Es poesía pura. Vive en un lugar al que uno quiere llegar y al que a veces con la música podés acceder; pero él siempre está ahí". Martín Buscaglia habla de Antolín, un espécimen único del under uruguayo con el que grabó el disco Experiencias Musicales y con quien se presentará, con entrada gratuita, el sábado a las 21 en Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151). En principio, Buscaglia (que el domingo pasado debutó en el nuevo espacio cultural, pero con la reunión de músicos argentinos, uruguayos y brasileños titulada Surdomundo Orchestra Impossible) en principio iba a presentar la placa sólo con sus Bochamakers (Matías Rada, Martín Ibarburu, Nacho Mateu y Herman Klang), pero al final se sumó Antolín. "Es muy intenso y me parecía mucho el viaje, el toque la estadía con alguien tan peculiar. Tan intenso, esa es la palabra. Al final no me pude resistir y será un punto cúlmine, inesperado y divino tocar en este lugar maravilloso", dice el compositor y multiinstrumentista, que se ilumina cuando se refiere a Antolín.
Experiencias Musicales es una rareza extrema en la ya poco convencional obra de Buscaglia. Antolín grabó a capella sus temas y Martín luego les puso música intentando reproducir lo que el cantante y autor había imaginado. Buscaglia tocó todos los instrumentos, cantó algunas partes y esporádicamente se sumaron, entro otros, Diego Bartaburu en batería, Matías Rada en guitarra y Mariana Lucía y Samantha Navarro en coros. Es una fórmula inusual también para Antolín ya que sus performances fueron siempre acompañadas por improvisaciones, a cargo -por ejemplo- de Jorginho Gularte, Urbano Moraes o el inolvidable Osvaldo Fattoruso. "Antolín apareció en la movida uruguaya de fines de los 80, a la salida de la dictadura, cuando florecieron una serie de manifestaciones, igual que en otros países en los que volvía la democracia. Las primeras veces que lo vi actuaba en Arte en la Lona, que se hacía en un ring. Fue la primera vez que vi punkies y toda clase de freaks y Antolín era un outsider incluso en ese ambiente".
-Antolín te genera siempre un espacio de libertad. Es como tocar con un músico virtuoso o con un niño (NdR: Buscaglia es parte del proyecto para chicos Cantacuentos). Los caminos que te abre son nuevos y te obliga a desprenderte de cualquier estructura o preconcepto. Cuando lo vi, me fasciné. En torno a él hay un miniculto. Nunca tocó para más de treinta o cuarenta personas. Ahora se presenta en forma más espaciada. Pero es conocido en el mundo artístico de Montevideo. Es raro que no sepa quién es alguien del baile, la pintura o la música. Porque también es bailarín y artista plástico.
-Surgió como una dádiva de unos pocos fans iniciados, que iban a ser sesiones de improvisación. Pero instantáneamente me di cuenta que ahí había otro disco y que lo tenía que hacer. Fue como una revelación. Antolín está en un lugar en el que nosotros ya no podemos porque nos atraviesa la ironía y el sarcasmo. El no tiene cáscara. Tiene desparpajo y una libertad absoluta y cuando lo escuchás te vuelve a ese lugar virgen . Tenés que ver qué hacer con eso. A algunos les da por reír, a otros por llorar o por bailar, o indignare. A mí me emociona y alegra.
l ¿Ya tocaste en vivo con Antolín?-Un sólo toque hicimos. Como ahora en Buenos Aires, también estaban los Bochamakers. Al final nos dimos un abrazo con Matías Rada.. Porque sabés qué lindo es proponerle esto a la gente. Al salir querés ir a hablar de lo que viste y a cada uno le pasa algo diferente.
l ¿El sábado vas a hacer un set con los Bochamakers y otro con él?-Va a ser toda una mescolanza. Sí, voy a tocar un rato con los Bochamakers y en otro momento voy a estar sólo con Antolín, pero también vamos a hacer las canciones de este disco con la banda. Además, va a estar de invitada Mariana Lucía.
l Arreglaste las canciones según la música que suponías Antolín le ponía a sus canciones. ¿Hay posibilidad de devolución? ¿Te dijo si era lo que pensaba?
-Intenté componer lo que él compuso en su cabeza, pero nunca será igual porque hay un filtro en el medio: es su cabeza y después lo que imagino que está en su cabeza. Es una cuestión de fe, tengo que creer que me puedo acercar... Al término de El Baile del Melón, me dijo: "Muy bien, una lambada". Pero para mí es como tecno árabe. Pero no importa lo que pensemos...
l ¿Cómo creés que te influirá el encuentro con Antolín?-Está comprobado que todo influye en lo que hacés. Seguro que en el próximo disco que haga, de canciones standard digamos, voy a estar influenciado por Antolín de alguna forma. Pero, insisto, está en un lugar de coloque y pureza al que no llegamos...
l Decís que las canciones buenas tienen una grieta, una incertidumbre. Y que las de Antolín tienen ese punto ciego muy desarrollado. ¿En lo que estás componiendo perseguís ese grieta?
-Espero que mis temas el enigma lo tengan siempre. Pero si no lo tienen, no hay caso. Porque no es algo que puedas aprender. Estoy leyendo a Raymond Chandler. El dice que únicamente podés aprender de los mediocres; los buenos no sabés cómo lo hacen.
l ¿Y de las performances de Antolín? ¿Conscientemente sabés cómo te modificarán?-No lo sé, ja. Lo que sé es que Antolín siempre es cien por ciento Antolín. No falla nunca. Igual, el plan no era tocarlo en vivo al disco. La idea es que quede la obra; es un lugar divino para que exista. Este es un momento de profusión de información, de satélites que quedan a la deriva, pero te aseguro que, te guste o no te guste, este satélite va a transmitir.
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