La fecha ya es una anécdota, poco importa si el colectivo comenzó a circular por Buenos Aires en 1922, 1923, 1924 o 1928, la cuestión es que este transporte es el más popular e identificatorio de Argentina, con una historia llena de anécdotas y color. Las ciudades argentinas no serían las mismas si este medio de transporte no existiera.

Como suele ocurrir en muchos planos de la vida, el colectivo apareció como producto de una crisis. El nacimiento de este medio de transporte en Buenos Aires fue una consecuencia de la merma, hacia fines de la década del 20, de los pasajes de taxis debido a la gran competencia de los ómnibus y tranvías. En efecto, el 20 de agosto de 1922 se había creado la primera línea de ómnibus de larga distancia que prestó un servicio continuo en la ciudad. A partir de entonces se habían creado varias compañías y el 13 de diciembre de 1923 fue aprobada la ordenanza general sobre servicios de ómnibus. En enero de 1924 ya existían 16 empresas de ómnibus y otras 16 con solicitud de permiso.

Por otra parte, el tranvía, llamado tramway por los porteños de aquella época, fue durante 20 años el único medio masivo de transporte y siguió siendo el dueño de la mayoría de las calles de Buenos Aires aun cuando en otras partes del mundo ya había comenzado a declinar. Los taxistas debieron aguzar el ingenio para atraer clientes realizando servicios especiales, como llevar gente al hipódromo, aprovechar alguna presentación de artistas populares en barrios o zonas cercanas, o llevar gente a las canchas de fútbol los domingos, cobrando una tarifa fija a cada pasajero.

En 1928, en el Café La Montaña, de Carrasco y Rivadavia, aunque otras versiones señalan que fue en la esquina de Rivadavia y Lacarra, donde se reunían para conversar y tomar un café o una ginebra algunos taxistas. Se cuenta que Desiderio Rodríguez, Manuel Pazos y Lorenzo Forte, dieron forma a la idea de poner en práctica el "auto-colectivo".

Así fue que la primera línea organizada como tal comenzó a circular el 24 de septiembre de 1928. Partía desde Primera Junta, paraba en Plaza Flores y finalizaba en Lacarra y Rivadavia, siendo como una extensión del Subte A, que tenía cabecera en la Plaza Primera Junta.

Lo "controversial" es que desde 1924 ya corría una línea de colectivos en el partido de Vicente López. Los auto-colectivos de aquella primera línea llegaron a ser 40. Llevaban hasta 5 pasajeros y no cobraban boleto al subir: recién cuando llegaban a destino los pasajeros pagaban el viaje (10 centavos hasta Plaza Flores, 20 de punta a punta del recorrido). Al principio, temerosos de sufrir multas o secuestros de vehículos, escribían con tiza en la carrocería las terminales del recorrido. Luego un tablero de madera sobre el parabrisas anunciaba el recorrido y el mismo taxista era el que elegía el número de línea.

A la primera línea, le siguió la "8", que circulaba desde Nazca y Rivadavia hasta Plaza de Mayo. Pero eligieron mal el día para la inauguración: 12 de octubre de 1928, fecha en la que asumió como Presidente de la Nación Hipólito Yrigoyen, hecho que les impidió terminar el viaje pues la policía cortó el tránsito para poder realizar la ceremonia de asunción del mando.

Comenzaron además a colgar un reloj de bolsillo en el tablero para poder verlo y cumplir con el horario de llegada a los destinos. Había taxistas que no gustaban de la innovación, ya que se trabajará más, y el auto podía romperse más fácil debido al exceso de peso.

Al poco tiempo se vieron en la necesidad de carrozar los coches para incluir más pasajeros. Fue de José Fonte y José Chiofalo el primer colectivo en tener este tipo de carrocería, y la misma fue realizada por Calzón y Rodríguez Hnos.

De esta manera podían entrar 11 pasajeros: tres atrás, tres en el medio, uno adelante, dos en sendos pequeños asientos a cada lado, y dos más al junto al conductor. Si el que estaba en el fondo tenía que bajar los demás debían descender para dejarlo pasar.

Hoy circulan por Buenos Aires y el resto del país modernos micrómnibus dobles unidos con un fuelle en el medio, tiene carriles exclusivos, uniéndose a otros especiales para discapacitados con pisos muy bajos para facilitar el ascenso y descenso. Las ciudades argentinas no serían las mismas si este medio de transporte no existiera, y transportando a millones de personas e inspirando tangos y programas de televisión. Un clásico.

Mujeres
La siguiente tal vez sea la anécdota más curiosa: como las mujeres eran reacias a subirse a los colectivos, los dueños contrataron a algunas que viajaban para animar a las demás a hacerlo. Hubo también líneas exclusivas para damas, siendo la que hacía el servicio a Plaza Flores una de las primeras en tener esta modalidad.

En 1998 la mujer empezó a hacerse cargo del volante del colectivo, si bien en distintas épocas existieron casos aislados de mujeres que fueron conductoras de colectivos, ha primado, sin embargo, la idea machista de que manejar un colectivo es una tarea sólo para hombres. Una de las empresas de colectivos más importantes y que mayor cantidad de conductoras contrató tiene un plantel de más de 2.200 conductores y, en su momento más alto, 40 conductoras.

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