El investigador japonés Masaru Emoto asegura que el agua responde a diferentes estímulos mostrando sus partículas como bellas o sombrías figuras, según el estímulo al que fue expuesta.
Por Karina Muzzupappa.- Todas las experiencias que están relacionadas con lo que no se ve o no se puede tocar todavía despiertan controversias. Vivimos una época en la que la ciencia pareciera ser la dueña absoluta de la Verdad con mayúsculas. Lo que ella no avale, es una mentira. Sin embargo, existen muchas experiencias, fuera de lo que el rigor científico podría aprobar. Día a día, en nuestras vidas cotidianas, asistimos y somos parte de situaciones que podríamos llamar misteriosas. Para los creyentes los milagros, sin ir más lejos, son un buen ejemplo.
Es cierto que cuanto menos hay que tener cuidado. Algunas experiencias alternativas pueden ser peligrosas si nos rendimos a ellas sin consideraciones, sin red, sin objetividad y sobre todo sin sentido común, más aún si respecta a la salud. Incluso algunas pueden ser peligrosas para nuestros bolsillos y nuestra economía. No obstante, hay muchas otras hermosas y bien intencionadas que soplan un poco de poesía a nuestras vidas, a veces grises, sin por ello causar peligro ni alejarse de la verdad. Es el caso de los mensajes que, según el señor Masaru Emoto, tiene el agua para nosotros. Tal vez los experimentos del señor Emoto aún estén más cerca de lo místico que del rigor científico, pero acaso lo místico no es también parte de la vida. El nuevo paradigma develará la importancia de estos inicios.
En primera instancia podríamos decir que los experimentos del profesor Emoto sobre el agua muestran que todo es vibración. Las palabras vibran, las emociones tienen también su vibración, incluso los pensamientos. El dice que el agua capta y se modifica según sean las vibraciones a la cual es expuesta. Por ejemplo, el señor Emoto expuso agua a la música de Beethoven y al heavy metal, luego congeló esa muestra para poder fotografiar las partículas resultantes. Increíblemente asegura que el agua expuesta al heavy metal mostró unas partículas, unos cristales que podríamos llamar feos, inarmónicos, discordantes. En cambio la que fue expuesta a la música de Beethoven mostró unos cristales bellos con formas armónicas, parecidos a estrellas brillantes. En este caso, se podría decir que la música o el sonido es algo físico y que por tanto sus ondas podrían haber afectado a las partículas de agua. Embotelló el agua y puso carteles a las botellas: amor, odio, guerra, gracias. Las palabras positivas mostraron bellos cristales, las negativas, cristales malformados. Expuso el agua a monjes orando, revisó el agua potable de diferentes ciudades, la de Buenos Aires mostró un bello cristal, otras con demasiado cloro mostraron formas extrañas.
Además de las maravillosas posibilidades del agua, esta experiencia también nos lleva a pensar en nosotros mismos y en nuestro medio. La superficie de nuestro planeta está cubierta por agua en un 70 por ciento, aproximadamente. El agua nos muestra un ciclo siempre en movimiento: llueve, se llenan los ríos, se evapora el agua por acción del sol, vuelve a llover y llena otros acuíferos, y así se mueve, se desplaza, vive, muere, renace, vuelve a morir y vuelve a empezar. Todo, absolutamente todo lo vivo que está sobre la Tierra, sin agua, sufriría un terrible deterioro. El agua es indispensable, todas las formas de vida dependen del agua. De hecho nos formamos, gestamos en un medio acuoso, el líquido amniótico. Nuestro cuerpo está formado también por un 70 por ciento de agua. Imaginemos por un momento que el experimento del profesor Emoto es la absoluta realidad. Imaginemos entonces qué sucede con las partículas de agua de nuestro planeta teniendo en cuenta las vibraciones negativas a la que está expuesta: guerras, bombas, negatividad, dolor, sufrimiento por años y años y años.
Pensemos entonces en nuestros organismos, pensemos en nuestras lágrimas, en nuestras rabias, en nuestros amores cotidianos, en nuestros pensamientos también. ¿Será ésta una nueva manera de pensar el origen de las enfermedades?
Ciencia o mística, lo cierto es que no parece casual que justamente el agua manifieste estas posibilidades siendo un elemento tan importante e imprescindible en nuestras vidas y en nuestro medio. En principio, lo importante de estas experiencias es que nos empujen a repensar, a replantearnos ciertas convicciones. Ese movimiento que provoca el replanteo es saludable, es vital para empujar a nuevos conocimientos que siempre comienzan en los márgenes. Un nuevo mundo se abre, poco a poco, ante nuestros ojos y es imposible no mirar.   

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