1990. Fue el año en el que Emiliano Satriano se diplomó en el Turismo Carretera como ídolo para los hinchas de Chevrolet, y también como uno de los pilotos que traspasó la barrera de las marcas

1990. Fue el año que lo diplomó en el Turismo Carretera como ídolo para los hinchas de Chevrolet, y también como uno de los pilotos que traspasó la barrera de las marcas, aún siendo uno de los abanderados más salientes del Chivo en la historia del TC.

Es Emilio Satriano, adalid de Chevrolet, amado por los hinchas propios y extraños. Ese año el de Chivilcoy con la inolvidable cupé Chevy verdiblanca consiguió su único título de campeón en TC luego de una temporada cercana a la perfección en la que enhebró cuatro triunfos en un pasaje de la categoría que rayó muy alto. Balcarce, Lobos, Bahía Blanca y Olavarría vieron su paso ganador. Esas conquistas consecutivas, a casi 30 años, siguen manteniéndose como un récord aún no igualado. 1990 además le dio como reconocimiento al brillante desempeño el Olimpia de Plata en automovilismo.

Emilio Salvador Satriano, como "canta" su documento, nació el 28 de junio de 1952 en su ciudad, Chivilcoy, de la que fue uno de los artífices para hacerla más conocida. Emilio, El Obispo, construyó una trayectoria deportiva irreprochable de la que no se puede dejar de mencionar a su hermano Pablo (fallecido en 2018), orfebre de los rugientes y tan poderosos motores seis cilindros que supieron convertir a la Chevy en un rayo, uno de los mejores motoristas que pasaron por el TC, cultivador como Emilio de un perfil bajo y de gran sapiencia, humildes, atributos que han sabido caracterizar a los Satriano.

Desde su debut en 1970 con un Citroen 2CV de la por entonces monomarca, donde fue dominador absoluto al obtener cinco campeonatos (1971, 1972, 1973, 1974 y 1975), con un récord de 24 triunfos al hilo. Luego saltó al Turismo Nacional en el '76 con un rabioso Fiat 128 y fue subcampeón de Clase B en 1978, paso previo a su salto al TC donde luego de debutar en el '80, alcanzó su primera victoria el 19 de abril de 1981 en la Vuelta de Olavarría en aquel circuito semipermanente llamado "Luciano Fortabat", que se convertiría en uno de los más clásicos y más convocantes, tanto que desde entonces la ciudad se ganó la consideración de los fanáticos cimentada, claro, por los míticos hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi

Ya en su etapa final como corredor, Emilio incursionó también en 1998 en el Top Race de los inicios con un Mercedes-Benz Clase C, y antes, como olvidar, otro alto momento de su vida deportiva, en 1993, cuando formó parte de la Misión Argentina Roberto Mouras, que participó en las 24 Horas de Daytona, patrocinada por la ACTC, que reunió a varios de los mejores pilotos del TC del momento, para afrontar con dos Oldsmobile Cutlass junto a Fabián Acuña, Jorge Oyhanart y Eduardo Ramos, en una de las tripulaciones, esa edición de tan célebre competencia.

Hasta su retiro en 2000, un 19 de noviembre en el autódromo Juan Manuel Fangio de Balcarce, Satriano se hizo con legitimidad de un lugar entre los más grandes de la historia teceísta. En la categoría corrió 310 carreras entre 1980 y 2000, lapso en el que obtuvo 27 victorias, marcó 17 pole position y 17 récords de vuelta, sumando además del título, dos subcampeonatos en 1985 y 1998.

Pocos, contados, han sido tan leales a Chevrolet como el Obispo, ni aún en tiempos de flacos resultados saltó la cerca para cambiar de marca, y esa lealtad sumada a su bonhomía y desde ya, su capacidad conductiva lo siguen manteniendo en la gran consideración de los seguidores del TC.

Abanderado histórico de Chevrolet en el TC si los hay, El Obispo, aún hoy cuando en forma esporádica se da una vuelta por algún autódromo donde corra la categoría de sus amores, sigue recogiendo el afecto y devoción de la gente, muchos inclusos que no lo vieron correr pero supieron de sus enormes logros que lo ubican entre las figuras que dejaron su huella en la historia rica y vasta del TC, la categoría más arraigada, la más popular e importante del automovilismo nacional.

Por los '80 y '90, Satriano compuso junto a Roberto Mouras y Oscar Castellano, el tridente del TC, siendo los referentes y entre los que más batallaban para ganar en los circuitos ruteros a cuyo alrededor, aglutinaban a increíbles multitudes que desafiaban el frío y el calor.

El campeonato buscado en 1990, se veía venir; tanto lo anhelaban Emilio, su hermano Pablo como la hinchada gracias las tres victorias en 1987 en Nueve de Julio, Buenos Aires y Olavarria, el triunfo en 1988 en Alta Gracia y la victoria en Bahía Blanca en 1989 que resultaron el preanuncio de su conquista más grande.

Y 1990 fue nomás el año del Obispo campeón, los 263 puntos sumados le permitieron pintar el número 1 en la Chevy. Con solo mirar a sus derrotados de entonces Oscar Castellano (252,50), Roberto Mouras (236) y Osvaldo Pato Morresi (204,50) quedó reflejado el enorme valor del cetro ganado el 16 de diciembre de ese año en la Vuelta de Tandil, carrera ganada por Mouras. El momento más glorioso en la vida deportiva de Emilio, uno de los símbolos del TC.

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