Para Camila Pérez éste fue un año muy especial porque cumplió su sueño de tener su propio restaurante tras haber resultado ganadora de “Dueños de la Cocina 2017”, el reality show de Telefé donde fue sometida a estresantes competencias con todos cocineros experimentados. Con sólo 31 años, demostró tener iniciativa, inventiva y un proyecto muy claro.
A los 18, se recibió de cocinera profesional en el IAG. Pero siguió los consejos del director del lugar, Ariel Rodríguez Palacios, y se fue a adquirir experiencia en España. “El día de la entrega de los diplomas, él dio una charla y dijo ‘si quieren seguir con esta carrera, lo que yo les recomiendo es ir a España a hacer una pasantía, que es muy dura, que dura seis meses, pero que te construye como cocinero’. Y yo hice eso. Mi papá no dudó un minuto y me dijo: ‘Te vas a España a formarte’. Me fui y la pasé muy mal. Uno piensa que cuando te recibís, ya sos chef y no sos nada, tenés quizás las herramientas teóricas, pero cuando un jefe te empieza a mandar y a apurar, ahí te das cuenta de todo lo que te falta”, recuerda.
Hace tres meses que tiene en marcha su restaurante “La tornería de Camila” -Freire 1082-. Fue el premio que le brindó el reality show, el de ser la dueña de su cocina. “Los primeros tres meses fueron de prueba, no pagaba alquiler, tuve apoyo económico para contratar personal y comprar mercadería. Ahora pasa a ser mío y es cuando decís: ‘Tenés que ser una dueña de verdad’. Se terminó eso de ‘te presto plata para que seas dueña’”. En esta nota, la flamante chef-propietaria nos ofrece un menú festivo para poner a prueba en estas fiestas con el toque que supo llevarla a la cima del concurso, combinando sabores con audacia e instinto.
l-¿Era lo que esperabas esto de tener tu restaurante?
-Sí. Me siento reconfortada de tanto trabajo que hice durante toda la vida. A pesar de que tengo sólo 31 años, trabajé en más de 50 restaurantes como cocinera o ayudante en España, Brasil, Uruguay, Argentina. Me rompí mucho el lomo trabajando por monedas afuera del país. Y aprendí que uno se tiene que esforzar sin volverse loco. Pero el esfuerzo es fundamental. Si uno espera a que las cosas lleguen y no sale a buscarlas, no llegan nunca.
l-¿Por qué la pasaste mal en España -trabajó en “Hacienda Benazuza” de El Bulli Hotel-?
-Porque era muy chica y no era fácil. Cuando el chef empezaba a ponerse muy exigente, me escondía detrás de los cajones de los tomates. Tenía mucho miedo porque al principio no es fácil. Pero crecí mucho en lo personal.
l-¿Cuándo supiste que te querías dedicar a la cocina?
-A los 7 años ya quería ser cocinera. Probaba los platos de mi abuela y me encantaba. Me quedaba a dormir todos los sábados en su casa porque iba a Catequesis. No me gustaba para nada ir a Catequesis pero iba porque quería ver a mi abuela cocinando. Además, ella me enseñaba.
l-¿Cómo definirías tu estilo de cocina?
-No me gusta la comida seca, me gusta que sea húmeda, que los sabores exploten en la boca, no ir al sabor tenue. Quiero que realmente se sienta. Me encanta la cocina fusión donde puedo jugar a hacer un wok de lomo con arroz de sushi.