Majo López Claro llegó del interior a Buenos Aires a los 17 años para estudiar Nutrición en la UBA. Pero más allá de la relación con la profesión que eligió, se acercó a la cocina por la necesidad de mejorar su salud. “Un día decidí no entrar más al supermercado y ahí comenzó todo”, recuerda.
En el camino, se formó en alimentación viva (raw food) y fue combinando conocimientos gastronómicos y nutricionales que la llevaron a especializarse en un rubro que recién comenzaba a desarrollarse y que hoy tiene cada vez más adeptos: el de la alimentación consciente y natural. Emprendedora y muy joven aún, además de dar y organizar clases de cocina y nutrición, es la creadora de la Feria Bio que se lleva a cabo una vez por mes en el barrio de Chacarita y que ya superó sus 20 ediciones. En esta nota, la cocinera y nutricionista nos ofrece tres recetas que tienen en común ser ricas en clorofila.
l-En tu caso, la cocina fue una consecuencia de una búsqueda. ¿Te costó aprender a hacerlo?
-Empecé malabareando un poco en un primer momento, porque vengo del bando de las chicas que estudian nutrición y no saben cocinar, pero que les gusta comer rico.
l-¿Qué fue lo que te llevó a hacer el cambio de alimentación?
-Fue cuando vine a estudiar Nutrición a Buenos Aires. En ese momento me diagnosticaron hipercolesterolemia. Ahí empecé a “cocinar” diferente, y lo digo entre comillas, porque más que cocinar, lo que hacía era mezclar productos procesados con etiqueta verde. Hace 10 años, en nuestro país estaba en auge todo lo light, lo zero, mientras que en los países de afuera, muchos productos estaban prohibidos. La soja era otro alimento que tuvo su boom en ese tiempo, sobre todo si eras vegetariano. Me acuerdo que compraba en una dietética una premezcla para hacer hamburguesas vegetarianas, las mezclaba con agua y listo. Así fue que a los 20 años empecé a sentirme cansada y con malestares digestivos.
l-¿Cuándo fue que encontraste el camino que te llevó a mejorar?
-Fue muy de a poco, investigando y estudiando de forma autodidacta en un primer momento, luego me formé con los principales referentes de la alimentación natural mientras estudiaba Nutrición en la Universidad. Me costó abrirme a contemplar la cosmovisión de otras corrientes alimentarias, pero al hacerlo entendí el por qué de muchas cuestiones, desde las implicancias físicas y mentales que tienen muchos componentes de los procesados, el impacto en el medio ambiente que su producción genera, hasta cómo repercute político-social y económicamente el consumo de productos industrializados.
l-¿Te especializás en cocina cruda o es sólo una rama de un estilo de cocina más amplio?
-Me formé en alimentación viva (cruda), como chef raw. Me especializo y lo aplico en las clases que dicto intercambiando saberes con otras corrientes alimenticias como lo es la alimentación ayurveda. La cocina cruda me ayudó muchísimo a recuperar la salud, a tener más energía, a desintoxicarme de tanto químico que venía consumiendo a través de los productos industrializados, los de etiqueta verde sobre todo, que están llenos de aditivos, resaltadores de sabor y edulcorantes. Esto también me sirvió para cambiar y cortar con malos hábitos.