"Una de las canciones nuevas es Singani, que es un homenaje a gente de la Puna. Singani es una bebida de allá, un aguardiente de uvas. En la puerta le vamos a dar al público un traguito de Singani. Será como una vacuna y después adentro haremos la canción", adelanta Arias, quien se presentará con su banda y tendrá como invitado estrella al chileno Nano Stern, además de "alguna sorpresa fuera de programación de prestigiosos músicos amigos que aparecen" y el grupo folklórico de origen mapuche Che Joven.
¿Qué cambia cuando tocás en un local de Buenos Aires y no en un festival? ¿Y en el exterior?
-Como en La Trastienda todo el público viene a verme a mí, cosa que no ocurre en los festivales, entonces hacemos más temas para escuchar, con mensaje, canciones de Víctor Jara. En los festivales tenés que captar la atención de la gente y hacemos cosas más arriba, temas bailables, carnavalitos, que igualmente van a estar el viernes porque siempre están, pero junto con otras cosas. Y en el exterior, cuando el idioma es otro agrego instrumentales, casi siempre de Vilca.
¿Qué efecto tiene en tu música vivir en Buenos Aires?
-Mucha influencia de otros artistas, cruces de géneros, relación con gente de otros palos... Vivir en la ciudad me da una apertura distinta al concepto musical de Jujuy, que es bien tradicional. Medio que voy ampliando horizontes y borrando fronteras entre provincias.
Pero junto a este costado cosmopolita intensificaste tu vínculo con los pueblos originarios y causas sociales.
-De 2010 a 2013 estuve muy ligado a los pueblos originarios. Llevé al cacique qom Félix Díaz al Festival de Cosquín. Y además toqué para asambleas que pelean contra la megaminería a cielo abierto. Eso me hizo que mucha gente diga que represento esas temáticas, pero en realidad soy un cantor de mucha diversidad. Por ahí hay quien vio esa faceta mía, pero también hago música bailable y traigo el legado carnavalero...
¿En el nuevo disco abandonás esas cuestiones?
-No, porque lo que digo es que no soy sólo eso, que no soy vocero de los pueblos originarios. Siempre estoy abriendo el abanico, incorporando instrumentos nuevos ritmos... En el nuevo disco, que todavía no tiene nombre hay una canción del sur de Aimé Painé, que para mí fue una especie de Violeta Parra de los mapuches. Y compuse la chacarera Ave de Luz, sobre la falta de recursos y los niños que mueren en la zona de Ingeniero Suárez en el Chaco. Hay otra canción, Algarrobo, para la asamblea Algarrobo de Andalgalá o la que ya dije, Singani. Y va a haber de nuevo otros ritmos bien arriba, huaynos, carnavalitos, sayas y temas de compositores jujeños como siempre. Vamos a grabar la saya Sol de los Andes, letra de Kolla Mercado y música mía, que ya hicimos en vivo y pegó. Y un tema sobre los desaparecidos, Marta Juana González, una chacarera. Y otro que se llama Marina Vilte, el Otro Carnaval, que habla de la desaparición de esa chica en la dictadura mientras todos estaban de fiesta.
Parece más cercano a tu tercer disco, que es más social, que al primero.
-Y eso que el primer disco por ahí gustó más. No comparto que se repita una fórmula porque pegó; siento que tengo que estar permanentemente en la búsqueda. Proponer lo distinto, ir variando el repertorio, la instrumentación o, como se verá bastante ahora, los ritmos. Podría haber hecho el segundo del estilo del primero y por ahí me hubiera ido mejor.
¿En Jujuy piden eso?
-En Jujuy siempre hay un reclamo de pertenencia, de tocar con un parámetro ya estructurado. Siento que tengo que madurar siendo yo mismo y teniendo una identidad como para que te reconozcan con tres acordes. Y que tengo que proponer algo distinto, pero sabiendo de dónde vengo.
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