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26 | 05 | 2016
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Mil galletitas: una carrera contra el tiempo

Natalia Arenas
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Por Natalia Arenas


En la nueva novela de Diego Tomasi, las causas imposibles parecen, por momentos, arañar lo factible. Tanto, que el desafío para el lector es acaso entender que lo que vale no es el fin, sino el medio.

Mil galletitas: una carrera contra el tiempo
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Veloz. Así es la nueva novela breve de Diego Tomasi, "Mil Galletitas" (Hojas del Sur, 2016). Y no podría ser de otra manera. Pero no por su extensión, sino por la ansiedad con que uno la transita. Esa ansiedad que tiene Emilio, el protagonista, quien a punto de cumplir 80 años necesita escribir una historia en menos de una semana porque sabe (soñó) que el día de su cumpleaños –el martes siguiente- se morirá. Esa ansiedad que tiene Bichito (Nahuel), el protagonista de 10 años de la historia de Emilio, quien necesita comer mil galletitas, ni una más ni una menos, en un día.    

Esa necesidad imperiosa de un anciano y su hijo literario es proyectada por Tomasi de manera directa al lector, quien ya no puede dejar de leer para saber si la profecía soñada se materializará y si Bichito logrará su objetivo de arrasar con las galletitas de su casa y las de otras varias casas. Pero también uno quiere saber si Elsa le confesará su amor de años a Emilio y si Cecilia dejará de sufrir por ese (¿ex?) marido.

El relato va y viene por capítulos que no son capítulos, que a veces apenas son fragmentos, frases, una línea que, página tras página empuja hacia la siguiente. Así empujan los días a Emilio que en ocasiones se sienta en su máquina de escribir y no puede completar un renglón, con esos dedos gastados de violinista jubilado. En el fondo, Emilio sabe que no podrá concluir esa historia antes del día indicado, sabe que Bichito no podrá comer todas esas galletitas en las pocas horas que le quedan.

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Emilio arrastra a Bichito a que coma una galletita acá, otra allá y a que le duela la panza de tantas (apenas menos de un cuarto de lo que se propone) que comió. Pero él también tiene dolores. Y recuerdos. Y arrepentimientos. Y en ese vaivén de sentimientos y remordimientos, Emilio va pincelando el día (las horas) de Nahuel, como si reflejara en él sus miedos, sus nostalgias... pero al revés. Porque Emilio y Nahuel están en una punta y otra de la vida. Uno, a punto de y el otro a pasos de explorarla. El punto en el que se encuentran (en el que Emilio hace que se encuentren) esa anunciada frustración de una causa perdida.

Las causas perdidas, por definición, son aquellas que no tienen solución efectiva. De manera paradójica, esas causas suelen transitarse con una pasión impropia en otros proyectos viables. Ese tránsito, ese trayecto hacia lo que se sabe irrealizable casi de antemano es el cuerpo de este libro. Y vale la pena surcarlo.


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