Más allá del trazo grueso, y del abúlico espectáculo ofrecido –única garantía de que haya tarjetas- en los detalles pudo leerse otra realidad que condicionará los futuros pasos de la categoría pesado. ¿Habrá tercera pelea? ¿Quién ganaría con Ruíz entrenado a conciencia? ¿Hay futuro en la mandíbula de Joshua en un inminente duelo ante Deontay Wilder?

Ya vimos todo.

Vimos cómo tardíamente se dio la lógica.

Cómo el inglés Anthony Joshua impuso su altura y alcance para vencer al yanqui de origen mexicano Andy Ruíz.

Cómo recuperó los títulos AMB, FIB y OMB de los pesados que aquel le había arrebatado en junio pasado por KOT 7.

Cómo la estrategia científica doblegó a la fuerza sin ideas. Cómo la disciplina venció a la indisciplina, la seriedad al desdén, y cuáles son las consecuencias de subestimar en cualquier deporte al otro, pero más en el boxeo.

No hay verdades absolutas en el pugilismo, pero hay axiomas que se cumplen o no según el caso, aunque algunos sean contradictorios:

¿Gana el que más aguanta, o el que menos recibe? ¿El que ganó el primer duelo, o el que mejor se preparó para el segundo? ¿El que mejor boxea, o el más fuerte? ¿El boxeador, o el hombre?

Hay algo cierto, inalterablemente: jamás alguien que no entrena le gana a alguien que entrena.

La única verdad está en el gimnasio, siempre. Sucede que los axiomas descuentan que eso está garantizado, y presuponen todo en base a entrenamientos parejos o equivalentes.

No fue el caso de Andy Ruíz para esta pelea, quien después del combate del pasado sábado en Arabia Saudita reconoció que comió y tomó de más durante este tiempo; que no hizo caso a su equipo; que hizo la suya, con agrande, con soberbia, confiando exclusivamente en sus condiciones naturales, como si Joshua fuera un muñeco inanimado que fuese a cometer los mismos errores que en la primera.

¿Habrá tercera? Si volvía a ganar Ruíz, seguramente no. Pero hoy que están 1 a 1, y aunque Joshua haya dicho que no le interesa darle el desempate, ante la escasez no quedará otra, pese a que primero se espera una unificación con el del CMB que posee Deontay Wilder, para el segundo semestre de 2020, ¿Y si gana Wilder?

Ojo. Joshua venció por puntos a la peor versión de Andy Ruíz, quien no obstante, las dos veces que lo tocó de refilón lo hizo tambalear. ¿Qué hay si el azteca le pega de lleno? ¿Qué habría si el azteca se entrenase a conciencia y subiese más ágil, más preciso, más veloz, y con el resto necesario como para iniciar una persecución de 12 vueltas?

Es obvio que Joshua está partido. Que no resiste un embate fuerte. Que si le pegan, puede vencerlo cualquiera, aunque él puede hacer lo mismo con los demás si llega antes.

Ahora bien. Esto es lo que se vio. Hubo cosas que no se vieron, o sí, pero quedaron sepultadas en el análisis obvio.

Sin querer, hasta por costumbre, uno se pregunta a priori quién convenía que ganase esta vez para el Gran Negocio.

En estado puro la respuesta estaría dividida, pero en el contexto previo, todos sabían que Ruíz no estaba puesto. Que entrenó a medias, que su vida privada fue disipada, que la fama lo cambió y la soberbia golpeó su puerta.

¿Convenía al negocio tener un campeón así?

La única lección efectiva sería una derrota, que pese a todo no había garantías de manejar, porque así como estaba Ruíz era capaz de revertir cualquier lógica de un solo sopapo, y el primer cómplice para eso sería el propio Joshua con su fragilidad.

Por eso el combate no tuvo cuerpo a cuerpo, aunque no hubiera clinch. Bastaba con que el inglés agarrara para que el árbitro puertorriqueño Luis Pabón ordenara el break. Y no sólo eso, sino que al separar, diera un sermón a cada uno, como si fuesen dos colegiales, pese a que la pelea era por demás limpia para la media de esa división.

Pabón separaba cuando no había que hacerlo, obligaba a retroceder a los púgiles en forma exagerada, ordenaba break cuando no lo había, hablaba mucho e innecesariamente, y solapadamente, al separarlos se quedaba unos segundos en el medio de ambos para retardar más aún las acciones. El compendio del mal árbitro, con un agregado vedettista.

Los aliados de Joshua eran justamente la larga distancia y el tiempo muerto. El árbitro se encargó de que el plan se cumpla, por lo que el pésimo arbitraje no podría atribuirse a sus cualidades, si es que todo fue ex profeso. Imposible saber si Pabón falló como árbitro o como persona, pero cualquiera de las dos nos lastiman como espectadores, más que los golpes de Joshua y Ruíz.

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