Sin brillo, Boca Juniors igualó 0-0 con Atlético Mineiro en La Bombonera y deberá ir a buscar la clasificación a Brasil el próximo martes.

Cambian algunos nombres en Boca, pero el fútbol sigue sin aparecer. Llegaron dos centrodelanteros y un mediocampista de marca, pero sin un volante de creación al Xeneize le sigue costando horrores acercarse al arco rival. Por eso, y porque la estructura defensiva sigue siendo bastante sólida, se puede explicar el 0-0 con el que se cerró el partido de ida de la serie de octavos de final de la Copa Libertadores que se abrió este martes en La Boca.

Miguel Ángel Russo no cambió el planteo. Jugó con dos delanteros bien abiertos como Villa y Pavón y un atacante de punta como Briasco que no se siente cómodo en esa posición. El ex Huracán realizó un gran despliegue, pero casi no le llegó la pelota.

Y el mediocampo sigue siendo un sector de traslado lento, sin creatividad que no abastece a los tres de punta. Falta fútbol y las llegadas de riesgo escasean. Con suerte son producto de algún desequilibrio individual o algún error del rival, pero en la fría noche de La Bombonera casi que brillaron por su ausencia.

Tan sólo hubo una jugada a lo largo de 90 minutos soporíferos que le debió haber dado a Boca la victoria: un gol marcado por Diego González a los 34 minutos de la primera mitad que el árbitro Andrés Rojas Noguera convalidó para luego anular avalado por el VAR, casi inexplicablemente.

Y con pena y sin gloria para el elenco auriazul se fue el primer chico. Tal vez en Brasil Boca tenga más espacios para sacar contragolpes y aprovechar la velocidad de Villa y Pavón, pero a priori el panorama se ve muy complicado.

Pobre resultó la primera mitad. De un lado, de otro y fundamentalmente del lado del árbitro colombiano Andrés Rojas Noguera, que tuvo poco trabajo pero cuando tuvo que tomar decisiones importantes decididamente lo hizo mal.

Boca planteó el partido como venía haciéndolo en el primer semestre. Ordenado en defensa, sin pasar demasiadas zozobras más allá de alguna aparición de Ignacio Fernández o de Hulk, y con un mediocampo totalmente distanciado de los tres atacantes.

Rolón no mostró mucho, Medina no apareció casi nunca y apenas alguna acción por derecha de Diego González, bien apoyado a partir de los 25 minutos por Marcelo Weigandt, hizo que el Xeneize progrese en el terreno de juego.

Pero adelante los tres de punta también mostraron poco. Villa estuvo desconocido, Pavón alternó buenas y malas y Briasco puso mucha voluntad pero aportó poco fútbol.

Los arcos habían estado de más hasta que llegó el minuto 34 y la gran polémica de la noche. Weigandt desbordó por su flanco y sacó un centro que Nathan Silva cabeceó mal, hacia atrás. La pelota derivó en Rever que también falló y atrás suyo apareció el Pulpo González para cabecear la pelota al gol, convalidado en un inicio por el juez.

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Pero seis minutos más tarde, a instancias del VAR, el árbitro decidió anularlo por un supuesto foul de Briasco a Silva que sólo los integrantes del cuerpo arbitral vieron.

Es cierto que el ex Huracán tenía la mano en la espalda del defensor brasileño antes que saltara, pero no lo empujó. De hecho, en tiempo adicionado, un defensor visitante desplazó con un poquito más de fuerza a Rojo, que luego se lanzó al vacío simulando una infracción que no existió al igual que la anterior.

Fue lo único interesante que pasó en la parte inicial. Un fallo arbitral polémico que privó a Boca de una ventaja que merecía desde lo legal, pero no desde lo futbolístico ya que lo hecho por el equipo orientado por Miguel Ángel Russo fue tan pobre como lo visto en la fase de grupos del certamen.

Boca metió más presión en el inicio de la parte complementaria, pero también dejó espacios que le permitieron arrimarse a la visita. Y eso hizo que el equipo xeneize vuelva a ser más cuidadoso y el partido vuelva a ser más aburrido.

En esa última etapa Boca casi no llegó. Apenas si tuvo una opción clara con un centro desde la izquierda de Pavón que no alcanzó a desviar por centímetros el Pulpo González, lo más rescatable del equipo junto los dos centrales y el reaparecido Weigandt.

En siete días más, Boca pondrá en juego su suerte en el certamen continental, ese que desean sus hinchas con pasión, ese que arranca siendo el principal objetivo año tras año. Por lo visto esta noche, necesitará mejorar mucho en suelo brasileño si es que quiere pasar de ronda. Para ello tendrá que cambiar demasiado, algo que parece bastante difícil después de la noche gris que vivió en La Boca.

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