Con la dirección de mujeres que cocinan con huevos, la actriz se refiere a la violencia de género y a la animosidad social presente. "La idea es bajar a quien no piensa igual que yo", describe sincera.

Cinco años atrás, la actriz y dramaturga Patricia Palmer se hace eco del flagelo de la violencia de género, y plasmó sus sentimientos en la obra de teatro Mujeres que Cocinan con Huevos (los sábados a las 20 en el teatro Taller del Angel). Ella se corre de la actuación para dar paso a la dirección. El disparador de la historia es una nota periodística en un noticiero de nuestra televisión.

“Mujeres... surge de una necesidad personal de expresar sobre la violencia de género por situaciones cercanas, por las estadísticas que están al alcance. A mí me afectó mucho la nota con una mujer golpeada y sentí que era un tema a desarrollar. Me impresiona la violencia en sí, algo que se respira y mucho en las redes sociales. Es tremendo terminar con la vida de una mujer”, comenta justo cuando, también por televisión, se cubre el caso de Nahir Galarza, quien todavía no había sido condenada a cadena perpetua por matar a su novio en Gualeguaychú (Entre Ríos).

Casi en un monólogo, Palmer no sale de su sorpresa: “Ahora en el caso de Nahir es al revés. Por eso insisto en la violencia en sí. Esto nos expresa la imposibilidad de convivir con quien no piensa igual. No nos damos cuenta que estamos con otro, con sus historias, y la idea es bajar al otro si no es como yo”.

Palmer no lo lanza como un slogan su conducta “pacifista”, sino como una forma de vida: “Con Mujeres...entiendo que se trabaja con los miedos de los espectadores en la vida real. Me refiero al culto de la violencia. Y la única herramienta para combatir ese flagelo es con educación”.

La actriz no alza ninguna bandera ni se involucra en ningún colectivo feminista y apunta a una violencia más generalizada que no se circunscribe a un específico de “violencia de género”: “Existe, por ejemplo, una violencia de género de algunas madres para con sus hijos. No es un panfleto, es una violencia aceptada que, por ejemplo, que le de un ‘chirlo’ a la criatura. ¿Qué se hace con esto? ¿Nadie se ocupa? Se convirtió en algo muy cotidiano cómo madres o padres descargan sus frustraciones contra sus hijos. Se crían en un ambiente violento. Yo ante el menor atisbo de violencia, me voy a la otra punta. Es acá donde yo afirmo la falta de educación y la ausencia del estado”.

Palmer se irrita frente a situaciones de violencia y enumera una por una: “Cuando el hambre crece, crece la pobreza y esto es violentar o interrumpir una situación de armonía. Con el aborto clandestino se busca el castigo sí o sí. Una periodista llegó a decir que si no se quiere tener, hay que obsequiarlos porque se lo tiene que tener igual, te guste o no te guste. Frente a esta situación se corre de lo que es más importante y que está por encima todo que es el derecho del bebé a que lo amen”

El título de la pieza Mujeres Que Cocinan Con Huevos alude a todos tipos de violencia, aunque se parte del punto de un hombre golpeador. Una mujer casada con un marido violento, decide aprender a cocinar y se hace amiga de tres compañeras que le muestran un mundo diferente. A partir de ahí, ella con otra perspectiva decidirá cambiar su vida. En este terreno de lo desconocido la lleva por un camino hacia un lugar insospechado de su mente. Elenco lo integran: Mariana Fraga, Olga Mancini, Gabriela Occhipinti, Susy Van Der Mell.

De esa reunión culinaria una mujer puede encontrar la fuerza, la agalla para cambiar y para ello de manera implícita se necesita “huevos” para salir de una vida agobiante y violenta. El destino como algo no dado, sino la búsqueda de una misma.

“El matriarcado es un coletazo de la toma de conciencia”

En la obra Mujeres... se pone de manifiesto que la violencia genera violencia. En la guerra de la violencia cualquiera es víctima. Lo único que nos salva como especie humana es la educación y la cultura. Tenemos problemas de límites. Por ejemplo, no podemos insultar al otro”, insiste Patricia Palmer.

Sobre los movimientos feministas los celebra: “Ahora dicen que se viene el matriarcado y no es tan así porque es un coletazo de que la mujer empieza a tomar conciencia. Antes era que teníamos que aguantar y quedarnos callada. Ahora estamos en la etapa del flemón tras un dolor de muela. Tengo 62 años y te aseguro que 50 años esto era impensable”.

Para Palmer escribir Mujeres... “es un gran riesgo porque se trata de un tema delicado. Y con cierto humor en la pieza las mujeres se sienten sacudidas. Salís de la obra y seguís hablando”.

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