El equipo sufría algunos sobresaltos, pero la relación entre ambos estaba en su mejor momento.
El 9, hasta entonces, era indiscutido. Mucho más cuando se destapó con un póker en Jujuy, donde el equipo aplastó a Gimnasia de esa provincia por 4-1.
“Tengo una envidia sana porque nunca hice cuatro goles. Cada vez que agarraba la pelota generaba peligro”, se maravillaba Almeyda.
La primera rueda terminó con River puntero y Cavenaghi goleador del campeonato. La experiencia en la segunda categoría era un gérmen de padecimientos, pero el equipo se las arreglaba para mantenerse en una posición expectante. Llegó el verano y, con él,
la posibilidad de sumar a David Trezeguet. Algo comenzaba a cambiar para Cavenaghi. “Me gusta jugar con un delantero referente, que abre espacios, que juega, que la busca por afuera. Me siento cómodo con otro 9”, soltó el hombre oriundo de O'Brien. Y cuando el técnico protagonizaba uno de los tantos capítulos plagados de críticas, Cavenaghi salió a bancarlo.
“Soy incondicional del Pelado Almeyda. Me encanta su forma de pensar y ver el fútbol” , dijo antes del duelo ante Independiente Rivadavia, en el Monumental.
Pasaban las fechas y, como siempre, algunas escenas de la película de River se regaban con polémica. Se hablaba de
celos entre Cavenaghi y Trezeguet, se decía que el Torito no le pasaba la pelota al francés. Los protagonistas negaban todo y Almeyda terciaba.
"Qué más quiero yo que David haga diez goles, Fernando meta otros diez y que uno de los dos salga goleador del campeonato”, sugería el técnico.
Mientras junio se iba acercando,
Cavenaghi protagonizaba otra situación de desencuentros -esta vez con los dirigentes- por su renovación. “No estoy apurado, los que deberían estarlo son ellos", largaba el delantero. Almeyda se mantenía al margen, quizás porque ya no lo consideraba tan imprescindible como al principio.
Trezeguet se ganaba un lugar a fuerza de goles, mientras que Cavenaghi ya andaba con la pólvora mojada y sostenía el suyo gracias al peso de su apellido. Almeyda solía juntarlos, pero su predilección por el francés se iba haciendo cada vez más evidente. Contra Ferro, en el Monumental, Almeyda sacó al Torito y al Chori Domínguez, puso a Trezeguet y llegaron los tantos para la victoria.
“Primero está River y después todos nosotros”, declaró después.
Enseguida cayó el partido clave: Instituto. River se impuso 1 a 0 en una auténtica final anticipada
y Trezeguet, autor del gol, volvió a llevarse las atenciones que antes solían dirigirse a Cavenaghi. El Torito ya no sería aquel del primer semestre. Y su distanciamiento con el gol se consumaba en proporción directa con la inmunidad que Almeyda le había sembrado. Otra clara señal asomó en otro partido decisivo, ante Central en Rosario:
el técnico sacó al punta apenas iniciado el segundo tiempo. La imagen que terminó de dibujar el horizonte se elevó en la semana previa a la consagración:
el Pelado excluyó a Cavenaghi de los titulares en un ensayo de cara al duelo con Almirante Brown, aunque finalmente lo mantuvo entre los 11.
Con el ascenso consumado, River se desahogó y Cavenaghi también.
"Fue el año que menos disfruté de mi carrera. Quería que se terminara”, dijo. Así y todo, elogió al técnico:
"Agarró un equipo golpeado y logró el objetivo. Tuvo mucho coraje".La última reflexión pública del goleador caído en desgracia fue el domingo.
"En seis días voy a ser un desocupado", vaticinó. Lo demás es historia conocida.
comentar