De la noche a la mañana y recién a los 37 años, se convirtió en un ídolo
del boxeo argentino sin que mediaran demasiadas razones, a tal punto
que paralizó al país con lo que tal vez fue el acontecimiento deportivo
del año
Si el año pasado alguien preguntaba por Sergio Maravilla Martínez, pocos sabrían siquiera que se trataba de un boxeador, y la mitad de ellos, con suerte lo habrían visto pelear.
Hoy todo el mundo habla de boxeo, y Maravilla de pronto se convirtió en un ídolo del deporte nacional –no sólo del pugilismo-. Muchos se han fanatizado a tal punto, que su pelea contra el mexicano Julio César Chávez Jr, donde recuperó el título mundial mediano del CMB que fuera de Carlos Monzón, midió más de 40 puntos de rating, entre los 27,6 de la TV Pública y los 14 de TyC Sports –que no es record para el cable porque Barrios-Freitas marcó 15 por Space, y De la Hoya-Trinidad 16-.
Pero ¿es lógico que un boxeador se constituya en ídolo de la noche a la mañana a los 37 años, después de más de 50 peleas -cuando está casi para retirarse-, con tan poca información histórico social sobre su vida deportiva?
Tal sentimiento es comparable al que se profesa por un familiar que uno conoce de grande, después de toda una vida, donde hay una parte que falta. ¿Qué sedujo entonces de él de repente, como para acaparar semejante magnetismo, si hace poco, siendo el mismo, pasaba inadvertido?
Maravilla es un genio del marketing moderno, como Bonavena lo era en su momento de la prensa, con la salvedad de que Ringo lo fue toda su vida –incluso de amateur- y Martínez es un producto reciente, fruto de un “manual” que supo estudiar y ejecutar a la perfección consigo mismo.
Tanto que hoy parece no haber persona en el país que no haya visto su pelea –quizás el acontecimiento deportivo del año-, y opine cual experto hasta con familiaridad, tanto de él como de Chávez, y sufrido en el final como si se tratase de un pariente cuando el quilmeño casi pierde por KO.
Que Maravilla-Chávez haya sido la pelea más publicitada del boxeo argentino en la historia, junto –quizás- a Bonavena-Alí, tal vez a Firpo-Dempsey –quién sabe-, y posiblemente más que Monzón-Valdez I y II, explica el rating televisivo, pero lleva a una reflexión: ¿fue producto de méritos deportivos mutuos? ¿Era JC un monstruo del boxeo, o el mejor mediano del mundo como para ser temido?
El propio Maravilla Martínez –con razón- decía que no. ¿Por qué entonces tanta expectativa, euforia y temor hacia Chávez, cuando era Martínez el considerado entre los 3 mejores libra por libra y JC ni figuraba? ¿Es Chávez más que Hagler, o que Hearns? ¿Es más que Alí, Mayweather, o que su propio padre? A un especialista en boxeo, la pregunta le causaría gracia. ¿Y entonces?
Martillo Roldán, mediano cordobés de terrible pegada que llenaba el Luna Park, peleó con Hagler y Hearns, y si bien tuvo su repercusión, no le llegó ni a los tobillos a ésta. ¿Por qué? Si Chávez tampoco era conocido hace un año por aquí, y la gente ni sabía que era el hijo del JC en serio.
A eso se llama “fenómeno”. Sin ser ni por asomo la mejor pelea entre un argentino y un extranjero, paralizó el país, fanatizó a la gente, e instaló una rivalidad ficticia. Y el episodio del final, si bien le hizo perder un poco a Maravilla pese a la victoria, y ganar un poco a JC pese a la derrota, comercialmente catapultó al argentino a los ojos del Pay Per View, gustoso de episodios dramáticos como esos, y no de aburridas cátedras, como la que venía dando.
FUTURO, LESIONES Y DEMÁS
Dicen que a partir del 4º round, Maravilla se rompió la mano izquierda, y en el 12º los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. Lo dijeron a pocas horas de finalizado el combate, un domingo, cuando aún ni hay tiempo físico de efectuarse estudios -y menos de recibir un diagnóstico preciso-. ¿Es posible semejante precisión informativa tan pronto, cuando hasta a para un futbolista, que debe jugar a la semana siguiente, le demoran un día?
Transcurridas las horas, la “fractura” se había transformado en “fisura”, y la “rotura de ligamentos” en “esguince” y luego en problema meniscal. Y dio la casualidad que ambas lesiones sucedieron en los rounds donde recibió los golpes más fuertes –pese a que el 4º finalmente lo ganó, a criterio de la mayoría-.
En la pelea frente al inglés Darren Barker –tal vez su peor performance, que ganó por KO 11 con una mano “fantasma”- dijo haberse lesionado el hombro izquierdo, que el hueso le había perforado el tendón, que le daba un dolor insoportable, y que casi seguro debía operarse, por lo cual debía ir a España a consultar con el traumatólogo que operó al Rey Juan Carlos. Pero finalmente no se operó, porque –según parece- no hacía falta y se podía solucionar con kinesiología.
Hoy se habla de quirófano, cuando una fractura de mano en principio lleva yeso –tiene que ser demasiado grave para operarse-, y una fisura ni se opera. Y si se rompió los ligamentos de la rodilla, con semejante tunda recibida en el último, sería imposible sostenerse en pie. No dejó de usar la izquierda, pese a que no la tiraba a fondo, aunque en ese caso hay excepciones de púgiles que siguieron pegando fracturados. ¿Qué será verdad y qué no?
De ser todo cierto, más que a una pelea, fue a la guerra, y sus vaticinios de que iba a lastimar a Chávez, a noquearlo y a tirarlo a la 3º fila del ring side, por poco lo padece él, mostrando su costado rimbombante y auto marketinero. Cumplió con lo de la foto, porque lo desfiguró, pero quedó claro que no es tan fiero el león como él lo pinta.
¿Habrá revancha? ¿Vendrá el Canelo Álvarez? ¿Irá por el kazajo Gennady Golovkin, campeón AMB, o el australiano Daniel Geale, supercampeón AMB y FIB? ¿Tendrá la chance que pretende contra Floyd Mayweather? Todos ellos son más que JC –bastante más- y la lógica indica que ante cualquiera le costará bajarse con la corona en su cabeza.