Tras la derrota días atrás del boxeador argentino Marcos Escudero en Estados Unidos, donde reside, cabe preguntar si es útil o no que un deportista se radique en el exterior con el fin de mejorar su entrenamiento.

Analizar la derrota del cordobés Marcos Escudero del sábado pasado en Connecticut, donde cayó por KO 9 frente al estadounidense Joseph George, es un poco analizar el momento actual y el pasado reciente del boxeo argentino, además del suyo propio.

Escudero, que cambió de entrenador ya varias veces (acá lo asistía Jorge Ochenduzka y allá, Kevin Cunningham -DT de Adrien Broner y Devon Alexander- tras haber pasado por otras manos), iba ganando la pelea según la óptica de la mayoría de los televidentes –incluyendo a este periodista-, e incluso en las tarjetas oficiales, que lo tenían adelante por 79-73 y 77-75, mientras que la restante lo tenía abajo por 79-73.

Era una revancha de la del año pasado, cuando George le había ganado por puntos en fallo dividido.

Esta vez faltaban sólo dos vueltas, y era cuestión de controlar el pleito sin correr riesgos hasta que termine ante un rival que se lo hubiese permitido, mejor técnicamente, pero apático, amarrete, cerrado, y que iba de contra sin arriesgar nada.

Se hubiese bajado del ring sin tirar una mano en todo el match si Escudero no avanzaba, como hizo todo el combate. Pegaron parejo, pero uno tomando la iniciativa y produciendo, y el otro especulando, aprovechando los blancos que dejaba el argentino en ataque.

El yanqui erró poco, cierto, pero no por virtud propia, sino porque a Escudero –se sabe- le entran hasta las que van afuera. Y no tiene una mandíbula que se considere de acero, precisamente. Tiene manos pesadas, sí, pero no es un noqueador, sino un peleador. Eso también es obvio; y la primera obligación es reconocerlo.

Conocer los propios límites es la base del éxito, para no dar un salto mayor al de nuestras piernas y caer al vacío. ¿Hay que ser un sabio para entender que un púgil que aguanta menos de lo que pega no debe ir al frente, y que lo principal para él debe ser cuidarse?

Ir a fajarse requiere además de un buen ritmo y estado físico para mantener constancia en el ataque, de alguna de estas dos características fundamentales: o buena defensa, o buen mentón, o ambas, porque en ese estilo no gana el que más pega, sino el que más aguanta.

Ninguna de las dos cosas es patrimonio de Escudero. Por ende, su negocio no es el palo y palo, menos en el nivel medio a alto, y contra alguien mejor técnicamente, que además tiene su pegada. ¿No lo advierten esto los grandes “maestros” del país del Norte? ¿Se puede pifiar tan groseramente un plan de combate, disponiendo de elementos tan claros en la mano, como lo son las virtudes y defectos de Escudero?

Y no hablamos con el diario del lunes. Si alguien conoce un poco la historia reciente, de movida sabe que ya de amateur el cordobés tenía nula defensa y precaria técnica.

Pero además, en la “historia clínica” de su reciente paso por la Selección Nacional, consta que desperdició la chance de ir a los JJOO de Río 2016 por algo parecido a lo del sábado.

Escudero, que peleaba de local en el preolímpico americano de Buenos Aires realizado en La Rural, venía de ganar en 1ª ronda en los 81 kg contra un guyanés por RSC, y enfrentaba en 2ª al yanqui Johnatan Esquivel.

El cordobés iba ganando cómodo en las tarjetas; faltaban 20 segundos para terminar la pelea, pero por ir a buscar se comió un zurdazo que lo dejó groggy. El árbitro le contó y como no se recuperó, decretó su derrota por RSC 3 faltando segundos. O sea, ya tiene antecedentes.

Acá tampoco supieron quizás “entender” estratégicamente a Escudero, que tiene condiciones para explotar. Que no debe “replantear su futuro”, como algunos piensan, sino “su estrategia” de combate. Saber que con su altura y alcance, más una pegada respetable, debe pelear desde afuera y de contra, no en la corta, ni ir a fajarse. Esperar a que el rival venga y meter su mano; pocas, pero más justas y mejores, aprovechando el envión del adversario cuando achica.

Digamos entonces que su problema es el mismo de siempre, tanto acá como allá: la falta de maestros, o mejor dicho, de estrategas, que muchos creen que conseguirán afuera y que alcanza con mudarse. Pero el sólo hecho de irse a otra tierra y unirse a un consagrado, es seguir el canto de las sirenas.

El cartel y los pergaminos a veces tienen más que ver con el alumno que con el maestro. Broner y Alexander no son lo mismo que Escudero, y el traje de otro no siempre nos calza bien.

Otro detalle a revisar es el peso. Quizás la mediopesado no sea la categoría para él, le quede chica, exigida y le saque potencia. ¿Por qué no probar en crucero? A veces aumentando el peso se refuerzan zonas vulnerables, porque la alimentación es clave para la resistencia, la asimilación y el poder. El sábado parecía sin fuerza.

La semana que viene peleará otro argentino radicado en USA, que también fue de la Selección Nacional, como Alberto Palmetta. Lo hará por el título internacional welter AMB vacante ante el también yanqui Tre’Sean Wiggins (30 años y 11-4-3, 6 KO).

Palmetta (30 años y 13-1-0, 9 KO) es un ex Río’16, que al igual que Escudero está radicado en USA en busca de mejoras técnicas y físicas, y hasta comparte mismo mánager (Payne Promotions). Será otro elemento de análisis en un año perdido y de evaluación, o de autoevaluación, algo que para todos es lo más difícil.

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