Grete Stern tomó su cámara y juntó algunos apuntes que guardó en una pequeña caja. Subió a una camioneta que comenzó a elevar tierra para romper la marginalidad y la indiferencia social hacia las comunidades indígenas del Gran Chaco. Había dado clases en la Universidad Nacional de Noroeste, trabajado en una revista y trascendido con el fotomontaje. La conformidad estaba lejos de la alemana casada con un argentino. Iba a tomar fotografías que serían eternas. Iba a dejar un archivo grandioso.
El documental "Greta la mirada oblicua", de los directores Pablo Zubizarreta y Matilde Michanié, cuenta la historia de Stern, una fotógrafa que con su lente quebró esquemas sociales conservadores y machistas, y se adentró entre pastizales para dejar imágenes documentales únicas, o, como dice Marcos Zimmermann: "Es un trabajo para darle voz, de reconstruir valores de esa comunidad".
Grete, que se casó con el argentino Héctor Coppolla, dejó su Alemania natal, en donde estudió en la Bauhaus, y trajo sus conocimientos hacia fronteras latinoamericanas. Con el fotomontaje logró una trascendencia en el ámbito. "Interpretaba" los sueños de lectoras femeninas de una revista. Pero fueron las fotografías a Jorge Luis Borges, Gyula Kosice y Antonio Berni que despertaron mayor admiración hacia ella.
"Grete Stern elige ser fotógrafa. Después también elige ser argentina y entrelaza ambas elecciones para dejarnos de herencia un archivo único, original y privilegiado de imágenes de nuestro país", se relata en el documental.