Los dirigentes que ya no quieren que la máxima categoría tenga la autonomía que ostenta en la Superliga se encolumnaron detrás de la figura del presidente de la AFA, que rearmará el comité ejecutivo sin las grietas que, entre otros, separaron a River y San Lorenzo de las decisiones.

La AFA está a punto de recuperar lo que perdió hace unos años: su categoría mayor. El fútbol de Primera se emancipó de la estructura de la asociación de la que era parte por un acuerdo político, presiones del Gobierno anterior y principalmente porque no había manera de sacar de la escena a Claudio Tapia, el que sumaba más votos que cualquier otro. De algún modo era proscribir a Chiqui o quitarle el producto principal: la Primera División.

La Superliga nació en Puerto Madero y fijó ciertas reglas administrativas que parecían imposibles, aunque eran obvias: le puso día y horario a los partidos con meses de antelación. De esa manera, los clubes pudieron ahorrar viáticos por el solo hecho de planificar hotelería y vuelos. Nada mal.

En números generales, desde su creación la Superliga incrementó sus ingresos publicitarios en un 625 por ciento: el primer año sumó sus primeros tres sponsors -un banco, una bebida y marca de indumentaria internacional- que reportaron 74 millones de pesos. Durante el segundo, ese ingreso creció hasta superar los 537 millones en la misma moneda.

Tal vez los números le daban la razón a todos aquellos que consideraban que un hombre del Ascenso no podía administrar a Boca y River y al resto. Pero en paralelo, la AFA volvió a tener superavit, la Selección se encarriló detrás de un proyecto que Chiqui monitorea celosamente.

¿Tapia le arrebata a Elizondo la Superliga? No. Los dirigentes -algunos contemporáneos a Julio Grondona y otros que no convivieron con la vieja AFA- entendieron que la administración de Puerto Madero ya no tenía sentido. Los que señalaban a Tapia como incapaz para ocupar la oficina de Don Julio, ya no están o se alinearon.

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Las oficinas de la Superliga no eran un lugar propicio para la rosca, como lo es Viamonte. Para algunos, ahora el inepto es Elizondo, que superpuso calendarios, que atenta contra la selección -la misma a la que muchos le niegan jugadores- o explota -vaya novedad- un negocio que le pertenece a la AFA.

La desintegración del modelo de Superliga pone a Tapia por encima de la capacidad de conducción de cualquier otro miembro del comité ejecutivo: ahora los dirigentes que le “quitaron” la Primera, le piden que la recupere. Y él administra la voluntad de los clubes, que no plantearon su propia desintegración puertas adentro. Hasta Marcelo Tinelli se sentó en su mesa para la foto trascendental que refleja el futuro del fútbol argentino.

Tapia terminará su primer periodo recuperando el principal negocio que tiene la AFA después de la selección y convocando a elecciones en junio para rearmar su estructura íntegramente sobre su espalda: sin acuerdos políticos. Esta vez, sumará todos los votos y probablemente ya no queden dirigentes que consideren que el espectro de conducción de Barracas Central no sea suficiente para manejar la asociación por completo.

Eso sí, Tapia no podrá fiarse de quienes hoy le piden eliminar la Superliga: muchos son los que se la quitaron para darle la conducción -de manera unánime- a Elizondo, que se enteró por Twitter que los clubes ya no lo necesitaban. Sentados en su propia mesa, Chiqui tiene directivos que anhelan la AFA que desde mediados de año no tendrá “doble comando”.

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