viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Temperatura T 17° H 67.7%
13 | 11 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Consecuencias serias y seguras, más allá de lo que vaya a hacer Trump

José Di Mauro
0
Comentarios
Por José Di Mauro


Lejos del viento de cola del que gozó el kirchnerismo, el gobierno sufrió un nuevo cimbronazo con las elecciones estadounidenses. El cambio de color en EE.UU. traerá por lo pronto encarecimiento del crédito, devaluaciones, mayor proteccionismo y desdén de la principal potencia hacia la región.

Consecuencias serias y seguras, más allá de lo que vaya a hacer Trump
Foto:

La sorpresa todavía les dura a los funcionarios, que no ocultan su desazón por un resultado que no terminan de asimilar. El propio jefe de Gabinete lo admitió el viernes, cuando admitió que el triunfo de Donald Trump genera "incertidumbre". Luego abundó en aquello de que "todo el planeta está esperando ver si Trump va a ser el de la campaña o uno más moderado", pero lo cierto es que la preocupación particular es saber cuánto nos afectará el resultado de las elecciones estadounidenses. Porque ya está claro que lo hará negativamente; ahora resta verificar la magnitud.

Ya hemos dicho que en materia internacional la fortuna del gobierno es inversamente proporcional a la que gozó el kirchnerismo, que disfrutó de un viento de cola durante la mayor parte de sus mandatos.

Porque si bien el crédito abierto en el mundo para el gobierno argentino es verdaderamente grande y puede verificarse en la receptividad que ha logrado el presidente Mauricio Macri en cada incursión exterior -el único resultado magro lo ha tenido en el Vaticano, donde gobierna precisamente un argentino-, en materia internacional todos los planetas parecen irse alineando de manera adversa.

En primer lugar, la crisis brasileña, que se llevó puesta a Dilma Rousseff y en consecuencia afectó gravemente la economía de nuestro principal socio. Buena parte de la crisis argentina se debe a la brasileña y en la medida que ese país no vuelva a crecer, la Argentina no podrá reponerse. Tal es nuestra dependencia.

Luego llegó el batacazo del referéndum británico, que abrió grandes interrogantes y alteró los mercados internacionales, de los que tanto depende la Argentina. El presidente Macri había comenzado a entablar una muy buena relación con el primer ministro David Cameron, al que el Brexit le costó el puesto.

Producido el resultado, la canciller Susana Malcorra no anduvo con vueltas y admitió que la salida del Reino Unido de la Unión Europea preocupa enormemente" al gobierno argentino. Históricamente las principales empresas interesadas en la Argentina han sido las europeas, con lo que esas inversiones encontraron en el Brexit otra excusa para demorar aún más.

De hecho, la última semana la Comisión Europea redujo sus previsiones de crecimiento para 2017, como consecuencia del impacto de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. A menor crecimiento.

La trilogía negativa se completó el martes pasado con la inesperada victoria de Donald Trump en los Estados Unidos. El nuestro no fue el único gobierno que se jugó abiertamente en favor de los demócratas, pero eso no justifica el error grosero de haberlo hecho. Es notable que en materia de relaciones exteriores, el área más ponderada de la gestión macrista, se acumulen ya tantos desaires en tan poco tiempo.

Curiosamente, casi el único hombre cercano al gobierno que vio venir el resultado fue Jaime Durán

Barba, que en los días previos a la elección advirtió que Trump seguía siendo "competitivo".

Con todo, no es de suponer que el sucesor de Obama le pase factura a la Argentina por esas expresiones; no es lo que se estila aun de un excéntrico como Trump; como así tampoco se aguardan teme un rencor por cuentas pendientes del futuro presidente norteamericano con la familia Macri. Las consecuencias llegarán por otro lado y son incluso independientes del comportamiento que vaya a adoptar el nuevo mandatario. Argentina había entablado en su

"regreso al mundo" una renovada relación con la administración demócrata, coronada por la visita de Barack Obama a nuestro país. Ahora todo está en la nebulosa, pues nada se sabe de las políticas que implementará el nuevo gobierno, ni siquiera hay contactos con los futuros funcionarios. El macrismo apostó un pleno a Hillary y perdió; ahora hay que empezar desde cero. Pero independientemente del trato individual, las consecuencias globales afectarán a la Argentina.

En primer lugar está el blanqueo, que tras el cierre del primer tramo que mostró una recaudación auspiciosa, abrió grandes expectativas respecto del grueso de la exteriorización, que se espera provenga de los depósitos en el exterior. Como a partir de 2017 entrará en vigencia el tratado de intercambio de información tributaria de la OCDE, por el cual los estados firmantes se comprometen a brindar un intercambio automático de información sobre cuentas financieras, se entiende que esta es la última oportunidad que esos depositantes tienen para blanquear sus cuentas. Pasa que ese tratado incluye poco más de un centenar de países, entre los que no se encuentra Estados Unidos, uno de los destinos preferidos por los argentinos que tienen cuentas en el exterior. Ese país no suele firmar acuerdos multilaterales, pero sí convenios bilaterales, que es lo que el gobierno de Obama estaba dispuesto a suscribir. Por eso vino el mes pasado el secretario de Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, que en una conferencia de prensa que dio con Alfonso Prat-Gay a su derecha confirmó que su gobierno había comenzado a trabajar con el argentino en la elaboración de un acuerdo de intercambio automático de información tributaria. Ahora eso está por verse.

Una consecuencia más segura y que ya ha comenzado a percibirse es una mayor volatilidad financiera que encarecerá el crédito. Para una economía como la nuestra, que apuesta al endeudamiento para cubrir el déficit fiscal, es verdaderamente una mala noticia.

Otro problema que también ha comenzado a advertirse es la devaluación de las monedas. El gobierno no tiene en mente aplicar una devaluación en un año electoral, pero competidores directos como México y nuestros vecinos brasileños, devaluaron esta semana un 12,5% y un 7,5%, respectivamente, lo que nos expone seriamente a un aceleramiento del atraso cambiario.

La política norteamericana parece encaminarse hacia un mayor proteccionismo, lo que pone en riesgo ciertos avances que ya se habían alcanzado con la administración Obama, como la apertura de los mercados de limones y de carne, como así también la probable re-inclusión de nuestro país en el Sistema Generalizado de Preferencias, que permitiría el ingreso de un buen número de productos argentinos con beneficios aduaneros, lo cual prometía brindar un impulso clave a productos como vinos, quesos y carnes. La apuesta del gobierno argentino ahora es a que el gobierno saliente autorice los trámites para exportar limones y carne antes del traspaso presidencial.

Más allá de estos temores más que fundados que se abren dentro del gobierno, hay otro dato concreto a tener en cuenta: la región no será una prioridad para Estados Unidos.

El "efecto Trump" no fue el único dato preocupante de la semana, pues se conoció la inflación de octubre, que volvió a ser elevada. No sorprendió la cifra, pues ya se había anticipado en agosto que el punto que le faltó al índice de ese mes como consecuencia de la disposición de la Corte de retrotraer el aumento del gas, se sumaría al número de octubre. Fue en definitiva 2,4%, y se temía incluso que pudiera dar más alto -el IPC Congreso midió 2,9%-, pero así y todo preocupa la "inflación núcleo", que es aquella que no tiene en cuenta los cambios bruscos estacionales, o de los servicios, y en consecuencia la que permite verificar hacia dónde van los precios. El gobierno esperaba que diera no más de 1,5.

El único registro positivo de la semana fue que el Banco Central volvió a bajar las tasas después de varias semanas de mantenerlas fijas. Lo cual fue interpretado como una señal de que el inflexible Federico Sturzenegger cree que no hay riesgos de que la tendencia a la baja inflacionaria vaya a revertirse.

A menos que las presiones de sectores del gobierno sobre el Banco Central hayan tenido algún éxito. Difícil. Uno de los especialistas cuyos argumentos le esgrimen a Sturzenegger al reclamarle bajar las tasas para no frenar la reactivación es nada menos que Miguel Bein. El asesor principal del ex candidato presidencial Daniel Scioli es de aquellos economistas que muestran optimismo respecto de las perspectivas económicas del próximo año y hasta se anima a pronosticar un crecimiento del 3,5%, mayor al estimado por el gobierno.

Sin embargo esta semana Bein cambió una parte de sus recomendaciones. Después del triunfo de

Trump, dijo el viernes que ahora le sugeriría a Sturzenegger no bajar las tasas.


      Embed





Comentarios Facebook