiebre.
l Mientras está en escena, ¿su vida queda entre paréntesis?-No lo sé. Todo depende de cómo tomes el laburo. Yo hago como Pedro López Lagar: "Me pongo la gorra y salgo de escena". Termina la función, me saco la gorra y me voy a mi casa. No me roza nada de lo que sucede en escena. Uno deber estar muy atento para que el personaje haga lo que uno quiere y no que el personaje haga de uno lo que él quiere.
l ¿Toma al escenario como una extensión de su casa?-No. Es sólo un ámbito de trabajo. Algunos se lo toman demasiado en serio, otros necesitan relajarse antes de salir a escena, hay quienes deben pasar la letra aunque hayan hecho mil funciones. No es mi caso. Yo laburo con la repentización.
l ¿Usted no siente que se le va la vida en lo que hace?-¡Qué se me va a ir la vida! Lo que ocurre en el escenario no tiene que ver conmigo. Es más, debe ser así. Si el personaje tiene que ver con uno, se pierde el placer de actuar.
l ¿Ha sufrido pánico escénico?-No, pero con los años me pongo más nervioso en un estreno. Es más, me gustaría que estrene otro y yo pudiese presentarme al día siguiente (risas).
l ¿Le pasa sólo en el teatro?-Sí. En el cine laburé con los más grandes directores y siempre tuve gran libertad creativa. En la tele, me muevo como pez en el agua. Estudio la letra en el momento y digo lo que está escrito. Si me das el libro tres meses antes, ni lo abro.
l ¿Es como un desafío?