Estas conductas se instalan como compensaciones -al igual que el consumo de sustancias, alcohol, compras compulsivas y otras-, ante el dolor que se siente por la vivencia del vacío interior. En un principio, la persona de quien se depende, produce un alivio y un bienestar desconocido hasta entonces pero, más tarde, esta forma de satisfacer la propia necesidad a través de otro, incrementa el vacío y la noción del sinsentido de la vida.
El hecho de ir desconectándose gradualmente de la esencia, del verdadero ser que uno es, arroja a la desesperación. Inicialmente, lo obtenido en la dependencia emocional parece aquietar la angustia pero, el maltrato que se vive en esas relaciones, solo consigue un alienación creciente. Un remolino de emociones dolorosas que no es posible parar. Si la persona se va, el dependiente sufre, si se queda se atormenta. No hay salida y la vida se vuelve ingobernable, nos indica la Licenciada Inés Olivero (MP 4579).
“Consideramos que el número de personas que padece en los vínculos afectivos es cada vez mayor. Toda la cultura del consumo nos impulsa a vivir “fuera de nosotros”, a encontrar a alguien que nos considere, que nos dé una oportunidad laboral, que nos “elija” entre muchos otros”, agrega la licenciada.
Por tal motivo nos esforzamos en disimular quienes somos realmente, para agradar al “otro” sea quien fuere el que, en ese momento, parezca ser el poseedor del poder de “colmar mi deseo de ser feliz”.
El mensaje popular nos empuja a repetir la dependencia, “si encontrás una pareja que te haga feliz todo va a cambiar”, “el día que consigas ese trabajo que tanto deseas, vas a ser exitoso y por lo tanto feliz”, o “el cambio de casa” Cuando, en realidad, nada de eso es verdadero. Esta creencia folklórica nos confirma que en nosotros no está esa fuente de bienestar tan ansiada. Cada día se nos pone más lejos de nuestro Ser Real, por lo tanto, no es raro deformarnos para “gustarle al otro”.
Nos revestimos con máscaras que, por último, terminamos encarnando con tal fijación que creemos que somos lo que aparentamos. La imagen es más importante que la esencia. El tener importa más que el Ser. Y esto avanza hasta que pasada la edad de “merecer” nos convertimos en elementos descartables de la cultura, porque superamos el límite en que somos “deseables” en el mercado -sexual, laboral, social-, etc. Dirigiéndonos sin más hacia una vejez incómoda, rechazada por la sociedad.
Esta forma malsana de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás presenta dos modalidades opuestas y complementarias: el que persigue y el que evita. Ambos son comportamientos demostrativos de la codependencia. Cuando el que persigue se cansa, el que evita comienza a perseguir.
Se necesitan mutuamente para garantizar que: tener una relación es algo sufriente. Sostienen de este modo otra creencia dañina, una falacia cognitiva del imaginario colectivo: el amor es doloroso, el que ama sufre, mejor no amar.
El enamoramiento es lo que produce todo lo anterior porque, se trata de un juego ilusorio de proyecciones complementarias, que genera ataduras, celos y pasiones oscuras, explica la doctora Mónica Pucheu (MP 53083). “El amor, por el contrario, crece en el aprecio de la libertad y el respeto por sí mismo y por el compañero elegido o por los demás“.
Todo esto, una vez concientizado, es posible modificarlo. En el trabajo en los Grupos de Asistencia y Recuperación que se realizan en la Fundación para la Asistencia de Personas Adictas a Personas (FUNDAPAP)-, realizamos el proyecto de cambiar la dirección de la mira y registrar rigurosamente aquellos comportamientos nuestros o aquellas creencias que sostenemos y que nos convierten en cómplices activos del maltrato que padecemos, coinciden ambas profesionales.
En catorce años han asistido a nuestros grupos cientos de hombres y mujeres que se dieron cuenta de que el cambio era posible. Así iniciaron un compromiso genuino con el programa de recuperación. Y que, indudablemente, lleva a vivir con respeto, mayor libertad y alegría. De este modo es posible afrontar, fortalecidos, las diferentes circunstancias que plantea la vida.