Entre la numerosa cantidad de técnicas que se conocen para aliviar dolores y distintos trastornos ocasionados por el estrés, figura el shiatsu. Su traducción del japonés significa “presión con los dedos”
Se trata de una terapia manual milenaria, originaria de Japón que se extendió por el mundo. Tokujiro Namikoshi es quien elaboró un método de enseñanza y aplicación del Shiatsu que lo llevó a su reconocimiento oficial por los ministerios de Sanidad y Educación de Japón, que define a esta técnica como un tratamiento que, aplicando unas presiones con los dedos pulgares y las palmas de las manos sobre determinados puntos, corrige irregularidades, mantiene y mejora la salud, contribuye a aliviar ciertas enfermedades tales como molestias, dolores, estrés, trastornos nerviosos, entre otros, y activa también la capacidad de autocuración del cuerpo humano sin ocasionar efectos secundarios. El Shiatsu está inspirado en la sabiduría tradicional que propone “Vivir en armonía con la Naturaleza”. Su conocimiento lo recibe de la Medicina Tradicional China, a partir de los puntos de energía que se utilizan en la Acupuntura, de la rica tradición japonesa en la teoría y la práctica del masaje, y de la Quiropraxia americana. En la actualidad, en Europa y Estados Unidos está no sólo aceptado y reconocido, sino también ampliamente difundido. Existen Escuelas especializadas y Centros de Shiatsu en París, Londres, Roma, Madrid, Barcelona y New York, entre las ciudades más importantes. Vinculado a la medicina natural, el Shiatsu refuerza el sistema inmunitario, equilibra el sistema nervioso autónomo , mejora el metabolismo, aumenta el rendimiento físico e intelectual, eleva el tono vital, proporciona bienestar físico y emocional, despierta la conciencia del cuerpo, responsabiliza sobre la propia salud y mejora las relaciones humanas. El Shiatsu propone que es mejor prevenir que curar. Según dicen los especialistas, con una sesión semanal contribuimos a no enfermarnos, y al carecer de efectos secundarios, es también aconsejable en enfermos crónicos que prefieren la alternativa de terapia natural o no puedan ser tratados con medicamentos. Es importante que el paciente se sienta cómodo durante la sesión . La presión que reciba, aunque a veces dolorosa, no debe suponer sufrimiento. Se sabe que el umbral de dolor varía en cada persona, por eso si el paciente siente la presión muy fuerte deberá comunicárselo al terapeuta. El Shiatsu no actúa como la medicina alopática, no combate directamente el síntoma, sino que va al origen de la enfermedad y despierta los poderes curativos del cuerpo. No es una técnica que cure por sí misma, sólo ayuda a que el paciente restaure su equilibrio y, en un estado de armonía natural, mantenga o recupere la salud. Tal como lo asegura uno de sus promotores, Tokujiro Namikoshi: “ El Shiatsu es como el amor de madre; la presión sobre el cuerpo estimula la fuente de la vida”. De forma inconsciente, cuando las personas sienten algún tipo de flojedad, rigidez, entumecimiento o dolor en alguna parte del cuerpo, se frotan o presionan la zona afectada con las manos. Acciones instintivas como éstas para curar los desórdenes son anteriores a la medicina y la historia misma. La palabra japonesa para tratamiento (teaté) y la que define a estados que se escapan por completo de control (te-okure), ambas incluyen la palabra mano (te) y sugieren la importancia que los antiguos terapeutas daban a la manipulación. A pesar de que puedan diferir en el método, tanto el masaje occidental como el oriental, conocido como amma, derivan del uso instintivo de las manos para curar. El amma, que se originó en China y pasó luego a Japón, fue durante mucho tiempo muy popular debido a su conveniencia. Alcanzó su máximo desarrollo de popularidad durante el período de 1600 al 1876. Con la influencia de la cultura occidental que siguió a la apertura del Japón en la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, el amma fue durante largo tiempo reemplazado por el masaje occidental.

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