Por Marcela Korzeniewski
El 3 de marzo de 1962, Titanes en el Ring hacía su debut en la televisión. La troupe de luchadores comandada por Martín Karadagián, el Gran Campeón, iba a hacer historia. Terminaría siendo uno de los programas más populares de la televisión argentina, y con el correr del tiempo se convertiría en el objeto de culto de varias generaciones que vivieron su infancia juntando muñequitos o figuritas del Caballero Rojo, el Indio Comanche, el Hombre Vegetal, La Momia, Atila o el Ancho Hércules Peucelle, o imaginado luchas épicas en los recreos del colegio con un Hombre Invisible que, se decía, era el luchador más inasequible de todos.
Cincuenta años más tarde, el recuerdo de Titanes en el Ring se mezcla con el rumor de la memoria de una época que ya pasó, un pasado en blanco y negro donde La Momia imponía miedo de verdad y donde el Bien y el Mal se debatían en un ring ante el arbitrario veredicto de William Boo, siempre inclinado a favorecer a los malos en sus disputas con los buenos.
“Titanes en el Ring, la lucha profesional, es un espectáculo artístico y deportivo, ninguno va a matar a otro o trata de matar al otro, sino que es fingir. Eso nunca lo negué”, le dijo Martín Karadagián a Juan Alberto Badía en una de sus tantas entrevistas. Y era así. El creador de los titanes, el que decían que “era más peligroso que poner los dedos en un cable de alta tensión”, introdujo el show al deporte y lo acercó a los más chicos. Porque hasta ese entonces el catch era una pasión exclusiva de los adultos. Martín sumó al público infantil al que supo atraer con la creación de personajes de alto vuelo para la imaginación, como Tarzán, que entraba al ring con un puma de verdad, o el Indio Comanche, con sus invencibles dedos magnéticos que paralizaban los músculos de cualquier rival.
El programa se emitió entre 1962 y 1988, con algunas intermitencias y momentos de mayor o menor éxito. El año 1972 es recordado como uno de los más gloriosos de la troupe, con personajes como La Momia, Rubén Peucelle, Pepino El Payaso, Superpibe, Sancho Panza, El Caballero Rojo, El Gitano Ivanoff, Ararat y El Leopardo, entre otros. En aquel año, junto al rotundo éxito del programa que iba por Canal 13, se produjo una explosión del merchandising, con figuritas y muñequitos de los luchadores. Se lanzó, por ejemplo, una de las mejores colecciones de figuritas de Titanes en el Ring, donde la de Rubén Peucelle era de las más difíciles de conseguir. Y como consecuencia de ese éxito, al año siguiente se estrenó también la película basada en el programa y sus luchadores.
“Titanes en el ring/ hoy se vuelven a enfrentar/ con sus músculos de acero y el poder/ de su fuerza sin igual”, decía la pegadiza canción que abría cada emisión del ya mítico programa de catch. Cada personaje tenía su canción y toda una historieta que representar. Algunos a cara descubierta, otros con máscaras, todos habían armado un personaje con características propias. Karadagián estaba detrás de todo eso. El era el creador de los personajes, de las letras de las canciones e incluso del vestuario. Fue él quien introdujo la musculosa en el catch. Antes peleaban a pecho descubierto y a partir de su idea, la musculosa se impuso en el catch internacional, incluso en los Estados Unidos.
¡Cuántos sueños de la infancia han quedado enredados entre las sogas del ring side en aquellas terribles luchas entre el Bien y el Mal! Cuántos recuerdos permanecen imborrables en la memoria de quienes hoy tienen más de 40 y que fueron testigos privilegiados de aquel mundo de personajes fornidos y valientes que hacían volar la imaginación de grandes y chicos por igual. Muchos y muy mágicos, afortunadamente... 

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