Por la Dra. María Florencia Lucion, médica pediatra (MN 102.877), staff de Epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y presidente de la Subcomisión de Epidemiología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Los virus respiratorios provocan epidemias estacionales en cada temporada invernal. Este año nos encontramos transitando una pandemia por un nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) que emergió a finales de 2019 en China, extendiéndose globalmente a alta velocidad. Debido a la ausencia de vacunas y tratamientos, la medida más efectiva para contener su propagación continúa siendo el distanciamiento social.

Además de contener la transmisión del COVID-19, la “cuarentena” generó una reducción de la circulación de los virus respiratorios que provocan resfríos, gripe, laringitis, bronquiolitis y neumonía. Según datos del Ministerio de Salud, hasta la fecha las notificaciones de estas patologías están muy por debajo de lo esperado para el mismo período en años anteriores.

Los niños presentan anualmente entre seis y ocho cuadros respiratorios virales y debido a su constante interacción en escuelas y al descuido de las medidas de higiene, son importantes transmisores. Los principales agentes son virus influenza, parainfluenza, rinovirus, virus sincicial respiratorio, enterovirus, adenovirus y otros coronavirus. Se propagan mediante el contacto con secreciones o a través de gotitas expulsadas por la tos o el estornudo de una persona infectada.

El espectro de síntomas es amplio y muchas veces indistinguibles entre los diferentes virus. Si bien sabemos que el resfrío común (causado generalmente por rinovirus) se caracteriza por congestión nasal, tos, estornudos y fiebre baja, cuesta diferenciarlo de estados gripales producidos por el virus influenza (gripe) con cuadros febriles más intensos, malestar general y dolor de garganta. Síntomas como secreción nasal (rinitis), estornudos, picazón en los ojos e incluso tos repentina pueden sugerir la presencia de un cuadro alérgico, especialmente durante cambios de estación y ante variaciones climáticas bruscas. A diferencia de un resfriado, la causa no es viral.

Para establecer un diagnóstico preciso, es necesario analizar secreciones respiratorias, obtenidas a través de un aspirado o hisopado en nariz y/o garganta, pero solo se realiza a niños con factores de riesgo o quienes presenten cuadros graves que requieran hospitalización.

Actualmente, los pediatras estamos atentos a aquellos síntomas que forman parte de la definición de caso sospechoso de COVID-19, que nos obliga a testear e indicar aislamiento estricto hasta obtener el resultado.

La única infección respiratoria viral prevenible mediante la vacunación es la gripe, indicada para niños entre 6 y 24 meses, personas con factores de riesgo y adultos mayores de 65 años.

Las medidas preventivas más efectivas durante esta pandemia son el distanciamiento social y la correcta higiene de manos. Sería sumamente beneficioso que este cambio de hábitos perdure en el tiempo, ya que ha generado una disminución significativa en la transmisión de todos los virus respiratorios y consecuentemente, podría significar una reducción de casos graves en futuras temporadas.

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