Como en la película de Milan Kundera, a veces en el boxeo aparece la inmensa disyuntiva de la decisión a tomar, y ambas pueden ser dramáticas. ¿Retirarse a tiempo o seguir? ¿Hasta dónde tiene sentido arriesgar la integridad física? ¿Según la edad, según la potencialidad, las posibilidades, la salud? El caso Henrri Polanco –entre otros- despertó la polémica

Los más jóvenes quizás ignoren que el título (“La Insoportable levedad del ser”) se trató de una famosa película ochentosa que basaba sobre problemas existenciales, especialmente de pareja, pero que bien podrían aplicarse a cualquier otra cosa como una profesión, en este caso el boxeo, y por ende, a los boxeadores.

Tiene que ver con un dilema que ocurre cuando un púgil ha llegado a su límite pero aún es joven - incluso para boxear- y hacerlo representa un riesgo, quizás invisible a los ojos. El problema es que impedírselo sería algo peor, porque sería matarlo en vida.

Es, fue y será el caso de varios a través de la historia, pero en este en particular, quien inspiró esta columna es el dominicano radicado en nuestro país Henrri “La Esencia” Polanco con su derrota del último sábado frente al salteño Rodrigo “El Coya” Maizares, en la que cayó por puntos tras 10 vueltas en el club Los Unitarios de Marcos Paz, Bs As. Más que inspirarla, reactivó el tema.

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Perdió ante un púgil desconocido, de 34 años, con apenas 9 peleas (6-3-0, sin KO a favor y 1 en contra), que no estaba rankeado siquiera en el escalafón nacional –ni hablar de algún internacional-, mientras que Polanco marchaba 5º en el argentino superwelter.

Estuvo en juego el título latino plata mediano vacante del CMB –que no los tenía incluidos-, organismo que cada vez se pone menos colorado al desprestigiarse con estas coronas de papel, que por el momento suman unos mangos más a la hora de cobrar, y quizás algún lugarcito entre los 40 que agrupa en su cada vez menos prestigioso listado, peligrosamente. ¿Quién puede asegurar hasta cuándo durarán estas coronas sin hastiar a la gallina de los huevos de oro, es decir, la TV?

Al igual que La Esencia hay otros casos de púgiles con derrotas recientes, como el Principito Coggi, Javier Maciel –que también perdió el sábado, pero en Rusia-, y decenas más que apuntaban en algún momento y ya no más.

Pero Polanco tiene 27 años y una salud formidable que se percibe en su atlético físico, digno de modelo para una lección de anatomía donde se estudie el músculo humano.

No ha llegado a las 20 peleas profesionales aún (tiene un record de 13-4-1, 6 KO y 2 perdidas por KO), pero arrastra un paso por Los Cóndores en la WSB de la AIBA que lo marcó.

Allí enfrentó a los mejores del mundo en durísimas peleas -que perdió- en un peso de hasta 73 kg, muy superior al suyo, que entonces apenas alcanzaba a la división anterior del amateurismo (69 kg). Aguantó a pie firme todos los palos –sólo en una de sus 4 peleas perdió antes del límite (por KOT 3) y el resto por puntos-, pero pagó alto costo.

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Hoy se adivina que le duele todo. Amarra desesperadamente en situaciones aparentemente inocuas, y su motricidad fina casi no existe, y lo hace ver descoordinado en algunos detalles de precisión, estabilidad o freno.

Pero el boxeo es tan noble y la imperfecta ciencia tan traicionera, que seguramente le darían bien todos los estudios de rigor que se hiciera. Tan bien como a cualquier lector, que no por ello se subirían a un ring. Una cosa es estar sano y otra poder pelear.

Sin embargo, legal y reglamentariamente no se puede hacer nada para impedírselo. Ni su record, ni su edad, ni sus controles médicos podrían prohibirle desarrollar su actividad, en donde para colmo su guapeza es su peor enemigo.

Y en este contexto, las reglas también. Pero además habría que sumarles otras no menos importantes: la necesidad, el sustento diario, y por sobre todo, la pulsión por su realización profesional, que no entiende de riesgos.

No hay opción. Es esto, así como está, o la nada.

Y al boxeador -pero por sobre todo, al hombre-, le sirven las cosas aun así, en estado de riesgo.

Polanco con esto come y vive, pese a codearse con un potencial peligro latente todo el tiempo.

Polanco tiene adelante el precipicio y atrás la espada. Y como él, muchos otros.

Jamás ganará un título, que quizás tampoco le llegue nunca. No ganará una gran bolsa, ni se hará millonario. No se convertirá en famoso salvo algún episodio extra, que puede ocurrirle a cualquiera sea lo que fuere a lo que se dedique.

¿Habrá manera de instrumentar una salida acorde al después para estos casos? ¿No es una deuda del deporte, del boxeo, del Estado, y de la sociedad? Algo que sea una opción medianamente tentadora como para ofrecer a cambio.

Es que el boxeo simplemente es su sustento o parte de él, su pequeño aguinaldo que ahorra para comprarse un terrenito y edificar. Y es su identidad. Su carta de presentación. Lo que dice cuando le preguntan su ocupación, al punto que dentro de 10 o 20 años será “ex boxeador”, porque nunca dejará de serlo.

Casi nada. Difícil renunciar tan pronto a ello.

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