El técnico que le dio a la celeste y blanca la filosofía de juego que lo llevó a lo más alto, hoy como entrenador de Brasil, sacó a la Argentina del torneo y cerró un ciclo. Julio Lamas cumplió su último partido
El deporte siempre tiene a mano una sorpresa fantástica. Esa que no entra en la imaginación. Una historia loca que nadie imaginó, pero que de vez en cuando sucede y termina siendo increíble.

Rubén Magnano, como entrenador de Brasil, en este Mundial de España, le puso punto final a una gloriosa época del basquetbol argentino. Fueron los años de la medalla de oro en Atenas, ser número uno en el ranking mundial, las victorias históricas contra Estados Unidos, o que el mundo considere a la Argentina una escuela basquetbolista.

Y fue justamente Rubén Magnano quien le metió en la cabeza a los jugadores argentinos conceptos innegociables para ir y ser grandes en el básquetbol. Desde el 2001 hasta el 2004 se encargó de levantar los cimientos y llegar a lo máximo antes de irse a Brasil para ver "si en el 2016 podemos ganar una medalla", decían los dirigentes que advirtieron que su filosofía era vital para llegar alto con una camada de jugadores que prometían mucho, pero nunca pasaba nada.

Es así, Brasil y en especial Magnano, cerraron una etapa. No sorprende porque Argentina llegaba con los justo y pasar una rueda más o menos (como era el objetivo), no cambiaba el concepto. Se cerró un ciclo porque más allá de que algunos de los jugadores más grandes continúen con el equipo, ya con ellos no alcanza. El tiempo es cruel y lo que dieron hasta este torneo Pablo Prigioni, Andrés Nocioni y Luis Scola ya es poco, se necesitan más cosas.

Si algo faltaba para marcar el fin de ciclo es que el de ayer fue el último partido de Julio Lamas al frente de la Selección, otro nuevo técnico vendrá para seguir la reconstrucción que el mismo Lamas inició en este torneo incorporando a cinco jugadores nacidos a partir de 1990.

Sin sorpresas

Argentina tenía que hacer un partido muy bueno para tener opciones de vencer a Brasil. Debía controlar los rebotes, que Brasil no corra el contraataque y tener porcentajes de canchas por encima de la media. Bueno, todos esos objetivos tácticos fallaron. Brasil fue el dueño del tablero, metió 14 puntos de contra frente a ninguno de Argentina, que además tuvo modestos porcentajes. Así resultó imposible tener chances de victoria.

Encima del concepto global, Brasil hizo una defensa implacable sobre Scola. Fue 1 contra 1, primero Varejao, después Nené; lo desgastó, lo complicó con las faltas y así sacó del circuito al jugador más determinante de Argentina, que empezó con un buen primer tiempo, pero ya desde el segundo cuarto Brasil empezó a quebrar al equipo de Lamas y en tres cuartos le metió un parcial de 72 a 44, demasiado para pretender algo bueno.

Cuatro años le llevó a Magnano meterle algunas de las cosas que mostraron ayer los brasileños; defensa, mucha defensa, compromiso con el equipo, poder jugar a un tanteador bajo, pasarse la pelota y especialmente jugar en equipo. Todo esto se lo tiró encima a Argentina y por eso le ganó por 20 puntos.

Vienen nuevos tiempos para la Selección argentina, lo hecho tiene que ser espejo para los que lleguen al equipo. Hay un legado inmenso para respetar, seguir y volver a ser competitivos. De eso al final se trata este juego.

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