Los días de cuarentena aumentan los deseos de comer causando ansiedad descontrolada. Cómo revertirlo

Mucho se habla estos días sobre qué comer y qué no comer, además de los consejos sobre que tener en cuenta en esta cuarentena, para no caer en el denominado "hambre emocional". Por un lado, la función principal de los alimentos es nutrirnos. La teoría dice que si nos alimentamos con comida real, satisfacemos esa necesidad.

La comida real es fácil de identificar; pensemos en aquellos alimentos que tienen un único ingrediente. El alimento en sí: frutas, vegetales, semillas, frutos secos, carne, pollo, pescado, huevos, algas, etc. Esa que en general no está empaquetada.

"Pero si nuestra alimentación se basa en productos ultraprocesados, llenos de aditivos y conservantes y carentes de nutrientes, vamos a querer estar todo el día comiendo, porque esas papas fritas, galletitas o postrecito light no van a cumplir la función de nutrirnos. Entonces seguimos comiendo, comiendo y comiendo… además de que esos alimentos en general tienen muchos ingredientes adictivos" sostiene Piqui Mendez, Health coach en alimentación saludable, hábitos y bienestar integral.

Por otra parte, la comida muchas veces "reemplaza otras carencias emocionales más que nutricionales. Comemos por aburrimiento, por ansiedad, para premiarnos, para castigarnos, porque estamos tristes, porque estamos contentos, para tapar algo, para llenar un vacío y podría seguir" explica Mendez. Esto es el famoso "hambre emocional".

¿Cómo distinguir, entonces, el hambre real del hambre emocional? A continuación, algunos patrones:

* El hambre real llega de a poco, es gradual. El emocional lo sentís inmediatamente, es repentino.

* Cuando tenemos hambre real comeríamos cualquier cosa. El hambre emocional busca una determinada textura en el alimento, un determinado sabor, etc. No se conforma con una ensalada.

* Cuando satisfacemos el hambre real ya no queremos comer más. En cambio, cuando el hambre es emocional, seguimos comiendo aun estando llenos.

* Cuando comemos porque realmente tenemos hambre sentimos saciedad y nos quedamos con una buena sensación así hayamos comido mucho porque estamos calmando una necesidad fisiológica. En cambio, cuando comemos para reemplazar una carencia emocional, en general sentimos culpa después. Nos automedicamos con la comida.

"Mi recomendación es en primer lugar hacerlo consciente. Una vez que ya sabemos distinguir si de verdad tenemos hambre o esa comida está reemplazando otra cosa, el siguiente paso es parar un segundo antes de comer y pensar en qué rol está cumpliendo eso que vamos a ingerir: ¿Picoteo porque no me quiero hacer cargo y parar a pensar en que en realidad no estoy bien con la persona que tengo al lado y tengo que tener una charla que no tengo ganas? ¿Me como ese alfajor porque extraño a mi familia? ¿Me bajo el paquete de papas fritas porque estoy cansada de estar encerrada? Estos son solo algunos ejemplos" destaca la especialista.

Entonces, el siguiente paso es trabajar en nutrir esa área de mi vida que está desbalanceada.

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