Son tres juegos sencillos que se realizan con naipes de la baraja española; Y que requieren mucha concentración para no ser castigado rápidamente; Se juegan entre dos participantes o más; Hagan sus apuestas y a jugar

En el Prisionero cada jugador toma una carta del mazo, siendo el que sacó la más alta quien las irá repartiendo, descubiertas y de una en una, entre todos los participantes. De acuerdo con las cartas que vaya recibiendo cada uno habrá de hacer lo siguiente: si recibe una sota, entregará una de sus fichas al jugador de su izquierda; un caballo, entregará una de sus fichas al jugador de su derecha; si recibe un rey, colocará una de sus fichas sobre la mesa, en un plato. Cuando como resultado de todo esto un jugador se quede sin fichas propias, se considerará “prisionero” y no recibirá más cartas. Podrá volver al juego cuando, en jugadas sucesivas, reciba más fichas de sus contrarios. Cuando todos los jugadores menos uno quedan prisioneros, por estar volcadas todas las fichas en el Plato, la partida se da por terminada. Aquel que aún tenga fichas propias será el ganador, y se llevará además todas las que haya en el plato. Pueden utilizarse fichas de otros juegos o reemplazarlas por botones, porotos o monedas.

En el Perro se reparten la totalidad de las cartas, de una en una, entre todos los jugadores (sin que importe que alguno reciba una más que otros). Cada uno de ellos las reunirá, en el orden en que las recibió, formando un mazo. Comienza un jugador cualquiera descubriendo sobre la mesa la carta superior de su mazo y diciendo “as”; el siguiente descubre la suya sobre la anterior diciendo “dos”. Así el resto de los jugadores, cantando cada vez la carta que le sigue en orden creciente. Llegado al rey, se seguirá con el as. Cuando un jugador descubre la misma carta que canta, el jugador siguiente debe hacérselo notar: se llevará entonces todas las cartas del pozo, colocándolas debajo de su propio mazo, y continuará el juego descubriendo la carta superior sobre la mesa. Pero si el jugador que sigue no lo advierte y hace su jugada, será él quien deba llevarse todas las cartas de la mesa. Se continuará jugando de la misma forma hasta que un solo jugador quede con todas las cartas en su mano, por lo que pagará prenda. Pero antes tendrá una última oportunidad: si al descubrir una a una sus cartas ninguna coincida con la que cante, se salvará del castigo.

Parejas consiste en reunir la mayor cantidad posible de cartas de igual número y de dos en dos. No hay límite de jugadores, siempre que haya dos como mínimo. Un jugador coloca todas las cartas del mazo esparcidas sobre la mesa, separadas entre sí y vueltas hacia abajo. Si dichas cartas son de igual número, las retira y continúa descubriendo de a dos mientras vaya formando parejas con ellas. Si son de diferente número, las vuelve a colocar en su lugar, pasando el turno al siguiente jugador. El resto procede de igual manera, hasta que sólo queden en la mesa cuatro cartas correspondientes a dos parejas. Se las mezcla sin ser vistas y sigue el juego hasta que uno o más jugadores se las llevan. Resultará ganador quien haya logrado reunir más parejas.

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