La conductora dice que de joven se le dieron “las cosas servidas”, pero después maduro y hoy se conduce “con la frente alta” luego de haber ganado su lugar con preparación y esfuerzo. Y afirma que no sirve poner empeño cuando las relaciones se estancan.
Hace dos décadas que transita por distintos ámbitos del espectáculo destacándose en los ámbitos en los que incursionó y hoy conduce el programa de entrevistas Dímelo Tu, en la señal de televisión paga Magazine. Su personalidad, su talento y su rigurosa disciplina son algunos de los factores que le permitieron seguir adelante y mantenerse en pie en un mundo tan inestable como en el que se mueve. ¿Es usted una mujer de pedir permiso o de arremeter?
-No pido mucho permiso, arremeto.
¿Y cómo le va con eso?
-Más o menos. A veces, me va muy bien y, a veces, tengo que pegar una gran frenada.
¿Cuál ha sido su mejor portazo?
-Creo que no está bueno dar portazos. Es mejor que las cosas sean paulatinas, pensadas, reflexionadas. En general, los portazos son opciones impulsivas, lejos de la razón. Es que existen circunstancias en las que no se puede ser reflexivo.
-Es cierto, pero los portazos siempre salen mal, porque lo que vos das, vuelve, y, seguramente, después te vas a comer un portazo.
En ese sentido, ¿usted soportó algunos?
-Sin duda. Siempre te comés miles de portazos. He dado muchos portazos porque tengo un carácter fuerte, muy de pegar portazos, pero trato de domesticarlos, aunque no siempre puedo.
Hablando de puertas y portazos, ¿qué les diría a aquellos que no le abrieron la puerta cuando más lo necesitaba?
-En verdad, no me pasó que no me abrieran la puerta cuando yo más lo necesitaba. Cuando lo necesito, golpeo las puertas hasta que me las abren.
¿No le incomoda esa situación?
-Ya no. Al principio, cuando era más chica, se me dieron las cosas muy servidas y después que maduré, crecí, elegí otros ámbitos y aprendí a hacerlo con la frente alta, con sustento, con equilibrio y con algo que ofrecer. No sirve golpear una puerta sin tener algo en la mano. Tocar la puerta con cierto bagaje cambia las cosas. Si no me siento capacitada, no golpeo la puerta. Esto de que la belleza abre todas las puertas, ¿es cierto o es un mito?
-Es real. La belleza abre puertas, porque la belleza atrae, pero debe estar acompañada de un contenido porque, de lo contrario, puede abrirla un ratito pero, enseguida, se vuelve a cerrar.
Con el correr del tiempo, ¿en qué notó que no tiene sentido poner empeño?
-En cierto tipo de relaciones. Hay momentos en los que uno lo advierte y hace un clic cuando existe una situación que no va a avanzar. Frente a esa realidad, no hay que poner empeño, ya sea en el trabajo o en los vínculos. Uno debería intentar cortar a tiempo y decir: “Acá no hay más nada que buscar”.
A lo largo de su vida, ¿ha sentido que estaba nadando contra la corriente?
-Muchas veces.
Imagino que debe haber tenido que poner mucha energía y mucho trabajo en eso.
-Sí. Por ejemplo, cuando trabajé como actriz, durante unos años sentía que nadaba contra la corriente, porque no encontraba un lugar en el que pudiera sentirme realmente cómoda.
¿Sentía que nadaba contra su propia corriente o contra la corriente del medio?
-Contra la mía y contra la del medio. Cuando no tenés en claro cuál es tu corriente, nadás contra todas las corrientes.
¿Y se metió en cualquier río?
-Sí, pero, igualmente, lo disfruté. De todos modos, estaba bastante a contrapelo en mi propio sentir, en mi naturaleza, sentía que no tenía mucho que ver con mi esencia, el medio, el metier, la profesión o el arte de la actuación. ¿Usted cree que uno es el arquitecto de su propio destino?
-Uno es el que diseña su propio camino, pero existen circunstancias que te condicionan. Con esas circunstancias, con esos dones y con esas posibilidades está en uno construir lo mejor o lo peor. ¿Usted considera que todos arrancamos desde el mismo punto de partida?
-No, pero creo que todos tenemos posibilidades de buscar adentro lo mejor o lo peor y de hacer lo mejor o lo peor con esas circunstancias y posibilidades. Un claro ejemplo de esto es Margarita Barrientos, una mujer a la que abandonó su padre junto a todos sus hermanos y, pese a las adversidades que debió enfrentar, no es una delincuente, no es una mala persona, ni se dejó estar en esa vida que le tocó. A pesar de las complejas circunstancias con las que se topó, construyó su gran obra. Sin embargo, hay personas que parten de un plafón mucho más alto y sin embargo no pueden construir nada de lo que ella edificó, no son tan felices como ella, ni tampoco son seres humanos completos como lo es Margarita.
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