Neumonólogos argentinos estiman un crecimiento en casos de fibrosis pulmonar en el país, que se encuentra en el grupo de las "enfermedades intersticiales", y se estima que los casos estarían en aumento debido a la mayor expectativa de vida y mejores técnicas de diagnóstico.

La Fibrosis Pulmonar Idiopática (FPI) se produce cuando el tejido del pulmón se daña progresivamente y cicatriza, tornándose más grueso y rígido. Es una patología cuya causa aún no ha sido identificada, pero se presume que ciertos factores ambientales y genéticos pueden contribuir a su aparición.

“Existen más de 200 tipos diferentes de fibrosis pulmonares (FP) o intersticiales. Si bien en la mayoría de los casos no se conocen las causas, sí existen factores asociados con ella y son los siguientes: tabaquismo, exposición prolongada a contaminantes o polvos ambientales o laborales; infecciones pulmonares virales o bacterianas; ciertos medicamentos como algunos antibióticos, antiarrítmicos, anticonvulsivos, enfermedad de reflujo gastroesofágico (ERGE) y predisposición genética” explica el Dr. Juan Ignacio Enghelmayer (MN 108.432), neumonólogo, Coordinador de la Sección de Enfermedades Intersticiales de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria.

El síntoma más común de la FP es la disnea, que muchos pacientes describen como una “sensación de ahogo”. “Otros síntomas habituales son tos seca frecuente e irritativa, fatiga y debilidad, malestar en el pecho, pérdida de apetito y pérdida de peso sin motivo aparente. Los síntomas pueden no estar presentes en los estadíos tempranos de la enfermedad y presentarse cuando esta ya se encuentra avanzada” explica el profesional.

Si la enfermedad avanza y el daño a los pulmones se agrava, en primer lugar puede haber falta de aire ante esfuerzos como, por ejemplo, subir una escalera. Luego la disnea va progresando a menor actividad física, como ducharse y vestirse.

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“En muchas ocasiones, el diagnóstico de FPI puede ser dificultoso y requerir un equipo médico multidisciplinario que incluya patólogos, especialistas en imágenes, reumatólogos y neumonólogos, quienes debatirán sobre los diagnósticos diferenciales. En nuestro país, muchos centros cuentan con esta metodología” dice Enghelmayer.

“En primer lugar, el profesional tratante realizará una serie de preguntas y examinará al paciente para confeccionar su historia clínica. Luego, se utilizarán evaluaciones y pruebas diagnósticas para determinar si efectivamente se trata de fibrosis pulmonar, comenzando con una radiografía de tórax y una tomografía computada de alta resolución, que ayudarán a los médicos a identificar más claramente el tipo y grado de fibrosis. Además, las pruebas de función pulmonar permitirán medir la cantidad total de aire en los pulmones y evaluar el flujo de aire que entra y sale de estos. En algunos casos, puede ser necesario recurrir a una biopsia pulmonar quirúrgica para realizar el diagnóstico de FPI”, explica el profesional.

El curso clínico de la FPI es muy variable y puede ser difícil de predecir. Por eso, las estrategias para tratarla dependerán de cada caso en particular. Y, aunque hasta el presente no se conoce una cura “es importante tener en cuenta que sí cuenta con diferentes opciones terapéuticas para controlar la enfermedad, de modo que el paciente pueda tener una buena calidad de vida y realizar las actividades de la vida cotidiana”, señala.

La atención médica habitual puede incluir tratamientos farmacológicos, oxígeno suplementario, rehabilitación respiratoria, vacunas preventivas o trasplante de pulmón. Este último continúa siendo el tratamiento más viable para prolongar la vida de quienes padecen FPI, si bien se trata de una opción que se debe consensuar con el médico.

“Además de la terapéutica farmacológica, se suelen indicar otras medidas como rehabilitación respiratoria, que incluye acondicionamiento, entrenamiento y ejercicios de respiración, control de la ansiedad, el estrés para restaurar la capacidad del paciente para hacer actividades sin dificultad para respirar” concluye el profesional.

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